Las Tunas, Cuba. Lunes 25 de Septiembre de 2017
Home > Especiales > Historia > Aracelio Iglesias, indomable líder portuario de todos los tiempos

Aracelio Iglesias, indomable líder portuario de todos los tiempos

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Aracelio Iglesias, indomable líder portuario de todos los tiemposEl Zar Rojo del Puerto de La Habana, así llamó la prensa yanqui al líder portuario cubano Aracelio Iglesias Díaz.

Y no era zar ni rojo aquel negro alto y flaco; era sencillamente un militante comunista, dirigente sindical y hombre de pueblo, pero sobre todo un luchador por los derechos de los trabajadores y contra la injusticia.

Suficientes razones para que desde los Estados Unidos llegara la orden de silenciar su voz. El gobierno de Carlos Prío Socarrás no vaciló en ordenar su muerte que se consumó el 17 de octubre de 1948, cuando cayó abatido por disparos a quemarropa, en la sede del Sindicato de Obreros Portuarios.

¿Por qué fue necesario asesinar a Aracelio Iglesias? ¿A qué le temían quienes ordenaron su muerte?

Aracelio procedía de un hogar muy humilde. Nació en Las Palmas, en el pinareño municipio de Consolación del Sur, el 22 de junio de 1901. A los 13 años se trasladó a La Habana y se radicó en la localidad de Regla; cumplidos los 15 comenzó a trabajar como estibador en el puerto. Allí sobresalió por su apasionada defensa de los derechos de los trabajadores y decidió ingresar en el Partido Comunista, en 1931.

En 1933 participó activamente en la huelga que sería el factor decisivo en el derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado.

Al año siguiente, los estibadores, braceros y chalaneros de la bahía de La Habana y el litoral de Regla declararon una huelga por sus demandas económicas. El contratista Blas Pérez Rojas de la United Fruit Company pretendió romper el movimiento. Aracelio formó y organizó los piquetes para impedir el embarque de los rompehuelgas.

Una delación llevó a los agentes del Servicio de Inteligencia Militar a su pequeño cuarto en La Habana Vieja, donde le encontraron algunos textos marxistas. Luego le «plantaron» armas y explosivos.

El Tribunal de Urgencia lo sancionó a tres años de prisión en Isla de Pinos. Con la amnistía de tres mil presos políticos en la llamada «apertura democrática» de 1937 recuperó la libertad.

De la cárcel salió fortalecido y pronto sus compañeros lo eligieron para ocupar cargos en el sindicato de estibadores. En 1940 fue electo secretario general, responsabilidad que asumió hasta su muerte.

Aracelio logró unificar a todos los obreros del sector portuario en una sola organización sindical, puso fin a ciertos privilegios y estableció las listas rotativas. Hizo cumplir las tarifas salariales y respetar el descanso retribuido.

Su estatura de dirigente sindical significó una gran preocupación para los explotadores, los yanquis y el gobierno de turno, no sólo por las numerosas conquistas que obtuvo para los trabajadores, sino también por su valor, el prestigio y autoridad que lo caracterizaban.

Por ese motivo, y sobre todo desde que comenzó a afectar los intereses yanquis, su vida estaba en constante peligro. Aracelio lo sabía, pero no abandonaba la lucha: no era un cobarde.

Así, en franco desafío a la ola de persecución y asesinatos que había desatado el gobierno de Carlos Prío Socarrás (1948-1952) para desarticular el movimiento obrero y comunista en todo el país, preparaba junto a otros líderes del gremio el documento que presentarían al nuevo Ministro de Trabajo, quien había afirmado que respetaría «la voluntad democrática de la mayoría de los trabajadores en los Sindicatos».

Al concluir la reunión, Iglesias se quedó conversando con algunos de los participantes… Era la tarde del 17 de octubre de 1948; poco después unos pistoleros a sueldo penetraron en el local y lo atacaron a balazos. Falleció al amanecer del día siguiente, tras cuatro horas en el salón de operaciones del Hospital municipal.

El asesinato de Aracelio Iglesias resultó un duro golpe para el movimiento sindical cubano que perdió a un dirigente fogueado y un comunista de primera línea; los portuarios lamentaron la desaparición física del compañero y el guía; Cuba perdió a uno de sus mejores hijos.

/YMP/

Comente con nosotros en la página de Facebook y síganos   en Twitter y Youtube

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


siete × = 28