Fidel Castro resucita a diario en Cuba

Fidel Castro resucita a diario en Cuba
(Foto:Ismael Francisco)

Las Tunas.- En mi país a estas horas la muerte se llama vida, y Fidel Castro comparte ya con Jesucristo el don de la resurrección, porque está en las calles y las carreteras de cada rincón del archipiélago y parece que no va a morir nunca.

El niño de 12 libras iluminó la madrugada del 13 de agosto de 1926 en el Birán que encaminó don Ángel Castro, abrazó con su humanismo a los haitianos de la comarca, y desde entonces su trote agitó este pedazo de planeta, que solo el inevitable final pudo detener.

Sus detractores pueden decir lo que sienten, pero saben que no pudieron con su virilidad de revolucionario y se conforman con tratar de ultrajar su memoria; mas su obra es inquebrantable, única, cubana.

Fidel se va y se queda para siempre, porque en cada palmo de este país está su impronta.

Quizás esté en el que vaticinaron como Reino de Ultratumba, impresionado por tantas muestras de cariño, respeto, añoranza y dolor, pero seguro siempre va a guiñarnos el ojo cuando nuestros hijos aprendan la correcta lección en la escuela, los ancianos sean bien atendidos en los centros asistenciales, Cuba se autoabastezca con sus producciones, el pecho de los atletas se corone con alguna medalla, los pobres de América conquisten la libertad de la sabiduría o el dulce de nuestra caña ofrezca un futuro promisorio.

Un cántico se escucha por doquier, Yo soy Fidel, y hasta brota de los labios juveniles, pero ser él significa ser de todos y hacer por todos. En los hechos está el secreto de las palabras como aseguró Martí: La mejor manera de decir es hacer.

Fidel solo comenzó una obra que ya está adulta. Pero toca hacer la nueva Cuba de Fidel, la que conduce Raúl, sin renunciar a la praxis que caracteriza su ejemplo.

Cederá el volante de este Granma más pronto de lo deseado por los verdaderos revolucionarios, y entonces sí tendremos que ser Fidel.

La Cuba cansada del día se iba a dormir y en medio del silencio de la noche sonaron los teléfonos tras aquella alocución de nuestro presidente, que nunca pensamos escuchar en un día que nos pareció demasiado común para un hombre tan extraordinario, cuando ni siquiera la memoria podía reaccionar al calendario 60 años antes.

Era 25 de noviembre y Fidel partía a otra travesía, sin dejarnos solos.

Desoladora noticia sorprendió el despertar de muchos y de pronto se congelaba el carisma de tus hijos y hermanos seguidores, mientras hasta se asombraban quienes no te quisieron nunca, o no te entendieron, ni dentro, ni fuera, querido Comandante; otros también vitorearon tu partida. Pero desde entonces la vida en las entrañas de tu pueblo cubano cambia para siempre.

Somos tú y partiremos igual, pero antes tendremos la mayor de las responsabilidades, la de no traicionar tu resurrección.

/YDV/

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