Las Tunas, Cuba. Viernes 23 de Febrero de 2018
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Padaung: la maldición de las cuello largo

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Padaung: la maldición de las cuello largoYanet Medina Navarro
Prensa Latina

La Habana.- Para la minoría étnica Karenni de Myanmar el cuello es el centro del alma y esa es una de las leyendas que justifican la tradición de las mujeres jirafa, condenadas a «lucir» collares de hasta 20 kilogramos.

Con la intención de proteger el alma, las llamadas Padaung (cuello largo) portan de cinco a 25 aros de cobre, de unos 8,5 milímetros de diámetro y 30 centímetros de altura.

Las Padaung -término peyorativo para ellas- pertenecen a los Karenni, que llegaron a Myanmar hace dos mil años desde el desierto de Gobi, actual Mongolia.

Se asentaron en el estado de Kayah, al este del país, pero en la década de 1980 huyeron al norte de Tailandia a causa de la guerra civil y hoy viven entre dos mundos, con un estatus legal cuestionable.

Actualmente, quedan solo unas 120 mujeres que llevan todo el conjunto de alhajas registrado en la tradición: espirales en el cuello, cinco brazaletes en cada mano y pulseras en ambos tobillos.

Las más jóvenes usan menos argollas, pues no se deciden a cargar casi 30 kilogramos de adornos por el resto de su vida.

Ellas caminan con el mentón elevado y el tórax hundido, a pasos lentos, con una cadencia inviolable, a causa de los aros que les oprimen la clavícula y las costillas, creando el efecto de cuello estirado.

Según su imaginario, mayor cantidad de anillos es símbolo de riqueza, pues antiguamente eran de oro; y cuantos más lleve una joven, más codiciada resultará entre los hombres de la tribu.

Una mujer jirafa nunca se retira el collar, ni para dar a luz, solo cuando lo cambia por uno nuevo, y en ese caso no muestran el cuello por vergüenza a su tono de piel descolorido.

El arte de iniciar a las niñas en los aros o sustituirlos lo dominan unas pocas ancianas.

El primero se introduce a los cinco años y ese ritual solo ocurre en noches de luna llena.

Las leyendas locales aseguran se persigue la similitud con el cuello del dragón, figura importante en su cultura, que las resguarda de los peligros en las montañas y de las enfermedades.

Otros afirman que ahuyentan a los malos espíritus y, además, se usaban para protegerse del ataque de los tigres.

También se maneja la hipótesis de que sus esposos las afeaban para no despertar el interés de hombres de otras etnias, y hay quienes dicen que con tanto peso encima, evitaban ser tomadas como esclavas, ya que sus adornos les impedirían realizar tareas pesadas.

Lo cierto es que las mujeres jirafa no pueden hacer cosas tan normales como mirarse los pies o dormir cómodamente, pero a pesar de ello, cortan leña, acarrean agua y cuidan los cultivos.

El lavado de las joyas es dos veces al día, porque el sudor oxida el cobre y provoca heridas: vierten agua entre el cuello y los aros, los enjabonan, los abrillantan con hierbas y los secan por dentro con un paño.

Quitar los anillos no representaría ningún alivio, los músculos no sostendrían la cabeza, el cuello se doblaría y morirían asfixiadas.

Era así como se castigaba a las esposas adúlteras. Para ellas, retirarlo implica la pérdida de su estatus e, incluso, creen que les acarrearía la muerte.

Bajo esa conveniente creencia y en su condición de refugiadas, el gobierno tailandés las mantiene en aldeas donde se cobra la entrada a los turistas, aunque la ONU pide que no vayan, pues ello menoscaba su privacidad.

Y así, mientras tejen, lavan la ropa, amamantan a sus hijos, nacen o se mueren, las Padaung tienen que sonreír a los fotógrafos que las convierten en una suerte de feria humana.

/YMP/

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Sobre Redacción Tiempo21

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