Opinión

El respeto, base de la solidaridad

Las Tunas.- En Cuba las personas discapacitadas que presentan deficiencias físicas, mentales o trastornos de conducta reciben una atención especial, tanto en las instituciones de salud destinadas para ello como en las escuelas donde se preparan los niños y jóvenes con limitaciones para incorporarse en lo posible a la sociedad. 

Ambos sectores, el de la salud y educación, cuentan con especialistas y centros preparados para tratar las diferentes dolencias que afectan el desarrollo normal del individuo. Además enseñan a la familia a convivir con el discapacitado.

Sin embargo, aún es necesario profundizar en la concientización de la ciudadanía sobre la importancia de aceptar y respetar a las personas con enfermedades mentales, quienes son marginadas porque son «diferentes» y se convierten en blanco de burlas que evidencian no solo el desconocimiento de la realidad del enfermo, las causas y el tratamiento a sus problemas de salud mental, sino también poca sensibilidad ante los sufrimientos ajenos, así como la persistencia de prejuicios sociales que deben ser eliminados.

Aunque la mayoría de la población se muestra solidaria, es penoso que algunos niños y adolescentes se dediquen a provocar la ira de un discapacitado mental solo por divertimento, lo llamen con apodos desagradables o se rían de lo que para el enfermo es importante.

En ocasiones el espectáculo se da con la anuencia de adultos, quienes se mantienen al margen sin darse cuenta de que al no llamarles la atención están consintiendo la falta de respeto a otro ser humano, con capacidades diferentes, es cierto, pero que igual merece ser tratado, al menos, con urbanidad y delicadeza.

Quizás ese comportamiento se deba a desconocimiento o pasividad; pero, la ignorancia no exime de culpa, y menores y adultos tienen que tratar a esas personas con la debida consideración.

Llamar «loco», «enfermo mental», «lunático», o de cualquier forma que recuerde la condición del individuo aquejado de una afección de este tipo, es incorrecto. Al hacerlo se etiqueta a la persona sin tener en cuenta su interior, sobre todo sus frustraciones, sufrimientos y sueños. Esos estigmas marcan y avergüenzan a los enfermos y llevan a la discriminación.

La mayoría sabe por qué es incorrecto discriminar a las personas debido a su raza, religión, cultura, apariencia o definición sexual; pero desconoce que las personas con enfermedades mentales también son discriminadas, aunque no siempre se manifieste claramente.

El estigma es una falta de respeto. Es el uso de etiquetas negativas para identificar a una persona que vive con una enfermedad mental. De tal suerte, será provechoso recordar un proverbio que dice: «La peor discapacidad es no darse cuenta de que todos somos iguales».

En la sociedad cubana actual se reconoce que la mayoría de las enfermedades mentales pueden controlarse, tratarse y, en muchos casos, prevenirse. Asimismo, el reconocimiento jurídico de los derechos de las personas con discapacidad por enfermedad mental, está orientado a mejorar su calidad de vida, a promover su inclusión en la comunidad y a proteger sus derechos humanos.

Contribuir con una actitud adecuada a lograr estos objetivos puede ser una vía de realización personal, de crecimiento como ser humano, y una hermosa manera de practicar la solidaridad humana: ellos merecen ese apoyo, ese gesto de amor hacia los semejantes.

/YMP/

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