Las Tunas, Cuba. Sábado 18 de Noviembre de 2017
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Una carta, una despedida, pero nunca un adiós

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Las Tunas.-  Antes de salir de Cuba para dar su contribución internacionalista a la causa de otros pueblos en el mundo, Ernesto Che Guevara escribe una carta de despedida a su entrañable compañero, y máximo dirigente de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Sin fecha, para cumplir con la intención del Guerrillero Heroico de que se  leyera en el momento más conveniente, la epístola fue entregada el primero de abril de ese mismo año, exactamente seis meses y dos días antes de su lectura.

Sobre el gran valor que representaba la figura del Che y el legado que dejaba expuesto en aquellas líneas, Fidel expresó:

«Los que hablan de los revolucionarios, los que consideran a los revolucionarios como hombres fríos, hombres insensibles, u hombres sin entrañas, tendrán en esta carta el ejemplo de todo el sentimiento, de toda la sensibilidad, de toda la pureza que se puede encerrar en el alma de un revolucionario».

Para los cubanos el  tres de octubre de 1965 fue histórico y especial por varias razones, sin embargo la mayor distinción se la otorgó el momento en que se le escuchó a Fidel leer la carta de su amigo guerrillero donde se exponía la razón por la cual faltaba un revolucionario en las nuevas misiones de la patria.

Nuestro Comandante, para ser fiel a su palabra, acepta la partida de su eterno amigo, pero el discurso con el que da a conocer el hecho aquel histórico día demuestra que lo hacía con el corazón conmovido.

«Y nosotros teníamos el deber de conformarnos, teníamos el deber de respetar ese sentimiento de ese compañero, esa libertad y ese derecho. ¡Y esa sí es libertad, no la de los que van a ponerse un grillete, sino la de los que van a empuñar un fusil contra los grilletes de la esclavitud!»

Y es que el Che poseía todos los méritos y virtudes necesarios para pertenecer a las filas del Partido y del Comité Central que se constituye ese tres de octubre, a lo que renunciaba para partir a otras tierras.

“Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de Cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.”

Pero Ernesto Guevara no solo declinaba a las responsabilidades políticas, ni a los amigos que Cuba le había proporcionado. También dejaba atrás a su familia y a su labor como padre, a los dulces besos de sus hijos y, al calor de los abrazos y, sin saberlo, al alma que tiempo después sería arrancada ferozmente.

El Che cae combatiendo en el corazón de Latinoamérica buscándole nuevos derroteros, dando un ejemplo de internacionalismo constructivo y desinteresado al mundo de hoy, y mucho más al del futuro.

Conviene entonces ahora, 51 años después de aquel histórico momento, recordar hechos tan memorables de nuestra Historia. Porque el Che se despidió hace poco más de cinco décadas, pero su legado aún está y estará acompañándonos siempre, sobre todo aquella promesa que le hiciera a Fidel en su carta:

«En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura». (Agencia Cubana de Noticias)

/YMP/

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Sobre Yaicelin Palma Tejas

Graduada de periodismo en la Universidad Ignacio Agramonte, de la provincia de Camaguey (2016). Atiende los temas de la educación. Desde pequeña le fascinaba ser maestra o periodista, pero se decidió por el Periodismo porque es la manera de expresar lo que siente y ayudar a mejorar su entorno desde su lugar. Le gustan las historias de vida para dar a conocer el mundo que cada persona lleva dentro. Es amante de la lectura, la poesía y el baile. Ha sido premiada en concursos del sector como el Nacional 26 de Julio. Es presidenta del Club Juvenil de la Prensa en Las Tunas. yaicelinpt@rvictoria.icrt.cu

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