Lecturas

El Cucalambé: el mayor poeta popular cubano del siglo XIX

El-cucalambeLa fértil tierra de la finca El Cornito, en la antigua Victoria de Las Tunas –hoy ciudad de Las Tunas, en esta provincia de igual nombre- acogió los primeros pasos del vate que, 187 años después de su primer berrido, continúa siendo objeto de recordación y homenaje.

Juan Cristóbal Nápoles Fajardo abrió sus ojos al mundo el primero de julio de 1829, en el idílico lugar, favorecido por la naturaleza de los campos, adornado con el verdor que solo la vegetación de la Isla es capaz de ofrecer al artista como un desafío ante lo inimitable, ambientado con el canto de las aves y el correr de las aguas del río.

Miembro de una familia acomodada -poseían una finca y el ingenio El Cornito- pronto el pequeño Juan Cristóbal dio muestras de tener aptitudes para apreciar la belleza de su entorno y reproducirla, según lo captaba su exquisita sensibilidad.

Ya vino la primavera / Sobre nuestros campos bellos / Y el sol fulgurante en ellos / Fuertemente reverbera. / En la selva y la pradera / Cantan ya los ruiseñores, / Los zorzales trinadores / Alzan alegres el vuelo / Y ya se entapiza el suelo / De hierbas, plantas y flores.

Por esta virtud destacó entre sus hermanos, y su abuelo materno decidió darle a conocer los autores clásicos como Homero, Virgilio y Horacio, además lo indujo a profundizar en el conocimiento de la literatura clásica española y de los poetas cubanos Zequeira y Rubalcava.

Su hermano, Manuel Nápoles Fajardo, Sanlope, lo inició en los caminos de la poética y la retórica.

De espíritu inquieto y vivaz, además de la poesía tuvo otros empleos en qué ocupar su tiempo y talento; así fue periodista, editor y dramaturgo.

Juan Cristóbal encontró el amor en la joven Isabel Rufina Rodríguez Acosta, con quien contrajo matrimonio y fue su compañera hasta el final de sus días. Era Rufina musa, confidente, amiga y con ella compartía inquietudes estéticas o de la vida cotidiana.

Las primeras décimas guajiras de Nápoles Fajardo aparecieron en El Fanal, publicación periódica de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, la actual Camagüey, en 1845. Luego colaboró con la Piragua, órgano del grupo siboneyista, por ello se dice que fue un genuino representante del siboneyismo y el criollismo en la poesía cubana.

A consecuencia de los ataques de sus enemigos, adoptó el seudónimo Cucalambé que, según el ensayista y poeta Carlos Tamayo Rodríguez, significa «cierto baile de negros».

La obra literaria de Juan Cristóbal es extensa y variada a pesar de su corta y azarosa vida. En 1856, publicó Rumores del Hórmigo, considerado un clásico de la lírica en la Isla.

Presentó en 1859 su obra teatral Consecuencias de una falta, drama en cuatro actos escritos en versos.

Además de décimas escribió sonetos, letrillas, epigramas y romances. En 1886 se publicó una colección de sus poesías inéditas.

Tomó parte en la conspiración de Agüero, en 1851, asimismo en otras posteriores, y bien pudo esperarse que participara en las guerras por la independencia de Cuba, teniendo en cuenta sus manifestaciones de incipiente amor patrio, la mayoría expresas en sus versos, todos escritos mucho antes del Grito de Yara.

En 1858, acompañado de su esposa e hijos, se trasladó de su pueblo natal a Santiago de Cuba, donde continuó escribiendo y colaboró en algunas publicaciones periódicas. No obstante, su precaria situación económica lo obligó a aceptar del gobierno español el cargo de pagador de Obras Públicas.

A fines de 1861, durante su estancia en Santiago, desapareció sin dejar huellas; contaba entonces 32 años de edad. Existen varias versiones acerca de su muerte, cuyos tintes de misterio contribuyen a hacerla más dramática, si cabe, pero la más aceptada por mucho tiempo fue la del suicidio, aunque el investigador tunero Carlos Tamayo Rodríguez al respecto tiene otras consideraciones.

Plantea Tamayo que: «Juan Cristóbal Nápoles Fajardo no desapareció: lo hicieron desaparecer para encubrir el robo del dinero en Cabo Cruz, donde se ejecutaba un faro, aún existente en la actual provincia de Granma; el Pagador de Obras Públicas les enviaba mensualmente los salarios a los constructores por medio de una compañía naviera aseguradora».

Como es lógico, esta desaparición, forzada o voluntaria, suscitó muchas conjeturas y acusaciones que han trascendido hasta nuestros días, sin haberse aclarado totalmente el misterio.

En tanto el investigador devela el trasfondo de lo ocurrido hace más de un siglo, el legado poético, cultural, patriótico de la vida y obra de El Cucalambé es una realidad vigente en los campesinos que entonan sus versos en los guateques o quehaceres cotidianos; en quienes se inspiran leyendo sus décimas para seguir cantando a la patria, al hermoso paisaje de los campos de Cuba, a una bella criolla, en fin, para cantarle a la vida.

Digamos entonces que aún estamos en deuda con ese guajiro criollo, eternamente joven y enamorado de su Patria y de Rufina, conocedor de la tierra y de la dura faena para hacerla producir, editor, periodista y el mayor poeta popular cubano del siglo XIX.

Por siempre, gracias.

/ymp/

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