Historia

En el Morrillo perduran Guiteras y Aponte

Bárbara Vasallo
Servicio Especial de la ACN

En el Morrillo perduran Guiteras y Aponte“…pero pienso en el Morrillo
aunque no quiero pensar!
¡Qué pena da recordar!
De lejos casi se acaba:
allí Guiteras jugaba
con un rifle y con el mar…”

Justo donde el río Canímar deposita sus aguas en el mar de la bahía de Guanima, como la llamaban los aborígenes, se levanta el Memorial Morrillo, sitio obligado para rendir tributo a la memoria de Antonio Guiteras y Carlos Aponte, caídos allí el ocho de mayo de 1935.

El inmueble con la característica de fortaleza colonial, como batería o barbeta, fue construido en la primera década del siglo XVIII, en el año 1720, con el fin de proteger a la urbe de San Carlos y San Severino de Matanzas de los ataques de corsarios y piratas, en una ruta de eminente peligro.

Transformaciones sufrió y muchas, hasta quedar prácticamente abandonado en 1920, por lo que se convirtió en refugio y escape de quienes huían de los gobiernos títeres de turno en Cuba.

Aquel octavo día de mayo, Guiteras, líder del gobierno de los Cien Días y del movimiento La Joven Cuba, junto al venezolano Carlos Aponte, trataba de salir de la Isla y por una delación, fueron sorprendidos y ultimados muy cerca de la fortaleza.

El Morrillo trascendió en el tiempo, y en 1975 se convirtió en museo y en Memorial para recordar a los dos revolucionarios. Allí descansan sus restos y en varias salas de exposición permanente se exhibe la historia viva de aquellos sucesos, fotografías, objetos y hasta el bote en el cual pretendían partir a abordar el yate Amalia, que los esperaba más allá de la bahía.

La cercanía al mar de la institución cultural, Monumento Nacional, conspira contra muros, paredes y objetos, que cada cierto tiempo, reclaman atención especializada para su salvaguarda.

Cada rincón de esta zona, preferida también por los nativos cubanos para subsistir gracias a la caza y la pesca, guarda la historia. Arqueólogos encontraron el mayor enterramiento aborigen y sobresale la exuberante naturaleza del sitio.

Por la carretera que conduce de La Habana a Varadero, justo antes de cruzar el puente, sobre el legendario Canímar, que se honra con el nombre de Antonio Guiteras Holmes, a la izquierda una senda conduce a la desembocadura del río.

En la punta, desde donde se observa límpida la ensenada, El Morrillo, cual fortaleza, protege a la ciudad tricentenaria. Y entre los muros, cuando se escucha el murmullo de las olas contra las
piedras, perduran para la eternidad dos hombres: Guiteras y Aponte, quienes escribieron con sus vidas un pasaje inolvidable de la historia de Cuba.

/YDV/

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