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Alma Cándida, semilla de la cultura en Las Tunas

Alma Cándida, semilla de la cultura en Las TunasUna de las grandes mujeres de la cultura en Las Tunas, desafortunadamente ya no estará más junto al pueblo que la admira, aunque la semilla de su arte continuará creciendo fuerte.

Hablamos de Alma Cándida Rodríguez, consagrada educadora cuya voz aun se escucha en cada espacio que privilegió con su canto.

Nació un 10 de marzo de 1928 en Gibara, pueblo de la provincia de Holguín, donde comenzó a temprana edad a decantarse por la música con la guía de su padre, Pelagio Rodríguez Calderón, maestro y promotor de las primeras actuaciones improvisadas.

En 1944 la familia se muda para Las Tunas con el fin de mejorar la situación económica. Pelagio comienza a trabajar en la Banda Municipal y la orquesta Miramar, lo que permite a Alma Cándida proseguir los estudios de piano.

Por los caminos de la música conoce el amor y contrae matrimonio con el violinista Carlos Aguillón, con quien tiene cuatro hijos: Gerardo, violinista de profesión, fue fundador de Caisimú y de la Charanga Habanera; Clotilde y María del Pilar, quienes se graduaron como actrices de teatro infantil y trabajan en el Guiñol de la ciudad. Juana, la única que no se aventuró en el escenario, también heredó afinación y talento.

Varios espacios acogieron el arte de Alma Cándida, entre ellos los teatros Martí y Rivera, y Pro-Arte, en dúo con una de sus hermanas.

A inicios de los 60 emprendió el camino irreversible de la dirección coral, que le llevaría a impulsar esta expresión musical en varios colectivos laborales, llegando a distintos rincones de la provincia.

Entre sus méritos figura el nacimiento del Coro Municipal de Las Tunas, la participación en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, y sobre todo el orgullo de enseñar a varias generaciones de niños y jóvenes. También el Ministerio de Cultura, y la escuela de arte El Cucalambé, desde los primeros días de ajetreo, fueron testigos de esta incansable mujer.

Hoy la ciudad le despide, pero abraza la presencia imperecedera de Alma Cándida, ser que sigue latiendo en la huella que dejó impresa al centro de la cultura tunera.

/dcg/

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