Las Tunas, Cuba. Sábado 24 de Febrero de 2018
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El trabajo, fuente de alegría y prosperidad

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Concluye el verano. Atrás quedan los días de vacaciones en la playa o el campismo, las visitas a familiares y amistades en otras provincias, las salas de fiestas, los recorridos por lugares históricos que siempre quisimos conocer, las madrugadas viendo películas o conversando con el grupo en el parque…

El regreso a los centros laborales es inminente y con él asumimos de nuevo responsabilidades y compromisos. Mientras estuvimos fuera, alguien ocupó nuestro puesto, la vida no se detuvo, pero ahora debemos volver a la rutina, a cumplir con el contenido asignado.

Para muchos, el reencuentro es agradable; nos permite volver a compartir con los compañeros y retomar las actividades para las que nos preparamos ,quizás en las aulas universitarias o en la práctica cotidiana. Además, evadimos las obligaciones del hogar, que pueden ser extenuantes- y salimos a la calle muy compuestos, todos los días, llueva, truene o relampaguee.

Sin embargo, no funciona así para todos. Algunos se lamentan porque no descansaron lo suficiente, no les alcanzó el tiempo para hacer lo que se proponían, el trabajo es fastidioso, los jefes pesados, los colegas aburridos… y un sinnúmero de pretextos más para odiar la vuelta al trabajo.

Quienes se manifiestan de esta forma no se sienten felices cuando tienen que madrugar para llegar puntuales al centro laboral; sufren porque se ven obligados a permanecer las ocho horas fuera de casa, sin ausentarse un día; les resultan horribles las tareas que planificó el jefe, aunque solo sea por el placer de contradecir.

El trabajo se les convierte en vía crucis que conduce directo al calvario. Comienzan entonces las salidas a deshora, las ausencias «justificadas» por cualquier nimiedad, el no aprovechamiento de la jornada, el maltrato a las personas que reciben en la recepción o detrás de un mostrador.

Estudiantes y docentes también pueden verse afectados por el mal «post vacaciones de verano». Para los primeros porque se acaba el ocio, comienzan las clases y con ellas las obligaciones. Los segundos porque llevan sobre sus hombros la responsabilidad de educar e instruir a las nuevas generaciones, y lograrlo implica sacrificio, autopreparación, exigencia, ser ejemplo, no solo ante los alumnos, sino también para toda la sociedad.

Cada uno de nosotros reacciona diferente cuando despedimos el estío y retornamos a la vida que por un par de meses o menos, dejamos a un lado. La mayoría disfruta volver al entorno laboral: unos regresan con mayores bríos, otros con la intención de ser más creativos y triunfadores. La minoría lamenta decir adiós al asueto y la recreación.

Estos últimos no vacilan en expresar su rechazo con pereza y escaso o ningún sentido de pertenencia. Ignoran que el trabajo nos hace ser mejores personas, nos permite ser útiles a la sociedad, además del beneficio económico que reporta, aun cuando el salario en muchas de las esferas es pobre.

Entonces, los directivos deben tener «las pilas cargadas» para evitar los incumplimientos, las tareas que se caen, impuntualidades… entre otras infracciones de la disciplina laboral. Lo que no consigan el amor y la vocación, la espontaneidad y la razón han de hacerlo la exigencia, el control y fiscalización, así como las medidas oportunas.

De cualquier manera, creo que volver la mirada al pensamiento martiano será muy útil para los holgazanes o apáticos. Dijo el Apóstol José Martí:

«El hombre crece con el trabajo de sus manos. Es fácil ver cómo se depaupera y envilece […] la gente ociosa, hasta que son meras vejiguillas de barro […]; mientras que el que debe el bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias, tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas y la mano segura. Se ve que son esos los que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigantes dichosos, e inspiran ternura y respeto».

/DCG/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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