Las Tunas, Cuba. Domingo 20 de Mayo de 2018
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Una escuela centenaria en el corazón de los tuneros

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Una escuela centenaria en el corazón de los tuneros

La «escuela de la sabana», era un edificio de mampostería, de paredes muy altas, enormes ventanales.

Los días de vacaciones casi llegan a su fin; pronto los estudiantes volverán a las aulas -prestos, entusiastas, con el espíritu dispuesto a aprovechar al máximo las horas frente a sus maestros- y cada escuela se llenará de ruidos, de ese olor a uniformes nuevos…

En tanto eso sucede, hay un silencio extraño en los centros educacionales, como si los edificios, pupitres y pizarrones también se tomaran un descanso: en momentos así los colegios parecen templos donde se venera el saber por encima de todas las cosas.

Llenas del bullicio de los alumnos o durante el receso de la temporada estival, las escuelas son todas hermosas porque educan para la vida, forjan la personalidad del hombre nuevo, responsable del futuro de la patria.

Para quienes ya sobrepasaron la etapa de estudiantes, el reencuentro con la escuela donde estudiaron alguna vez puede ser una tremenda experiencia, pues acuden a la mente de inmediato los recuerdos de un tiempo que, sin dudas, para la mayoría fue incomparablemente mejor y evocan con nostalgia.

Así me ocurre cuando paso cerca de los centros en los cuales cursé los primeros grados, sin desdeñar los de la enseñanza media y superior que también evoco con especial gratitud: Osvaldo Herrera, hoy Mártires del 28 de Diciembre; las secundarias básicas Wenceslao Rivero y Cucalambé; el preuniversitario Luis Urquiza Jorge, entre otros colegios.

Pero, especial significado tiene la escuelita de barrio donde cursé el segundo grado y mi madre, Nidia Vargas, era mi maestra. Resultó ser un periodo espectacular, durante el cual me sentía protagonista porque llegaba al aula de la mano de mi mamá y eso me hacía sentir orgullosa.

Todos los muchachos y muchachas de los alrededores estudiaron en la escuela de la sabana, así llamada porque cuando la construyeron todo aquello era una inmensa llanura despoblada, y solo con los años fueron apareciendo casas, hasta ser como es actualmente el reparto Santo Domingo.

Los alumnos venían incluso de más allá de la línea del ferrocarril porque no había otro colegio más cerca para ellos. La mayoría procedía de familias humildes, de padres trabajadores, todos muy preocupados por la educación de sus hijos.

En los años 60 recibió el nombre del mártir Roger Humberto Peña y más tarde se llamó Juan Pedro Carbó Serviá. En la actualidad es anexa al centro escolar 13 de Marzo.

En la época en que fui alumna de la «escuela de la sabana», era aquel un edificio de mampostería, de paredes muy altas, enormes ventanales -tres al fondo y tres laterales- un portal con dos columnas repello rústico y de tejas coloniales. En la fachada había una placa que decía República de Cuba, 1916.

Con el paso de los años la «escuela de la sabana» se fue transformando. En la década del 70 hubo que cambiar el techo por uno más sólido y en el que no pudieran anidar los murciélagos, entonces se le puso fibro; luego hubo un periodo en que la escuela requería mejores baños, repello y pintura y se logró; pero, el tiempo implacable terminó por deteriorarla.

Mientras se resolvía esta situación, la escuela estuvo cerrada. Los alumnos del barrio se repartieron en otras más o menos cercanas, como el centro escolar Osvaldo Herrera.

En el año 1990 se reconstruyó, para bien de los maestros y alumnos; pero, en el proceso no quedó vestigio alguno del edificio original que había acogido en su seno a varias generaciones de tuneros.

Una escuela centenaria en el corazón de los tuneros

En el año 1990 se reconstruyó, para bien de los maestros y alumnos. (Tiempo21/Foto:Rey Betancourt)

Una construcción moderna, que poco o nada tiene que ver con la antigua, hay ahora en el lugar. Todavía muchos vecinos lamentan que la vieja edificación, patrimonio de la comunidad y del territorio, desapareciera.

Para escribir estas líneas anduve investigando un poco y, asombrosamente, no se conserva nada escrito sobre la historia del centro. Solo los recuerdos de quienes trabajaron o estudiaron allí me ayudaron a completar la imagen guardada en mi memoria con datos de otras épocas.

Algunos aportaron nombres de maestras que impartieron clases en ese centro: Conchita Vidal Miranda y Martha Betancourt, ya fallecidas; Lourdes Figueiras, Edith Tablada, Justina García, Esperanza Betancourt, María Elena Dovales, Deysi Solórzano, Consuelo Moro, Carmen Sedano, Raisa Vidaillet Lahens…

El curso 2016-1017 iniciará con la «escuela de la sabana» -que así continúan llamándola- pintada y embellecida. Para orgullo de quienes ocupamos sus pupitres y aprendimos allí las primeras letras, el plantel está cumpliendo 100 años de fundado y, aunque haya perdido los atributos que por mucho tiempo lo hicieron parte del paisaje del barrio, continuará ocupando para siempre un lugar privilegiado en el corazón de la comunidad.

/YMP/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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