Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Julio de 2018
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Obreros cubanos: el antiimperialismo nació tempranamente

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La Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC), poco mentada y muchas veces controvertida, nació a principios de septiembre de 1899, en pleno curso de la ocupación norteamericana que frustró la genuina independencia de la Isla.

Años de combate exitoso de la Guerra Necesaria y el propio ideario del Apóstol, organizador de esa contienda final, fueron cercenados de un tajo en 1898 por la intervención militar del poderoso vecino del norte, listo para recoger la famosa fruta madura.

Es razonable la diversidad de criterios. La LGTC, como otros movimientos de la clase obrera de esos tiempos, fue influenciado por el reformismo sindical y el anarquismo en auge en aquellos tiempos, Su fundador fue el viejo anarquista español Enrique Messonier. Y aunque la entidad dirigió justos reclamos a favor de los trabajadores también en su ejecutoria se cometieron errores de peso.

Un análisis objetivo e interesante, revelador de más de cuatro verdades esenciales sobre el tema, ha hecho la doctora en Ciencias Históricas María Caridad Pacheco González, profesora titular de la Universidad de La Habana e investigadora del Centro de Estudios Martianos, en artículo divulgado en la prensa especializada.

De acuerdo con la doctora Pacheco, en su extenso reporte, por esas fechas a pesar de las señaladas influencias, los obreros cubanos no habían renunciado a la realización del ideal independentista, del que fueron portadores consecuentes en la guerra organizada por Martí.

Más adelante subraya que fue una de las primeras organizaciones obreras de carácter amplio fundada durante la ocupación norteamericana en 1899, con la mayor parte de sus integrantes provenientes de las filas de la emigración patriótica, de activa participación en la constitución de clubes revolucionarios que trabajaron en la organización y desarrollo de la guerra del 95.

Ello explica  sus pronunciamientos contra la intervención y la Enmienda Platt y su denuncia contra la penetración económica imperialista.  En esta organización estuvo presente Carlos Baliño (1848-1926), colaborador en el PRC fundado por Martí y precursor de las ideas marxistas en Cuba, apunta la investigadora.

En las bases aprobadas en el momento de su fundación se precisaba la necesidad de estar preparados contra todo elemento nocivo que por algún medio pretendiera obstaculizar la buena marcha de la República cubana.

Ello concordaba con la innegable realidad de que entonces el movimiento obrero cubano no solo tenía enemigos externos, sino también  internos. En especial se referían a aquellos que preconizaban la anexión a Estados Unidos Además, a  los peninsulares que todavía mantenían la discriminación con la fuerza de trabajo criolla, como si la colonia se mantuviera en pie.

La Liga General  de Trabajadores Cubanos contó con el periódico  ¡Alerta!, en el cual se publicaron artículos de marcado carácter patriótico y antiintervencionista, a pesar de haber sido una organización creada con reclamos de tipo económico. La vindicación de la memoria de los patriotas caídos en la contienda independentista y del propio ideal martiano estaban dentro de sus objetivos manifiestos.

En el corto lapso de tiempo entre la ocupación norteamericana y el inicio de la república neocolonial los obreros cubanos  se movilizaron en acciones de protesta y exigencias de índole no solo económica, sino social y política.

La primera que se hizo sentir con fuerza fue la huelga del Gremio de Albañiles y Ayudantes del 20 de agosto y el 29 de septiembre de 1899.

Pedían entre sus demandas el aumento salarial, el pago en moneda norteamericana y la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas.

Pese a la represión –hace notar la doctora Pacheco-,  el chantaje y la actitud politiquera del entonces presidente de la LGTC, Enrique Messonier, la huelga adquirió tal fuerza y cohesión, que el gobierno interventor y los patronos se vieron obligados a hacer algunas concesiones, aunque finalmente los errores cometidos por la Liga determinaron su derrota.

Desde entonces, algo comenzaba a quedar muy claro para el pueblo y el movimiento obrero cubano. El carácter antidemocrático y antipopular de los interventores norteamericanos, colocados desde el primer momento al lado de las oligarquías explotadoras y no de la noble causa de los humildes y de los que lucharon por la independencia.

Quizás dando traspiés, pero con una firmeza y una radicalidad a toda prueba, el movimiento obrero cubano avanzaba con sus armas contra  la hegemonía imperial y no fue engañado ni por un segundo. (Agencia Cubana de Noticias)

/DCG/

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