Las Tunas, Cuba. Lunes 20 de Agosto de 2018
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Gracias a Dios y al trabajo

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Gracias a Dios y el trabajo

Ramón Escalona García y su esposa Anamaris González Cruz (Foto del autor). Escuche reportaje en audio 

Las Tunas.- Nuestro equipo periodístico recorría los campos de Puerto Padre, municipio del norte de Las Tunas, a unos 750 kilómetros al este de La Habana. El objetivo era conocer sobre la producción alimentaria, departir con los agricultores e informar lo mejor posible a los usuarios de Tiempo21 acerca del tema.

Nos acompañaba Róger Remedios Infante, director de Cultivos Varios de la Empresa Agropecuaria Antonio Guiteras, de aquella demarcación, quien nos propuso visitar a Ramón Escalona García, integrante de la Cooperativa de Créditos y Servicios Cosme Torres.

«Es un productor de avanzada – argumentó Róger-. El pasado año nos vendió alrededor de 135 toneladas de plátano vianda y más de seis de ajo, además de otros alimentos. En el cultivo de la col ha llegado a obtener 45 toneladas por hectárea, rendimiento muy bueno, atendiendo a las altas temperaturas y a los suelos que predominan en esta zona. Él constituye un ejemplo para los demás campesinos».

Pocos minutos después ya estábamos en casa de Ramón Escalona, ubicada en La Gerónima, barrio próximo a la carretera Las Tunas, Puerto Padre.

Al ver a aquel hombre, nos llamó la atención que, aunque visiblemente fuerte, su aspecto físico concordaba más bien con alguien residente en la ciudad y no con una persona entregada a las labores del campo.

Por eso la conversación comenzó por preguntarle desde cuándo se dedicaba al cultivo de la tierra, y la respuesta, por franca e inesperada, nos dejó atónitos.

-Comencé a trabajar la tierra en 2003, después que salí de la prisión, pues tuve una juventud mala, mala: me dediqué a robar todo lo que me caía a mano, y ya usted sabe…

Acerca de cómo obtuvo las tierras que hoy posee, Ramón Escalona García dijo:

Esta tierra era de mi abuelo y estaba dedicada al cultivo de la caña azucarera. Pero él murió, la finca fue invadida por las malezas y el Estado la expropió. Al cabo del tiempo se la devolvieron a mis familiares; ellos se la repartieron y, en 2003, al salir yo de la cárcel, comencé a trabajar la parte que le correspondió a mi mamá».

-Empecé a sembrar hortalizas y plátano vianda, y a mejorar el suelo con materia orgánica, pues esta era una tierra de muy mala calidad. Se volvió fértil, y ahí están los resultados» –afirmó el campesino, al tiempo que movía la vista y uno de sus brazos en ángulo panorámico sobre los frondosos platanales.

«Después, cuando el Estado amplió la entrega de tierras en usufructo gratuito mediante el Decreto-Ley 259 (septiembre de 2008*), solicité una caballería (13,420 hectáreas*) y me la entregaron; más adelante me otorgaron otra más, y ahí las tengo, en plena producción».

Respecto al uso que le da a esas nuevas áreas, Ramón explicó:

*Lo que más siembro en las tierras recibidas en usufructo es plátano vianda, yuca y el llamado plátano burro. Ahora mismo estoy cosechando una variedad de yuca que promedia unos 700 quintales (32 toneladas*) por hectárea, informó el agricultor. Casi toda se la vendo a la Empresa de Acopio del Ministerio de la Agricultura, tanto para el consumo dentro del municipio como en la capital provincial. Desde allá vienen frecuentemente y me compran grandes cantidades.

Según el productor, los rendimientos que él obtiene con esa nueva variedad duplican, y hasta triplican, el promedio obtenido por los demás cosecheros de su zona.

Le preguntamos a este hombre, hoy ejemplo de laboriosidad y honradez, si en su cambio de conducta fue determinante la integración a una labor tan útil como el cultivo de la tierra.

-La agricultura me ayudó, porque yo casi no estudié. Como ya dije, malgasté mi juventud, me dediqué a robar y no conocía ningún oficio. Cuando comencé a trabajar la tierra, me di cuenta de que trabajando el hombre puede vivir bien. Me dieron la oportunidad de ganarme lo necesario con mi sudor, y aquí estoy. También, desde hace un tiempo conocí al Señor, a Jesucristo, y fue lo que me impulsó a no robar ni hacer el mal ante los ojos de Dios ni de las personas.

Anamaris González Cruz, esposa de Ramón, está plenamente convencida de que los resultados de su esposo son obra de Dios.

-Yo veo que aquellas personas que siembran al lado de él, en el mismo tipo de tierra, similares productos y variedades, no logran nada parecido. Por ejemplo, usted compara los platanales suyos y los de esos vecinos y la diferencia es tremenda- argumentó Anamaris, y agregó-: Y es porque él hace las cosas bien, pues para recoger buenas cosechas es necesario hacerlo todo a tiempo y correctamente.

«Creo que eso es así porque la bendición de Dios está sobre él -dijo, y sus azules ojos trasmitieron evidente convicción. Enseguida volvió a reflexionar, como si hablara consigo misma-: Es inconcebible que alguien con las mismas tierras, en iguales condiciones, pueda recoger la abundancia de frutos que él cosecha».

Lo cierto es que después de una descarriada juventud, Ramón Escalona García logró encontrar el camino del bien, y hoy es uno de los más destacados campesinos puertopadrenses, gracias a Dios y al trabajo, según confesó a Tiempo21.

-Me siento tranquilo y algo realizado; tengo paz en el Señor. Tengo paz, sí -aseguró el laborioso hombre-. Gracias le doy a Dios por esto.

(*) Notas del periodista.

/DCG/

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba

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