Fidel Castro

Desde Las Tunas, una sonrisa para Fidel

Desde Las Tunas, una sonrisa para Fidel
Margarita García Laguna, profesora e historiadora de Las Tunas. (Foto de la autora)

Las Tunas.- Este título me lo sugirió la frase del nieto de la protagonista de este trabajo porque cuando escogíamos la foto vio seria a la abuela y le pidió sonreír; entonces al explicarle de la tristeza por la pérdida física de Fidel Castro, el pequeño, de preescolar, insistió en dedicársela al hombre de quien ya sabe hablar.

Con esa muestra tan sencilla se aprecia que desde edades tempranas bien se va impregnando el conocimiento de la extraordinaria obra del líder histórico de la Revolución Cubana, y en ese hogar de esta oriental provincia de Las Tunas, la profesora universitaria Margarita García Laguna tiene anécdotas que contar.

«Muy difícil es describir la emoción vivida cuando se tiene a un líder como Fidel que va a mantenerse en la memoria de los cubanos, y en quienes nos formamos en las ideas, el pensamiento, y en esos sueños que hizo realidad a partir de lo que proyectó en la Historia me Absolverá.

«Las palabras de Raúl, de todos en general fueron muy emocionantes en Santiago de Cuba; por ejemplo las de la Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) Teresa Amarelle, que tienen que ver con nosotras, la posición de la mujer y las tareas que nos tocan en la sociedad y en la familia, con los hijos y las nuevas generaciones.

«Esa posición que también tuvo Raúl, esa continuidad, ese compromiso, no solamente con este hombre que fue y sigue siendo líder y guerrillero de la Revolución Cubana; su hermano fue capaz de poder decir las últimas palabras de despedida.

«Y eso me hace recordar una experiencia muy cercana, el día de la inauguración de la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García González, el 26 de julio de 1997, cuando Las Tunas tuvo la oportunidad de tener en su plaza, en la tierra del León de Santa Rita, figuras tan importantes del proceso revolucionario, con Fidel y Raúl como guías, Juan Almeida Bosque y otros que en aquel momento ocupaban cargos importantes.

«Pero no solamente eso, allí se vio también qué humildad, con qué amor se trataban estos dos hermanos, porque parecía como que hacía varios días que no se vieran; y en cuanto Fidel llegó mostró cariño por todos los compañeros que tenía allí con él, pero específicamente buscó a su hermano con una gran ansiedad, se abrazaron y se decían hermano ya llegaste, fue muy emotivo.

«Y eso no quiere decir que seguidamente no saludó a Vilma con un amor tremendo hacia ella, hacia sus nietecitos, pero también al resto de los presentes. Realmente ese día no se mostraba como el guía sino como la familia, que sabía reconocer en todo momento, independientemente del momento histórico que estaba sucediendo.

«Esa oportunidad la tuvimos los tuneros, y específicamente en mi persona que los representé como directora, y quise hacerlo a la altura que correspondía; tuve momentos frente a frente con Fidel y era difícil mantener la mirada, su estatura imponente, pero no porque no fuera gentil, sino todo lo contrario, una educación en todo momento.

«Cuando fue a firmar nuestro libro de visitantes fue exhortado por Raúl, quien me dijo: Directora ¿ya mi hermano firmó el libro de visitantes?, yo le dije: no, y el expresó: ah enseguida vamos a resolver esto, ¿pero usted está segura que escribe su lapicero? Le dije: Como no, escribe, está probado.

«Yo muy nerviosa, lógicamente, me acerco a nuestro Comandante, e inmediatamente fue a firmar en una hoja para él, y Raúl le dice: Hermano todos nosotros tenemos que firmar detrás de ti.

Desde Las Tunas, una sonrisa para Fidel
Margarita guarda celosamente ese pullover, el cual conserva las huellas de Fidel. (Foto de la autora)

«También me tocó estar al lado suyo todo el tiempo antes de su partida, y tuvo palabras hacia mí, yo casi no podía hablar, yo que hablo tanto, en mi memoria solamente estaban los datos estadísticos de nuestra provincia, no hacer quedar mal, poder satisfacer las expectativas que pudiera tener, pero no, él observaba.

«Antes de salir me puso la mano en el hombro izquierdo, yo guardo todavía ese pullóver del 26 que después no lo usé nunca más; me dijo: Directora, no he recorrido su plaza, le debo la visita; imagínense ustedes cuando yo vi que tenía que partir, lo único que tuve fueron las palabras de despedida, y decirle que nuestras puertas estaban abiertas, las de nuestra ciudad, para su próxima llegada, y este hecho no ocurrió».

/YDV/

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