Las Tunas, Cuba. Jueves 21 de Junio de 2018
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La historia: escudo de la nación

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Eliezer Ahmed Melo Abad
Agencia Cubana de Noticias

En los inicios del cuarto lustro del siglo XXI, cuando aún el imperialismo no ha reconocido sus expresiones de crisis de vida, se aferra en su política neoliberal, hegemónica y guerrerista, resulta más que necesario estar atentos al discurso de algunos defensores de la modernidad, los cuales predican con palabras «mágicas», que olvidar el pasado es el acto más inteligente para desprenderse del estancamiento ideológico, fruto de un pensamiento retrógrado e inmóvil.

Actualmente, cuando aires supuestamente renovadores   pretenden dar lecciones de dialéctica, recuerdo un axioma del profesor de historia, actual Doctor Honoris Causa en Ciencias Pedagógicas, Horacio Díaz Pendas: «Somos identidad, entre otras cosas, porque somos memoria».

Y es que ¿a quiénes realmente conviene que existan naciones desmemoriadas? ¿qué hubiera sido de todo nuestro pueblo, si ante un proyecto neoconservador, como es la globalización, olvidáramos la historia? ¿No hubiéramos sido devorados por el tiburón como sardinas?

Sí, porque la globalización significa un atentado contra la diversidad cultural y el respeto a las identidades de los pueblos. Ella pretende homogenizar a los hombres y mujeres; estandarizar valores, robar la memoria de los Estados.

Por eso los gastos sociales, entre ellos la salud, el deporte, la cultura y la educación no forman parte de sus políticas económicas, contrario a como sucede en la Cuba de hoy.

El mercado se erige como la sacrosanta verdad, construyendo una ética basada en el individualismo y la falta de solidaridad humana.

Por consiguiente, frente a este proyecto neoconservador se revela la historia y su enseñanza como fuerza motriz del desarrollo.

Palparla día a día, vivirla y sentirla, fortalece la identidad nacional, el rescate y la preservación del patrimonio de la nación, los valores tradicionales y algo que siempre ha sido la clave del por qué hemos podido resistir estoicamente el brutal y despiadado bloqueo de Estados Unidos: mantener la moral y el espíritu de lucha como el primer día. El fortalecimiento, entre otras cosas, de la unidad de todos los cubanos desde la diversidad. Venerando nuestras gestas y sus próceres.

Esa cultura histórica de resistencia permite, desde el barrio hasta la nación, defender nuestras conquistas, a partir de la acción creadora del hombre y la mujer; situándolos en el plano central de la vida, porque la solidaridad humana y el colectivismo forman parte consustancial de este proyecto social que abraza todo el pueblo cubano, hace más de media centuria.

Por ese motivo, el peor de los errores que puede cometer cualquier país es darle la espalda a su historia, pues ella es la columna vertebral de cada nación: su escudo protector.

/ymp/

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