Las Tunas, Cuba. Sábado 18 de Noviembre de 2017
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La fuerza del ideario martiano

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Marta Denis Valle

La Habana.- El sueño irrealizado de Martí en el año de su centenario echó sangre y vida a la sufrida nación cubana cuando jóvenes virtuosos y visionarios recogieron sus banderas y contra todo pronóstico siguieron sus huellas.

Yacía hasta entonces José Martí (1853-1895) en una solitaria tumba de mármol, rodeado de fatuos homenajes oficiales de la dictadura batistiana e ignorado en sus esencias verdaderas, que solo amaba y conocía un reducido número de cubanos.

Pero momentos difíciles y sacrificios sin límite hicieron hasta hoy la gloria de una patria redimida, donde su ideario anida en el pueblo, enarbolado y enriquecido por sus mejores hijos.

«Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», encabeza la Constitución Cubana, vigente desde 1976, como voluntad declarada en su Preámbulo de que la presida el profundo anhelo, al fin logrado, de Martí.

«Lo único que salva a los pueblos pequeños es la dignidad», había afirmado el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro (1926-2016) en la cena martiana realizada en La Habana el 27 de enero de 1960, víspera de la celebración del natalicio del inspirador de la nueva generación revolucionaria.

Este concepto, parte esencial del ideario martiano, defendió Fidel a lo largo de su vida, y en la década del 90 sirvió de escudo a la nación en la trinchera de ideas, en defensa de la dignidad plena de los cubanos.

La máxima martiana «Ser culto es el único modo de ser libre» representó un pivote en la denominada Batalla de Ideas, de perfeccionamiento social humano, para lo cual revoluciona la educación y la cultura hacia mayores vuelos.

Las doctrinas del Maestro

Al líder de aquellos abanderados se le prohibió que llegaran a sus manos los libros de Martí y ninguna obra de consulta antes del juicio del Moncada, el más célebre de la Historia de Cuba, en 1953, en el cual ejerció la autodefensa en su calidad de abogado.

Algo inútil, porque Fidel Castro expresó: «Traigo en mi corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos».

Admirador martiano desde la adolescencia, Fidel profundizó en las ideas de Martí en sus meses de prisión, en dos gruesos volúmenes en papel biblia, titulados Obras Completas y publicados en 1948.

Subrayó conceptos claves, como por ejemplo: «…el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber…» (Discurso martiano del 10 de octubre de 1890) e hizo la anotación: Releerlo.

Al salir de la cárcel escribió: «Eduqué mi mente en el pensamiento martiano que predica el amor y no el odio, y es el Apóstol el guía de mi vida y como él me he visto en la amarga necesidad de empuñar las armas para luchar contra la opresión que cierra todos los caminos de paz…»

Martianos eran los integrantes de la denominada Generación del Centenario, pródiga en moncadistas, expedicionarios del yate Granma, combatientes clandestinos y guerrilleros rebeldes, entre ellos los comandantes Camilo Cienfuegos (1932-1959) y Ernesto Che Guevara (1928-1967).

En un encuentro memorable realizado con escolares el 28 de enero de 1960, el Che les reprochó que gritaron ¡Viva el Che Guevara!, y que ninguno dijera ¡Viva Martí!

Entonces les pidió recordar a Martí, que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, «porque eso tienen de grandes los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece», dijo.

«Si de esta conversación entre ustedes y nosotros quedara algo, si no se esfumara, como se van las palabras, me gustaría que todos ustedes en el día de hoy… pensaran en Martí.

«Pensar en él como en un ser vivo, no como un dios ni como una cosa muerta; como algo que está presente en cada manifestación de la vida cubana», expresó.

En más de una ocasión Fidel Castro declaró el valor del Héroe Nacional cubano, gran pensador político y revolucionario de este continente.

En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de la acción armada. Por eso insistió en que aquel fue el autor intelectual del 26 de Julio.

Destacó cómo Martí representa los principios éticos y el ardiente patriotismo, el alto concepto del honor y de la dignidad humana, y de que Patria es humanidad.

La construcción de un entorno donde «una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas», frase célebre de Fidel Castro, ha adelantado las bases de un mundo mejor no solo para su pueblo, como ejemplo de humanismo y solidaridad.

«El rostro ceñudo de Martí y la mirada fulminante de Maceo señalan a cada cubano el duro camino del deber y no de qué lado se vive mejor.

Sobre estas ideas hay mucho que leer y meditar’, apuntó en su reflexión del 8 de diciembre de 2007, publicada por la prensa nacional.

«¡Las ideas inmortales que Martí irrigó con su sangre no serán jamás traicionadas!», escribió en sus Reflexiones del 22 de mayo de 2008. (Prensa Latina)

/YMP/

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