Las Tunas, Cuba. Sábado 23 de Septiembre de 2017
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Cuba y los ciclones, todos para uno

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Marta Cabrales
Prensa Latina

Santiago de Cuba.- Cuando palpita aún en la realidad cubana la devastadora irrupción del huracán Mattew con su categoría cuatro por el extremo oriental, se confirma una valiosa experiencia que mostrar al mundo en el enfrentamiento a esos fenómenos meteorológicos.

El hecho de no lamentarse hasta la fecha la pérdida de vidas humanas es el logro principal de la estrategia nacional para atravesar esos eventos naturales, sin grandes recursos y en medio de estrecheces económicas.

Desde la máxima dirección del país, el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, el Instituto de Meteorología y los Consejos provinciales y municipales de Defensa, se trenza una red poderosa que llega hasta los barrios y moviliza personas y medios materiales para minimizar el golpe de los huracanes.

Las imágenes del entonces Primer Ministro, Fidel Castro, entre los hombres, mujeres y niños perjudicados por el Flora en octubre de 1963, establecieron una noble tradición y a nadie asombra que el Presidente cubano, Raúl Castro, acuda con varios de sus ministros junto a quienes más lo necesitan.

Así, en los últimos 53 años, Cuba ha ido sedimentando experiencias y aprendiendo en cada nueva circunstancia meteorológica, como una sociedad muy bien organizada que se activa al máximo y pone las miradas allí donde se ensañó la desgracia, como sucede hoy con su porción más al este.

Numerosos organismos internacionales y en particular las Naciones Unidas han reconocido ese ejemplo de la Isla, sobre todo para aquellas naciones pobres y en vías de desarrollo.

La información, una fortaleza

Desde cuando el organismo tropical se convierte en una potencial amenaza para Cuba, los medios de difusión masiva inician su despliegue para llegar a la población con sus mensajes radiales, televisivos y de la prensa escrita. En la medida en que la situación se torna más complicada, ese tema deviene más importante.

Una verdadera revelación ha sido, al paso del Matthew, la utilidad, inmediatez y ubicuidad de las redes sociales en Internet y de la telefonía móvil, que han logrado compensar los vacíos de textos e imágenes por las vías convencionales, ante la falta de electricidad o de comunicación.

Ciclón tras ciclón, los cubanos se han construido una cultura meteorológica que les permite identificar trayectorias y posibles cambios erráticos, velocidad de los vientos e intensidad de las lluvias, todo lo cual favorece la preparación ante la cercanía de esos embates.

De igual forma, de una punta a la otra de esta alargada geografía, la población sigue las estadísticas de los daños en los sitios más golpeados, la llegada de la ayuda nacional y de otras latitudes, y la marcha de la recuperación con la vuelta a la normalidad posible.

Allende fronteras, también se sigue con interés y sensibilidad lo ocurrido a otros pueblos vecinos y especialmente al haitiano, tan duramente castigado por desastres naturales.

Los hilos invisibles de la bondad

Un repaso a los meteoros de las últimas cinco décadas permite dibujar matices de la vida nacional y, si en octubre de 1963 el aluvión de los ríos inundó extensas llanuras con su saldo de muertes y pérdida de bienes materiales, la construcción de decenas de presas ha permitido acopiar esos excesos y evitar desgracias.

La solidaridad, ese antídoto que alivia la tristeza y la desolación en estas circunstancias, es una práctica predominante entre los hijos de esta tierra y se expresa desde el propio Estado con las evacuaciones hasta lo interno de las familias y vecinos, que acogen en sus hogares a quienes precisan resguardo.

Ese gesto humano se hace realidad entre provincias, que acuden con sus linieros eléctricos y telefónicos, sus constructores y sus equipamientos para poner manos a las obras de la rehabilitación. Desde otras naciones y organizaciones internacionales llega también el respaldo que tanto se agradece.

Esta ciudad conoce muy bien el valor de esas manos tendidas, que junto a la perseverancia y la voluntad de lugareños y las decisiones gubernamentales, han posibilitado borrar en lo fundamental la huella de Sandy, el cual casi la borró el 25 de octubre del 2012.

En elemental reciprocidad, laboran ya en suelo guantanamero brigadas de santiagueros que ponen su hombro para avanzar en la recuperación, a la par de los cubanos llegados desde los restantes territorios.

Hasta el próximo 30 de noviembre será la temporada ciclónica, marcada por la predicción de que esos eventos serán cada vez más fuertes por los efectos globales del cambio climático. Con el paso de los días, Matthew se convertirá en otro mal recuerdo en la memoria histórica de la nación.

/YMP/

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Sobre Redacción Tiempo21

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