Las Tunas, Cuba. Miércoles 20 de Septiembre de 2017
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Un juego para recordar

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No solo los grandes eventos y los juegos oficiales de béisbol, se quedan grabados en la mente y el corazón de los aficionados y en la historia de Las Tunas en este deporte, hay muchísimos ejemplos, el más significativo de ellos el primer  juego de cero jit, cero carreras reconocido oficialmente en estos predios y que protagonizara Kike Torres en un encuentro amistoso frente a la novena de la Policía, de Ciego de Ávila.

Antes del triunfo de la Revolución los eventos organizados de manera oficial en el amateurismo eran escasos y para mantenerse activos, sobre todo en la zona oriental, los equipos realizaban encuentros amistosos. En la actual capital provincial se recuerdan por los más viejos aficionados, los duelos frente a los Regimientos de la Guardia Rural de Santiago de Cuba, Holguín y de Santa Clara, las novenas de Puerto Padre, Gibara, Vertientes y Ferroviarios, estos últimos de Camagüey.

Con la creación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) se organizaron eventos oficiales en todas las categorías, pero persistieron los duelos amistosos. En la primavera de 1963, un plantel de la región de Bayamo visitó a su par de Victoria de Las Tunas en el estadio Julio Antonio Mella.

Aquel partido ganó en significación, porque quien era considerado el mejor pítcher oriental de la época, Manuel Alarcón abrió en  la lomita por los visitantes, en tanto que los locales escogieron al joven y talentoso serpentinero derecho Ángel López.

Como se esperaba el duelo fue tremendo y, después de cuatro entradas, el dominio de los tiradores era manifiesto. En el quinto, con dos outs y un corredor en circulación, Bernardo Usset, inicialista y cuarto bate, puso en tensión a defensores locales y aficionados.

Usset llevó la pelota hasta lo más profundo entre los jardines derecho y central. Parecía inminente el jonrón. En aquel momento el muro que delimitaba el terreno estaba sostenido por lo que se conoce como «pie de amigo», algo así como pequeñas rampas de concreto.

No hubo cuadrangular, porque el patrullero central, Eugenio Carmenates, se desplazó a toda velocidad, trepó por una de las rampas y cuando la pelota se despedía del terreno, dio un salto extraordinario, levantó su guante, la tomó y dejándose caer ejecutó un par de volteretas sin soltarla. Un fildeo para la historia.

En las postrimerías del choque, Manuel Alarcón dio paso a Ernesto Verdecia y el tunero Ángel López cedió la lomita a otro Ángel, este de apellido Delgado. Después de 10 innings de lucha, la oscuridad obligó a ponerle fin a la batalla, mientras la pizarra mostraba 10 ceros per cápita. No exagero si aseguro que una buena parte de los miles de personas que repletaron las gradas y los alrededores del «Mella»,  todavía tienen muy clara en su memoria aquella formidable jornada, inscrita con letras doradas en la historia del béisbol tunero.

/YMP/

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Sobre Juan E. Batista Cruz

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Jubilado. Se desempeñó como reporteros para los temas del deporte en el diario y semanario 26 y comentarista deportivo de la radio y la televisión. Es toda una institución en el conocimiento de los temas deportivos, y tiene un reconocimiento a nivel nacional. A pesar de estar jubilado mantiene una vida activa dentro del Periodismo de Las Tunas.

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