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Oda al eterno presidente de los universitarios cubanos

Oda al eterno presidente de los universitarios cubanosEl nombre José Antonio Jesús del Carmen parece ser muy grande y distante para quien simplemente conocemos en Cuba como José Antonio Echeverría Bianchi o de manera más familiar y cercana, Manzanita, apodo ganado en franca alusión al color sonrosado de su cara y su físico voluminoso.

Este paradigma de revolucionario nació el 16 de julio del año 1932, en Cárdenas, Matanzas, en tiempos de plena lucha contra la dictadura de Gerardo Machado. Desde su etapa de estudiante ya despunta como un verdadero líder, electo y reelecto en diversos cargos dentro de la directiva de la asociación de alumnos durante el Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza.

Con solo 18 años, José Antonio matricula en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana y casi de inmediato lo eligen delegado de asignatura y de curso.

Tras el golpe de estado  del exdictador Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952se une a los miembros de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) para luchar contra el cuartelazo. Entonces es seleccionado presidente de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Arquitectura y forma parte de la FEU.

Su cargo y sus actividades como dirigente estudiantil le valieron golpizas, persecución y encarcelamiento. En tanto, se intensifica su recorrido por varios países para dar a conocer la lucha que se libra contra Batista y se hace combatiente de la clandestinidad.

Pero fue el 13 de marzo de 1957 cuando el joven rebelde se agigantó en la historia. En esa fecha, al frente de un comando de 15 jóvenes, transmite una alocución al pueblo por la emisora Radio Reloj, en una acción conjunta  con el Asalto al Palacio Presidencial; sale hacia el centro de altos estudios y la policía lo asesina en un enfrentamiento junto a la escalinata de la Colina Universitaria.

Representaciones de los sucesos tienen lugar en el país año tras años, para no dejar en el olvido un suceso doloroso y heroico a la vez.

En las nuevas generaciones de cubanas y cubanos se multiplica ahora el ejemplo de aquel muchacho reconocido como el primero en todas las manifestaciones, al que se recuerda alegre y sereno, fiero en la lucha, afable en el trato, carismático, orientador en la tribuna, certero en la crítica, humano, justo, honesto y amistoso.

Dicen quienes le conocieron que surgió de las masas abriéndose paso a fuerza de estudio y coraje.  Coinciden varios en que superarlo era imposible, e imitarlo, muy difícil. Todo ello lo hizo ser el compañero más querido para todos y el más respetado.

Al morir solo contaba con 24 años, se tronchó así una vida colmada de inquietudes, de un ser jaranero, que gustaba de jugar al fútbol  y oír a Benny Moré.

Por eso es justo que la novel hornada tenga su imagen sin tantas idealizaciones, sin   quitarle la parte humana y natural de su hombría y de su juventud. Sobre su muerte  uno de sus compañeros más allegados, dijo: El Gordo cayó como un valiente.

/ymp/

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