Las Tunas, Cuba. Miércoles 22 de Noviembre de 2017
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Para no echar por tierra la protección de los suelos

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Para no echar por tierra la protección de los suelosLas Tunas.- Históricamente, la agricultura convencional se ha encaminado a incrementar la producción de alimentos sin tener en cuenta las consecuencias para la salud del medio ambiente y, en particular, la protección del suelo. La doctora Laura Leyva Rodríguez lo ha sufrido en alma propia, y sobre el tema accedió a conversar con Tiempo21.

Laura es profesora de la Universidad de Las Tunas, ciudad a unos 700 kilómetros al este de la capital cubana, y además de su meritoria labor en la formación de nuevos profesionales, atiende lo relativo al cambio climático dentro del Proyecto de Innovación Agropecuaria Local (PIAL), integrado por diversos organismos e instituciones y coordinado por su centro académico.

Entre los daños más comunes que se le ocasionan al terreno en todas partes del mundo, la especialista mencionó la labranza intensiva, la práctica del monocultivo, el uso indiscriminado de fertilizantes sintéticos, el control químico de plagas, la manipulación genética de las especies y el empleo de grandes máquinas.

Para no echar por tierra la protección de los suelos

(Doctora Laura Leyva Rodríguez, profesora de la Universidad de Las Tunas. /Foto del autor.)

«No puede negarse que las prácticas e innovaciones tecnológicas convencionales incrementan la producción agrícola, pero tampoco es posible ocultar su impacto en el deterioro, muchas veces irreversible, de los recursos naturales»–dijo a este diario la reconocida científica.

Pero en su incesante labor en beneficio de la cultura agroecológica, Laura, junto a la doctora Raquel Ruz Reyes, coordinadora provincial de PIAL, y otros investigadores, ha extendido diversidad de provechosos saberes a miles de productores tuneros.

Por eso, Juan Miguel Leyva Fidalgo, campesino del municipio de Jesús Menéndez, es todo un experto en sacarle al suelo la mayor cantidad posible de alimentos sin degradarlo. Es una experiencia que comparte con otros trabajadores agropecuarios de Cuba y varios países latinoamericanos.

«La destrucción de la cubierta vegetal, la degradación de los suelos, la pérdida de la diversidad biológica y genética, y la disminución del manto freático, son algunas consecuencias que trae la agricultura basada en agroquímicos y el uso de grandes recursos energéticos» –explica Juan Miguel en sus frecuentes intercambios con los agricultores.

También se refiere al incremento del azote y la resistencia de las plagas y enfermedades agrícolas, las inundaciones naturales y la contaminación del aire; pero todo con un lenguaje muy práctico y comprensible, y sin dejar de ofrecer consejos para contrarrestar esos problemas.

Miguel Rubio Fernández y su esposa Virgen Rosa Pérez Labrada, del municipio de Manatí, son otros de los destacados extensionistas de las llamadas buenas prácticas agrarias.

Como Juan Miguel, ellos integran el Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino, organizado en toda Cuba por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el cual cuenta en Las Tunas con más de 10 mil finqueros.

Son hombres y mujeres que, frente al nocivo esquema de la agricultura convencional, defienden los métodos agroecológicos, capaces de aportar alimentos y otros bienes sin afectar recursos naturales básicos, como el agua, el suelo y la biodiversidad.

La agroecología es una disciplina científica relativamente nueva que, a diferencia de la agricultura tradicional, gestiona y desarrolla sistemas de producción ambientalmente sostenibles.

Gracias a ella, aquí mismo en Las Tunas existen miles de hombres y mujeres, productores de alimentos, que han aprendido a luchar contra el cambio climático, la cíclica sequía, la degradación de los suelos, la deforestación, los huracanes, las inundaciones y otros fenómenos naturales.

También saben cómo sobreponerse a la falta de recursos materiales, tecnológicos y financieros, provocada por la crisis económica mundial, el criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y los propios errores y tendencias negativas que aún subsisten internamente.

Y todo, sobre la base de aplicar la ciencia, las tecnologías y la innovación, en favor de producir más y mejores alimentos en armónica relación con la naturaleza, aun cuando muchos de esos campesinos y obreros agrícolas no sepan que están desarrollando un sistema agroecológico que la Organización de las Naciones Unidas ha recomendado al resto de los países del mundo.

Entre las técnicas agroecológicas más generalizadas, tanto en Cuba como en el particular caso de Las Tunas, se encuentra la producción y aplicación de abonos orgánicos, como humus de lombriz, compost, residuos de cosechas, microorganismos naturales, subproductos de la industria azucarera, estiércol animal y otros.

Igualmente se recurre a la diversificación y rotación de los cultivos, lo cual contribuye a conservar y mejorar el suelo.

En fin, diversos son los mancomunados esfuerzos que se llevan a cabo los municipios tuneros y demás territorios cubanos para no echar por tierra la protección de los suelos.

/DCG/

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba