Las Tunas, Cuba. Martes 14 de Agosto de 2018
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Santiago de Cuba y aquella lluviosa madrugada con Fidel

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Santiago de Cuba.-Son muchas las familias santiagueras que evocan hoy, aún con emoción, aquella madrugada del 8 de junio de 2002, cuando cientos de miles se volcaron hacia la Plaza de la Revolución Antonio Maceo a compartir con Fidel Castro.

Desafiando la lluvia y la oscuridad, desde aproximadamente la una antes meridiano, hombres, mujeres y niños de la urbe se movieron a pie y calladamente hacia ese punto de reunión, donde convergerían con otros tantos llegados por carretera desde la vecina provincia de Guantánamo y otros territorios cercanos.

De esta forma la ciudad, tan entrañablemente ligada al líder histórico de la Revolución cubana desde sus años de infancia en la casita de El Tivolí o en las escuelas Lasalle y Dolores en la más temprana adolescencia, respondía una vez más a ese tácito pacto de amor y lealtad entre un hombre y un pueblo.

Esa urdimbre tejida durante décadas y marcada en lo más alto con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, el apoyo incondicional a los guerrilleros en la lucha armada en la Sierra Maestra y en los silenciosos avatares de la clandestinidad, era uno de los resortes que impulsaba a tanta gente en aquella jornada.

Testigo de aquella Tribuna Abierta, como eran nombradas las masivas concentraciones de reafirmación política en Cuba, el profesor universitario Frank Josué Solar recuerda la participación de estudiantes y docentes de la Universidad de Oriente en la de aquel sábado, con las ropas mojadas por la lluvia y la sensibilidad a flor de piel.

José A. Solar, uno de los militares que por su responsabilidad ocupaba el puesto de mando instalado en la planta baja de la Plaza, narra entre las anécdotas que Fidel no pudo contenerse al amparo de aquel techo y salió a la intemperie a compartir con la multitud la humedad que calaba los huesos.

Serían apenas las cuatro de la mañana, rememora, y ya la enorme explanada estaba casi desbordada. Entonces, la preocupación del líder por evitar el traslado de las personas que venían desde los municipios más montañosos y lejanos y podían exponerse al peligro de la crecida de los ríos.

La enorme estatura del dirigente se alzó una vez más por encima de su talla física, con ese halo un tanto místico que tantas veces le ha rodeado. Así fue en el discurso pronunciado entonces, cuando alertó una vez más acerca de la compleja situación internacional.

En sus palabras, el mandatario cubano afirmaba que el pueblo norteamericano era el único que podía frenar y poner una camisa de fuerza a los fanáticos del poder, las arbitrariedades y la guerra. Una pregunta resultó un mazazo: ¿A quién beneficiaron los ataques terroristas del 11 de Septiembre?

Iba a decirles que ustedes batieron todos los récords, fue su primera expresión, a la que un coro inmenso respondió entusiasmado y aprobó unánimemente al escucharle decir: cosas de orientales, cosas de santiagueros y guantanameros. (Prensa Latina)

/DCG/

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