Las Tunas, Cuba. Viernes 18 de Agosto de 2017
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Presencia del ideario martiano en el pensamiento de Fidel Castro

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«…Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro… ».

Fidel Castro

Presencia martiana en el pensamiento de Fidel CastroLas Tunas.-  La presencia del ideario de José Martí en el pensamiento de Fidel Castro es evidente desde los primeros momentos de la lucha del joven líder en las aulas universitarias; pero su devoción por el Maestro había comenzado mucho antes.

Desde pequeño, Fidel fue un lector voraz, y al descubrir a Martí encontró un caudal de enseñanzas que le servirían para interpretar mejor la realidad y aprehender los valores esenciales para la vida.

Aquel primer acercamiento a la obra martiana, le sirvió en su temprana juventud para interpretar mejor la realidad de Cuba.

Su entrada en el mundo de la política lo hizo de la mano de Martí; poseía para entonces un sólido conocimiento de la historia patria y pronto adquirió una preparación política en la cual ocupaban un lugar destacado las enseñanzas del Héroe Nacional.

Años más tarde reconocería:

«De lo primero que yo me empapo mucho, profundamente, es de la literatura martiana, de las obras de Martí, de los escritos de Martí; es difícil que exista algo de lo escrito por Martí, de sus proclamas políticas, sus discursos, que constituyen dos gruesos volúmenes, deben ser unas 2 mil páginas o algo más, que no haya leído cuando estudiaba en el bachillerato o estaba en la Universidad».

Y precisaba Fidel: «Yo en ese momento tenía una doble influencia, que la sigo teniendo hoy: una influencia de la historia de nuestra Patria, de sus tradiciones, del pensamiento de Martí, y de la formación marxista-leninista que habíamos adquirido ya en nuestra vida universitaria».

La efervescencia de los estudiantes incluía para los más radicales el estudio de los clásicos del marxismo, pero leer a Martí, defender sus ideas y salvar del olvido la impronta del héroe devino tarea ineludible.

Fidel logró reunir a un grupo de estudiantes y trabajadores dispuestos a todo por ver a su patria libre. Aquellos jóvenes se autodenominaron «Generación del centenario» y tuvieron la prueba de fuego bajo sus órdenes, el 26 de julio de 1953, cuando asaltaron los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

Muchos de ellos no sobrevivieron. Tras el fracaso militar de los asaltos se desató la represión y eran torturados y asesinados sin tener la posibilidad de defenderse.

Entre los sobrevivientes estaba Fidel. El líder de la epopeya resultó preso junto a otros compañeros. El Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos le sirvió para volver los ojos al Maestro y en la prisión leyó incansablemente sus Obras Completas. Algunos fragmentos fueron subrayados por él:

-«… Una revolución seria, compacta e imponente, digna de que pongan mano en ella los hombres honrados».

«Esperar es una manera de vencer».

«Pero cuando el país llama; es necesario responder».

A esos postulados volvía una y otra vez para penetrar en su esencia. En realidad, bebía en ellos la savia de la revolución que habría de dar la libertad a Cuba, la misma por la que luchó y murió José Martí.

«Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro», dijo Fidel en su alegato de defensa durante el juicio a los asaltantes al Moncada.

Aquel 16 de octubre de 1953 resonó en toda la sala la voz vibrante de Fidel al evocar la imagen de José Martí y considerarlo autor intelectual de la acción:

«Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!»

Cada palabra era una denuncia, un compromiso y un grito de independencia. En ellas latía no solo su amor por Cuba, sino también su respeto por las ideas del Maestro.

De ahí que manifieste explícitamente la urgencia de conquistar la verdadera independencia, la defensa de los olvidados y oprimidos, de los pobres, las mujeres, los negros y otros sectores discriminados por los malos gobiernos.

Los sueños del Apóstol eran los del joven abogado: su patria libre y sin amo, la tierra para quienes la trabajan, el derecho de todos a la educación… y muchos más.

En aquella ocasión, Fidel demostró un conocimiento profundo de los males que afectaban a Cuba, describió la situación económica, política y social del país e hizo referencia a las medidas a tomar después del triunfo, cómo se lograría el desarrollo de la Isla, y de qué forma se harían realidad las expectativas del pueblo.

Con el triunfo de la Revolución se pusieron en práctica las medidas esbozadas en La Historia me Absolverá. Pronto las leyes del nuevo gobierno desaparecían el latifundio, y con la Ley de Reforma Agraria la tierra se entregaba a sus verdaderos dueños: los campesinos; la enseñanza se hizo pública y obligatoria, se eliminó el analfabetismo y se crearon escuelas; se priorizó la atención a la salud del pueblo; se nacionalizaron las empresas extranjeras, entre otros cambios necesarios en la sociedad.

En este empeño por devolver al pueblo lo que era suyo, aflora el sentimiento antimperialista, que en Martí fue atisbo, previsión de un fenómeno en ciernes y en Fidel continuación del gran combate que emprendiera el Apóstol, inspirador además de los sentimientos latinoamericanista y de solidaridad internacional.

Un estudio somero del pensamiento martiano evidencia que Fidel es un continuador de sus postulados, en los cuales se encuentran como palabras claves: libertad, dignidad, valor, unidad. Dijo José Martí:

«La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella».

«Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender».

«Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en el surco. Hasta que los obreros no sean cultos no serán felices».

«Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro».

«La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución».

«Peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana».

«Honrar a la patria es una manera de pelear por ella».

«Para mí la Patria nunca será triunfo, sino agonía y deber».

«La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida».

En La Historia me Absolverá, tanto como en su obra mayor, la Revolución cubana, refleja los valores heredados de la ética martiana: su sentido de la moral, de la dignidad humana, del altruismo, la honradez, pero, sobre todo su patriotismo y amor al pueblo.

Martí fue para Fidel un guía y para los cubanos el Héroe Nacional, El Maestro. Fidel es y seguirá siendo la luz del futuro, inspiración y acicate, el que nos dio la libertad, el Comandante en Jefe. Dos hombres que vivieron épocas diferentes, pero unidos por un destino común: conquistar la independencia absoluta de la Patria, construir un mundo mejor.

/YDV/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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