Lecturas

Miguel de Cervantes entre la realidad y el mito

Las Tunas.- Cada 23 de abril, el mundo de habla hispana celebra el «Día del Idioma», un homenaje al escritor Miguel de Cervantes Saavedra, quien contribuyó al engrandecimiento de la lengua española con su obra maestra «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha»(1605).

Desde las primeras líneas de la novela, el personaje del famoso caballero se gana la simpatía de los lectores. Sus travesuras y concepciones físicas y psíquicas contribuyen en buena medida al esplendor del texto.

No menos estima despierta el fiel escudero Sancho Panza, con su típico refranero, los juegos de palabras, malos entendidos y chistes que pertrechan cada página de múltiples recursos humorísticos y una gran ironía, que nos permiten darnos cuenta de que estamos ante un clásico de la literatura universal.

En el Quijote se confabula así la gracia popular y lo culto. Aporta además la fórmula del Realismo, caracterizada por la parodia y la burla, lo fantástico y la crítica social, que se renueva y actualiza en cada época. Por estas razones siempre entretiene y las versiones llevadas al cine y la televisión gozan de la aceptación del público. Sin dudas, se trata de un libro trascendental por el que, paradójicamente, el escritor nunca recibió paga alguna.

Estos son datos generales del autor y su obra; pero muchas son las curiosidades que se tejen en torno a su vida, como por ejemplo, que en realidad Cervantes falleció en Madrid el 22 de abril de 1616. Al día siguiente, fecha del entierro, es que se consigna su muerte, de acuerdo con las costumbres.  

De igual modo resulta un dato significativo que fue enterrado en una tumba sin lápida ni identificación. Hasta hace un par de años, cuando un grupo de científicos anunció haber dado con sus verdaderos restos, este hecho suponía un misterio.

Tampoco existen retratos reales del autor, solo pinturas basadas en sus descripciones físicas. Esto ha hecho expresar a varios expertos en la materia que su rostro se ha creado «a gusto de la sociedad».

Otro detalle singular se relaciona con el hecho de que se le apodaba El Manco de Lepanto y esto en nada se vincula con la realidad, pues nunca fue amputada su mano ni cortada en la batalla de Lepanto (1571), sino que se le quedó el brazo izquierdo tullido por las heridas, según consta en sus biografías.

Quizás la asociación más hermosa y extraña de su figura, es que desde el 15 de diciembre de 2015, su nombre designa a una estrella, gracias a una votación popular avalada por la Unión Astronómica Internacional, que también bautizó a los cuatro planetas que orbitan a su alrededor como Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea.

Y es que hablamos de un ser extraordinario, un paradigma del buen decir y escribir, que merece reconocimiento  y respeto en todo momento por sus creaciones, por su valor e importancia. 

/YDV/

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