El mundo

Bolivia, ante una ofensiva golpista

Stella Calloni
Prensa Latina

Buenos Aires.- El gobierno del presidente Evo Morales firmó un decreto que devuelve al estado las áreas que las cooperativas mineras traspasaron a privados en contratos de riesgo compartido, arrendamiento o subarrendamiento, y también se revertirán todas las zonas en las cuales no se desarrollaron actividades de explotación.

Esta decisión fue tomada después de los violentos conflictos protagonizados por algunas cooperativas desde el pasado 10 de agosto, que terminaron con el brutal secuestro y asesinato después de seis horas de torturas el 25 del mismo mes, del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, y la muerte de cuatro mineros, tres por heridas de bala y el cuarto por manipulación de dinamita.

El asesinato de Illanes, por el que fueron detenidos varios de los dirigentes de Cooperativas Mineras que mantuvieron el violento conflicto durante días evidenció, como un sello trágico, la trama oculta detrás de una supuesta protesta social que lleva directamente hacia el modelo de guerra contrainsurgente aplicado por Estados Unidos contra todos los gobiernos progresistas de la región.

Bloqueos en carreteras y caminos a partir del 10 de agosto, afectaron a los departamentos de la región occidental de Bolivia en un ambiente amenazante con enfrentamientos graves y violentos, lo que se disparó el 25 de agosto con el asesinato de Illanes, uno de los funcionarios más respetados en el gobierno de Morales, siempre dispuesto a negociar ante cualquier conflicto.

Nadie podía prever este suceso que enlutó al país y conmovió al mundo y que se escenificó en Panduro, a 180 kilómetros de La Paz. En tanto, se investiga la muerte de cuatro mineros en circunstancias no esclarecidas.

¿Respondía este hecho a una protesta contra la vigencia de una ley que permitía a los trabajadores de la cooperativas sindicalizarse o a los que reclamaban derechos para asociarse con empresas privadas o extranjeras, cuando la Constitución es muy clara respecto a esto último, y establece que los recursos naturales de Bolivia son del Estado  boliviano que representa al derecho del pueblo de ese país?

Detrás de estos sucesos tan dolorosos hay un registro de otros anteriores que se hilvanan en la memoria, y que corresponden a todo lo actuado contra el gobierno de Evo Morales por parte de Washington, mediante su embajada en Bolivia, sus organismos de inteligencia como la CIA y la Administración para el Control de Drogas (DEA), sus fundaciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y otras.

Esto llevó al mandatario en su momento a expulsarlas del país después de investigar la serie de acciones golpistas, y hasta los intentos de magnicidio que se sucedieron desde 2008 hasta la actualidad.

EL INTENTO DE GOLPE DE 2008

Ante los sucesos actuales es necesario recordar el cruento intento de golpe de agosto-septiembre de 2008, cuando los grandes avances del gobierno de Evo Morales, en la recuperación de los recursos del país en favor de la población, en los dos primeros años después de asumir en 2006, desataron la furia del corrupto poder económico.

Esto se incrementó cuando Morales ganó por un 67 por ciento el referéndum revocatorio del 10 de agosto de 2008.

Los viejos dueños del poder accionaron en la llamada Media Luna: Santa Cruz, Pando, Beni. Y también Tarija en el sur, el eje más rico de Bolivia, con demandas separatistas.

La acción de los prefectos opositores comenzó el 14 de agosto con un intento de golpe de Estado, no ya militar como había sido común en la historia de Bolivia, sino un golpe protagonizado por núcleos fascistas, opositores y grupos de choque que desconocían al gobierno legítimo.

A partir del 16 de agosto comenzaron con ataques directos y de allí en adelante se produciría una cronología de violencia protagonizada por los Prefectos de la Media Luna y los Comités Cívicos que armaron. El plan estaba destinado a crear el caos y el enfrentamiento civil.

Bloqueos de carreteras, paros, impedimento para que salieran la gasolina y alimentos tratando de asfixiar a las ciudades, con ataques, robo, destrucción y quema de por lo menos 171 edificios y empresas estatales. Ataques terroristas a gaseoductos y oleoductos, entre otros.

El 10 de septiembre el presidente Evo Morales denunciaba que un golpe de Estado “atípico” estaba en marcha en Bolivia y ordenó la expulsión del embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip Goldberg, acusado de conspirar contra la democracia, apoyar a la oposición y alentar la división del país junto con la Usaid.

Goldberg es un experto de la CIA en separatismo y había estado precisamente trabajando en esto en la exYugoslavia, entre otros lugares.

MASACRE DE CAMPESINOS

Pero fue el terrorismo que los golpistas sembraron lo que cambió el rumbo del golpe, que produjo la acción rápida de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) condenándolo después que el 11 de septiembre de 2008 el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, ordenó la masacre de campesinos, que se dirigían desarmados para apoyar a Evo Morales.

Los emboscaron cerca de la localidad El Porvenir, en un puente sobre el río Tahumanu. La matanza fue terrible, a golpes y a tiros, torturados, degollados algunos, hombres, mujeres y niños.

La idea era acusar de la matanza a Morales para que interviniera Estados Unidos. Pero filmaciones de algunos testigos, fotografías y videos de un periodista, pusieron en evidencia la verdad sobre la matanza.

La Masacre de El Porvenir dejó más de 30 muertos, heridos y desaparecidos. Una investigación ordenada por la Unasur demostró la verdad, lo que produjo la condena de Naciones Unidas y el mundo. La oposición golpista había fracasado, pero dejó muertes y destrucción.

LOS COOPERATIVISTAS DE 2016

Entrevistado por un medio de Bolivia el viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, Alfredo Rada, explicó la crisis generada por las cooperativas mineras, en cuya dirigencia «predominan cada vez más los sectores patronales que han acumulado poder económico dentro de las cooperativas».

La acción violenta estaba destinada a lograr más concesiones, subvenciones y financiamientos estatales, a preservar dentro de las cooperativas formas flexibilizadas de la explotación de la fuerza de trabajo, evitando cualquier tipo de organización sindical; lograr el reconocimiento de facto de las sociedades entre el capital manejado por los patrones cooperativistas con el capital privado y extranjero.

De acuerdo con Rada las cooperativas más grandes «dejaron de ser entidades sin fines de lucro para convertirse en empresas capitalistas semiformales». Nuevos ricos encumbrados sobre la explotación de los trabajadores, que no tenían ni contratos de trabajo, ni derechos laborales y sometidos a la modalidad de pago a destajo, y por supuesto, sin derecho a organizarse en sindicato.

Ese es el verdadero eje, sin descontar los planes de empresas extranjeras para entrar en Bolivia por esta vía, burlando las leyes de protección del país y sus recursos. Rada advirtió el descrédito en que cayó la dirigencia del cooperativismo minero luego del asesinato de Illanes «diezmando el movimiento desestabilizador, que contó con un  enorme despliegue de recursos económicos y logística».

LA MANO QUE MECE LA CUNA

Después que Estados Unidos probara en Bolivia otras metodologías golpistas, que le han dado resultado en Argentina y Brasil, al fracasar esto contra el gobierno de Evo Morales, el más sólido en sus avances en la región, recurrieron a lo que había anticipado el vicepresidente Álvaro García Linera cuando en 2012, en una entrevista con la autora de este artículo, advirtió un cambio de estrategia de la derecha boliviana.

Planteaba García Linera que ante las sucesivas derrotas en las elecciones en las que Morales triunfó con cifras contundentes (más del 60 por ciento), «sobre demandas y necesidades colectivas, legítimas la mayoría de ellas, sectores conservadores van a colaborar en una estrategia de apoyo, copamiento e infiltración de las organizaciones sociales para, desde adentro, redimensionar a los sectores sociales hacia posiciones cada vez más conservadoras y agresivas (…)

Se utiliza la estrategia del desgaste, del camuflaje. La derecha se enmascara en lo social para acumular fuerzas y desgastar (al gobierno). No es de confrontación desenmascarada sino de desgaste, como lo sucedido en las tierras bajas (amazónicas)».

Refería así el intento golpista que significó la supuesta rebelión indígena de 2011-2012 que provocó duros enfrentamientos, sin olvidar que en aquella marcha de comunidades del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Secure (Tipnis) también fue secuestrado y maltratado el canciller boliviano David Choquehuanca, quien fue a negociar desarmado con los dirigentes.

Este hecho dio la pauta de que había una oscura mano detrás de la supuesta demanda de algunas de las comunidades indígenas amazónicas. La investigación de los sucesos del Tipnis reveló que dirigentes de esta marcha -que utilizó la prensa hegemónica para mostrarla como «la rebelión indígena» contra Morales- habían viajado a Estados Unidos, en un plan de  supuesta «ayuda a los liderazgos».

Más aún, documentos revelaron los intentos de la embajada de EE.UU., tratando de buscar figuras indígenas que pudieran reemplazar a Evo, pero bajo su conducción. Durante la marcha, los dirigentes de la misma se comunicaron constantemente con la embajada de Estados Unidos, como se comprobó.

Otros intentos golpistas tuvieron como protagonistas a grupos policiales. A lo largo de estos años, se ha documentado que Estados Unidos fue asesor y protagonista como partícipe directo e indirecto de los intentos de derrocar a Evo Morales y consolidar definitivamente su poder en América Latina, como denuncian importantes analistas, incluso estadounidenses. Bolivia está en la mirada.

El golpismo permanente contra la Venezuela bolivariana desde 2002 hasta la actualidad, donde Estados Unidos amenaza con intervención directa, simultáneamente con la permanente desestabilización entonces de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, de Dilma Rousseff en Brasil, advertían que Washington había decidido profundizar su ofensiva imperial, la geoestrategia de recolonización continental, golpeando duramente a lo que había sido el eje base del avanzado proceso de integración continental.

La Guerra contrainsurgente adquirió así diversos matices, pero su fuerza motor es la guerra psicológica, el ataque brutal de los medios masivos de desinformación, como un arma de grueso calibre. Este tipo de ofensiva tiene muchos rostros y nadie puede ignorarla.

/YMP/

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