Ante la violencia contra las mujeres, siempre hay una salida

Ante la violencia, siempre hay una salidaLas Tunas.- Una de cada tres mujeres en el mundo sufre violencia durante su vida -léase maltrato físico, violación, abuso, acoso y otros- a menudo a manos de una persona conocida, querida y en la que confía. Casi la mitad de los casos de mujeres víctimas de homicidio fueron asesinadas por su pareja o por algún familiar.

Los datos son abrumadores; pero, la realidad es que el 25 de noviembre es un día no solo para lucir en la ropa el color naranja, sino también para reflexionar, buscar soluciones, desarrollar acciones al respecto, e insistir en la toma de conciencia de los gobiernos, de las instituciones, organismos y la población mundial sobre un asunto que afecta a una parte considerable de la sociedad contemporánea: la violencia contra las mujeres.

Cualquier manifestación de este tipo constituye una violación grave de los derechos humanos de las víctimas, arruina vidas, causa enfermedades y provoca un dolor y un sufrimiento incalculables, que muchas veces se arrastran para siempre.

Definiciones de especialistas se refieren en general a las numerosas facetas que presenta la violencia contra la mujer, desde la discriminación y el menosprecio hasta la agresión física o psicológica y el asesinato, así como sitúa esas manifestaciones en escenarios tan diversos como el familiar, laboral, formativo, entre otros.

Especial dramatismo adquiere este tipo de violencia en el ámbito de la pareja y doméstico, en el que anualmente cientos de mujeres son asesinadas a manos de su compañero sentimental en los diferentes países del mundo.

Este tipo de violencia machista o por motivos de género se basa en la subordinación de lo femenino a lo masculino, relación en la que la parte femenina se desvaloriza y lo masculino asume el poder, herencia del patriarcado como sistema de dominación.

Las mujeres maltratadas con frecuencia presentan -además de los traumas corporales- desajustes de la personalidad, trastornos depresivos, ansiosos, dolores de cabeza, temores injustificados, deterioro de la autoestima, predisposición al consumo de alcohol y drogas, gestos o intentos de suicidio y falta de motivación, entre otras nefastas consecuencias.

Pero, la peor parte la sufren los niños que crecen en familias en las cuales existe esta terrible manifestación de la conducta. Esos infantes pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales y, a largo plazo, convertirse en personas desajustadas y violentas.

En Cuba, el panorama de la violencia contra la mujer no contabiliza cifras tan elevadas como en otros países; sin embargo, es conocido que se manifiesta en niveles alarmantes, a pesar de que muchas de las afectadas no denuncian su situación por miedo o vergüenza.

Vale reconocer el esfuerzo que el Estado cubano, organismos e instituciones dedican al tratamiento de la violencia contra la mujer. De hecho, abundan las investigaciones desde diferentes enfoques y puntos de vista; la divulgación del tema hoy es más efectiva y sistemática, aunque todavía hay creencias, mitos y tradiciones que entorpecen un mejor entendimiento de sus aristas e impiden actuar de manera consecuente.

Entre los mitos más frecuentes que deben desmontarse de la mentalidad de las víctimas y de la sociedad en pleno se encuentran los siguientes: la conducta violenta es «innata» en los hombres; a veces «se justifica» que un esposo golpee a su mujer; las mujeres que son golpeadas «se lo han buscado»; los hombres violentos «sufren enfermedades mentales»; la golpea porque «la ama»; la violencia contra la mujer es «propia de barrios marginales, entre personas con bajo nivel cultural, de escasos recursos».

En el artículo Mitos en el laberinto de la violencia, de la investigadora cubana Sara Más, publicado en la revista Mujeres No. 4 de 2014, se reflejan estas y otras falsas creencias de la población, provenientes de una cultura patriarcal y, en cualquier caso, susceptibles de ser desmentidas, como la que afirma: «a las mujeres maltratadas les gusta sufrir y que les peguen».

O aquella otra que le echa la culpa a un factor externo, el alcohol y las drogas: «lo hizo porque había bebido demasiado». Cierto es que esas sustancias funcionan como catalizadores de la violencia, pero no la determinan; quien se desinhibe y pega es porque siempre fue violento.

Poner al alcance de las víctimas y de toda la sociedad los conocimientos necesarios para enfrentar situaciones de violencia puede ser de gran ayuda para las mujeres maltratadas, que precisan de mucho valor y autoestima para desafiar al maltratador.

El tema debe salir de los espacios de debate en los medios de difusión y académicos, donde los especialistas continúan conceptualizando si es violencia de género o contra la mujer, para llegar al punto en el que la víctima ya no esté sola y pueda ser capaz de enfrentar su problema.

Por eso, este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, volvamos la mirada hacia las féminas maltratadas y acerquémonos a ellas, ofrezcámosles ayuda y la seguridad de que siempre hay una salida a su situación.

Artículos relacionados

Estamos vivos

Darletis Leyva González

Masculinidad: un espejo burlesco

Leydiana Leyva Romero

Crónica al animal más infeliz de Cuba

Leydiana Leyva Romero

Escribir Comentario