Las Tunas, Cuba. Sábado 21 de Julio de 2018
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Maceo y Che: coincidencia en el natalicio y en los ideales

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Maceo y Che: coincidencia en el natalicio y en los idealesAunque nacieron en diferentes épocas y países, con 83 años de diferencia, Antonio Maceo y Ernesto (Che) Guevara fueron dos gigantes de la historia que no sólo coincidieron en la fecha de su natalicio, un día como este, 14 de junio, sino en algo mucho más importante: en su ideario revolucionario y en sus luchas en favor de las causas más justas.

Antonio Maceo Grajales, nacido en 1845 en Santiago de Cuba, es el más eminente representante de una familia de héroes que constituye un paradigma inigualable en la historia cubana.  

Tuvo una sobresaliente participación en las dos guerras independentistas libradas por los patriotas cubanos en la segunda mitad del siglo XIX contra el colonialismo español (Guerra de los Diez Años, 1868-1878) y Guerra del 95 (1895-1898), en las que se destacó por su valentía sin límites, evidenciada durante su participación en más de 600 acciones combativas en las cuales recibió 26 heridas, y su viril presencia al frente de las tropas mambisas que protagonizaron la histórica Protesta de Baraguá.

Pero, además de sus portentosas cualidades como combatiente, Maceo tenía, al decir del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, «tanta fuerza en la mente como en el brazo».

En tal sentido, es preciso recordar la coincidencia del pensamiento de Maceo con los aspectos medulares del ideario de José Martí, entre ellos el concepto latinoamericanista.

Varios años antes de que Martí dejara plasmado en las bases del Partido Revolucionario Cubano, fundado por él el 10 de abril de 1892, el propósito de luchar no solamente por la independencia de Cuba, sino también fomentar y ayudar a la de Puerto Rico, ya Maceo había manifestado, en carta enviada a Anselmo Valdés en junio de 1884: «Cuando Cuba sea independiente, solicitaré al Gobierno que se constituya, permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América».

Resulta también evidente la oposición del Titán de Bronce a aceptar alguna «ayuda» de Estados Unidos en la guerra que sostenían los patriotas cubanos contra los colonialistas españoles.

Cuando ya desde 1895 comenzaron a circular rumores de que el gobierno del poderoso vecino del norte reconocería la lucha de los mambises cubanos y ofrecería 300 millones de pesos para ayudar a la causa independentista, Maceo no fue uno de los que se entusiasmaron con la idea, y en varias oportunidades recalcó su convencimiento de que los  cubanos triunfarían por sus propios esfuerzos. «Por nuestra libertad, nos bastamos solos», declaró en abril de 1896 al periódico estadounidense The World.

El 15 de julio de 1896 escribía a Alberto Díaz, a quien decía: «No me parece cosa de tanta importancia el reconocimiento de nuestra beligerancia ni tan provechosa al porvenir de Cuba la intervención (norte) americana como suponen la generalidad de nuestros compatriotas. Creo más bien que en el esfuerzo de los cubanos que trabajamos por la independencia, se encierra el secreto de nuestro definitivo triunfo, que solo traerá aparejada la felicidad del país si se alcanza sin aquella intervención»

Y, en otra misiva, esta vez al patriota José Dolores Poyo: «Y si hasta hoy las armas cubanas han ido de triunfo en triunfo (…) ¿A qué intervenciones e injerencias extrañas que no necesitamos ni convendrían? Cuba está conquistando su independencia con el brazo y el corazón de sus hijos; libre será en breve plazo sin que haya menester otra ayuda.»

Estas firmes convicciones del insigne paladín se sintetizan en su conocido pensamiento:

«Todo debemos fiarlo a nuestros propios esfuerzos, mejor es subir o caer sin ayuda, que contraer deudas con vecino tan poderoso».

La posterior intervención yanqui en el conflicto, en 1898, cuando ya las tropas insurrectas cubanas tenían prácticamente derrotado al ejército ibérico, confirmaría la certeza de la posición de Antonio Maceo en este aspecto, pues como es conocido esa historia finalizó con un saldo negativo para el pueblo cubano: Cuba no alcanzó su definitiva independencia, porque dejó de ser una colonia española para convertirse en una neocolonia estadounidense durante más de medio siglo.

Ernesto Guevara de la Serna, hoy conocido universalmente como el Che, había nacido en Rosario, Argentina, en 1928. Desde muy joven, combinó sus estudios de Medicina con los relacionados con la filosofía y, especialmente, con las filosofía marxista-leninista.

En largos y azarosos viajes que realizó por su cuenta junto a su amigo Alberto Granados recorrió varios países de América: a fines de diciembre de 1951 se inició el primero de estos viajes, durante el que recorrió Chile, Perú, Colombia y Venezuela. La visita a las minas de cobre de Chuquicamata (Chile) resultó especialmente impactante para el joven Ernesto, porque en ningún lugar como en aquel había chocado con semejante grado de explotación de los obreros, y de discriminación del nativo respecto al yanqui.

Regresa a Buenos Aires en julio de 1952 y un año después concluye sus estudios de Medicina. El 12 de junio recibe su título y, apenas un mes después, emprende su segundo viaje por América, que incluiría a poblaciones de Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y, finalmente, Guatemala.

Este gran recorrido sería determinante en su formación como revolucionario y como antiimperialista, pues durante sus visitas a las minas de cobre, los poblados indígenas y las leproserías, puede apreciar con nitidez la situación de los desposeídos en Nuestra América.

En Guatemala Che tuvo oportunidad de vivir también, en junio de 1954,  los momentos del golpe de Estado ejecutado contra el gobierno progresista de Jacobo Arbenz por la oligarquía nacional, con el apoyo de Estados Unidos. 

El resto de la historia es bastante conocido, la amistad que establece en Guatemala con Ñico López, uno de los asaltantes del Moncada que se habían exiliado en ese país, su posterior traslado a México, donde el propio Ñico lo pone en contacto con Raúl y mediante éste con Fidel, su larga conversación de toda una noche con el líder de la Revolución Cubana y sus inclusión desde ese día en la histórica expedición del yate Granma.

Ya en Cuba, muy pronto se convirtió en uno de los principales hombres de la guerrilla que comenzó a operar en la Sierra Maestra. Útil como médico y como combatiente, fue uno de los primeros en recibir el ascenso a comandante y, junto a Camilo Cienfuegos, protagonizó la invasión de las tropas rebeldes que llevó la guerra hasta el centro del país y determinó la victoria definitiva del Ejército Rebelde sobre las tropas de la dictadura de Fulgencio Batista.

Durante los primeros años del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, desempeñó diversas funciones militares y como ministro de Industrias y presidente del Banco Nacional, entre otras funciones en las que demostró su inteligencia, capacidad organizativa y responsabilidad ejemplar, además de cumplir varias misiones en el exterior en representación del naciente gobierno revolucionario cubano, entre ellas su participación en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), en Punta del Este, Uruguay (1961) y la XIX Asamblea General de la ONU (1964), en las que impresionó por la valentía, serenidad y claridad meridiana con las que expuso las posiciones de la revolución triunfante en Cuba.

Todo ese inmenso caudal de conocimientos y experiencias que adquirió durante la etapa de la guerra y en los primeros años del triunfo revolucionario, enriqueció su ideario político y consolidó definitivamente su conciencia antiimperialista y la decisión de dedicar su vida a la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos.

Especialmente significativa resultó en la vida del Che su ejemplar participación en las misiones internacionalistas encaminadas a luchar por la liberación de los pueblos oprimidos que encabezó en El Congo (1965) y en Bolivia (noviembre de 1966 hasta el 8 de octubre de 1967, cuando, herido en combate y apresado fue asesinado un día después).

El legado del pensamiento teórico del inolvidable combatiente argentino-cubano,  está plasmado en numerosos artículos que publicó en revistas cubanas y extranjeras, en varios libros como «Guerra de guerrillas» y «Pasajes de la guerra revolucionaria» o en documentos como «El socialismo y el hombre en Cuba» y «Mensaje a la Tricontinental».

Hoy, en el año en que se cumple medio siglo de su desaparición física, cuando los pueblos de América Latina y el Caribe luchan por su total independencia y por lograr su unidad e integración, el imperecedero ejemplo de la vida y obra del comandante Che Guevara es, quizás, más incentivador y útil que nunca para todos los revolucionarios de nuestro continente.      

Al cumplirse este 14 de junio los aniversarios 172 y 89 de los natalicios de Maceo y Che, sirvan estos apuntes sobre la coincidencia, también, de sus ideales, como un modesto aporte al merecido homenaje que hoy le rinden a esos gigantes de la historia los cubanos y todos los pueblos amantes de la libertad, la dignidad y la justicia.

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Sobre Hernán Bosch

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente (1974). En ese año fue uno de los fundadores de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en la antigua provincia de Oriente. Trabajó como corresponsal de esa agencia en Santiago de Cuba durante tres años y luego realizó similar función por cerca de tres décadas en la corresponsalía de la provincia de Las Tunas, con una labor destacada en el tratamiento de temas diversos como la agricultura, la salud y los deportes. En 2007 reportó como enviado especial de la ACN los Juegos Deportivos de la ALBA, efectuados en Venezuela. Entre l981 y 1989 laboró en el periódico provincial ”26”, de Las Tunas, donde se desempeñó como jefe de Redacción, jefe de Información y reportero. Está jubilado y es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @hrbosch

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