Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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A 53 años del Flora, Matthew nos amenaza

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A 53 años del Flora, Matthew nos amenazaLa cercanía de un ciclón siempre resulta impresionante. Las personas siguen los partes del Instituto de Meteorología y toman precauciones para no sufrir afectaciones.

Sin embargo, hay huracanes que pueden sorprender por el giro inesperado de su recorrido, o por algún cambio brusco en su velocidad de traslación, intensidad, cantidad de lluvia asociada… de manera que las medidas adoptadas para protegerse pueden ser insuficientes.

Por eso, los especialistas siguen minuto a minuto su trayectoria, con el fin de prever su posible recorrido, advertir sobre el peligro que representan, todo con la mayor precisión posible, gracias al desarrollo de la tecnología y a la preparación de los meteorólogos.

En Cuba se ha logrado establecer un sistema de alerta temprana, desde que empieza a formarse la tormenta hasta que convertida en huracán amenaza con destruir todo a su paso.

La labor de la Defensa Civil y la calidad del servicio meteorológico en nuestro país se consideran hoy entre los mejores del mundo.

También en la población hay mayor conciencia sobre el peligro que entrañan los huracanes y se cumplen las orientaciones para salvaguardar los seres humanos, animales y recursos materiales.

Pero, desdichadamente no siempre fue así.

El ciclón Flora

A 53 años del Flora, Matthew nos amenazaEl 26 de septiembre de 1963 comenzó a formarse una depresión tropical a mil 215 kilómetros al suroeste de las islas de Cabo Verde.

Tres días más tarde, ya convertida en tormenta tropical, se hallaba a 560 kilómetros al norte de Cayena. Las aguas más cálidas y mejores condiciones atmosféricas le permitieron evolucionar a huracán y pasar por Tobago con vientos de 190 kilómetros por hora.

Continuó con rumbo oeste-noroeste y a 169 kilómetros al sur de Haití sus vientos alcanzaron hasta 233 kilómetros por hora, categoría dos en la Escala Saffir-Simpson. Así atravesó el Paso de los Vientos y penetró en territorio cubano, el cuatro de octubre.

Era el ciclón Flora, el más famoso entre cuantos nos azotaron y el de más terrible memoria por los daños que causó en el territorio oriental de Cuba.

Su trayectoria fue «errática y lenta». En un extraño «movimiento de lazo», el huracán penetró por Guantánamo, siguió rumbo norte hacia Holguín, Gibara y Nipe, y cuando se pensaba que continuaría hacia las Bahamas, un brusco retroceso provocado por las altas presiones que encontraba en la costa norte, lo hizo descender de nuevo sobre la provincia, bajando hasta el litoral sur con aterradora fuerza, para salir por el golfo de Guacanayabo, a la altura de Niquero, en dirección a Santa Cruz del Sur, el sureño poblado camagüeyano.

Toda la provincia de Oriente sufrió el rigor del Flora. En 93 horas cayeron mil 840 milímetros de agua, causantes de enormes inundaciones, la muerte de mil 126 personas, la destrucción de 11 mil 103 viviendas, averías a otras 21 mil 486, destrucción de cuatro mil caballerías de arroz y serias afectaciones a extensas áreas cañeras y cafetaleras, servicios de electricidad, telefonía, carreteras y caminos.

Sin dudas, fueron días de amarga incertidumbre. Los primeros partes sobre el paso del huracán no podían ofrecer la imagen exacta de tanta devastación; pero, la destrucción saltaba a la vista y los muertos aparecían colgando de los árboles.

Fidel, al frente de las operaciones de auxilio

La presencia de Fidel fue impactante en las zonas más afectadas. El Comandante se encargó, personalmente, de dirigir las acciones de rescate a pesar del peligro que entrañaban.

Marta Rojas, periodista y escritora, narra cómo mientras realizaba esa labor, Fidel estuvo a punto de sufrir un accidente: el vehículo anfibio en el que iba por el río La Rioja, con el comandante Vallejo como ayudante, estaba sobrecargado de gente y abierto atrás. La fuerza de la corriente lo arrastró y solo la agilidad y audacia de un campesino pudieron evitar un trágico desenlace.

Pero, el máximo líder de la Revolución quiso estar en el lugar de mayor peligro, el río Cauto, que entonces asemejaba un «Amazonas embravecido». Sus aguas se extendieron fuera del cauce unos 20 kilómetros, arrasando todo a su paso por imposible que parezca hoy: troncos, tejas, reses se encontraron luego a mucha distancia de su lugar de procedencia

A pesar de las circunstancias, Fidel planificaba en su mente las acciones de reconstrucción. Al mismo tiempo imaginaba las medidas para evitar que se repitieran escenas similares a las de aquellos días. Y de aquella experiencia surgió la idea de reordenar el proyecto hidráulico iniciado por la Revolución.

Algunas anécdotas de aquellos días angustiosos

Un suceso capaz de sensibilizar al más duro recogió Marta Rojas en su crónica sobre el Flora.Los helicópteros sobrevolaban las zonas de mayores inundaciones las 24 horas del día, buscaban posibles sobrevivientes en los techos de las casas o en los árboles.

En una ocasión encontraron una familia que pedía auxilio. Al acercarse, los pilotos observaron que aquellas personas pretendían cargar con un saco muy pesado, y se negaron porque el espacio era para otros sobrevivientes. ¡Cuál no sería su sorpresa al conocer que en el fardo estaban sus familiares muertos!; los habían rescatado de la corriente y querían sepultarlos. Por supuesto, no se iban sin ellos. El saco se trasladó en ese viaje.

También se conoció el insólito caso de las vacas locas. Los pescadores de Manzanillo escuchaban bramidos de reses en los cayos cercanos. Estaban embravecidas, «vivas pero malheridas, con los vientres hinchados a reventar porque el agua furiosa del Cauto les había penetrado por el ano, arrastrándolas hacia los cayos adonde corrían como fieras desesperadas».

Con lazos y trampas los pescadores y campesinos las capturaron y las subían a las patanas. Un veterinario a bordo las examinaba y aquellas cuya carne podía aprovecharse, eran sacrificadas allí mismo. Luego las llevaban al frigorífico de Manzanillo. Fue espeluznante.

A 53 años de aquella experiencia, Matthew nos amenaza

El saldo de la tragedia no amilanó al pueblo ni a sus dirigentes. De inmediato comenzó la etapa de recuperación y las medidas se encaminaron a que no se repitiera tamaña desgracia.

A partir de entonces se crea una infraestructura hidráulica para prever futuras inundaciones, se ha perfeccionado el sistema de defensa civil y los servicios meteorológicos.

La temporada ciclónica no sorprende a la población, tampoco el paso de los huracanes por el Caribe. Por eso hay tiempo para prepararse y tomar las medidas orientadas por la Defensa Civil.

Cada territorio en la posible ruta del meteoro se convierte en un hervidero de gente que martilla, clava, asegura ventanas, puertas y techos. Compra los alimentos necesarios para varias jornadas, medicamentos y velas.

Lo mismo en las casas que en los centros de trabajo todo se deja listo para sufrir el embate de fuertes vientos e intensa lluvia sin que ocurran mayores pérdidas.

Muchas familias son evacuadas y en un local seguro reciben los alimentos y atención médica.

Matthew es un huracán de categoría 4, pero a su paso no habrá grandes destrucciones gracias a las medidas adoptadas desde el momento en que supimos de su presencia, y se prevé que tampoco se pierdan vidas humanas, el tesoro más preciado que tiene la Patria.

Dentro de pocas horas habrá pasado el peligro y se terminarán la angustia, la espera… en cada lugar los tuneros estaremos limpiando y restableciendo calles, hogares, instituciones, parques y plazas.

En unos días, Matthew será un mal recuerdo.

/YMP/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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