Las Tunas, Cuba. Jueves 21 de Septiembre de 2017
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Asamblea de la OEA, y la derrota de Almagro y Estados Unidos

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Tony López R
Prensa Latina

La Habana.- La OEA, su Secretario General Luis Almagro y sus patrones en el Departamento de Estado en Washington, sufrieron una importante derrota en sus pretensiones de aplicar la injerencista Carta Democrática a Venezuela durante la 46 Asamblea General, en República Dominicana.

Ciertamente los planes de Estados Unidos contra Venezuela se encontraron una sólida unidad de los países del ALBA y Petrocaribe, Almagro quedó absolutamente descolocado.

Debe tomarse en cuenta que, de los 34 países que integran esta organización multilateral, la moción presentada por el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue derrotada por 19 países que votaron por el No, mientras que 12 países lo hicieron a favor de la propuesta de Almagro; dos se ausentaron y uno se abstuvo.

En total son 15 países que no apoyaron a Venezuela, lo cual dejó muy dividida a la organización panamericana.

Es decir, esta desprestigiada organización regional ha sufrido un sensible golpe y está prácticamente dividida, casi un 50 por ciento de su membrecía desaprueba la conducta de su Secretario General, lo cual lo descalifica para continuar en el cargo.

Más aún cuando violando los propios principios y reglamentos de la OEA, se atrevió a convocar a un acto política y jurídicamente inaceptable.

Sin embargo no debemos dejar de reconocer que aún la OEA tiene influencia y poder en nuestra región.

La propuesta que presentó Almagro tuvo el absoluto respaldo de Estados Unidos y sin ser pitoniso, se conoce que este país es quien patrocina e impulsa una intervención en Venezuela.

La decisión del presidente Barack Obama, de considerar a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos es una irrefutable prueba, decisión que acaba de prorrogar por un año más.

Si Estados Unidos no ha jugado su última carta en contra de Venezuela, es porque el escenario político-electoral interno le impide apostar a fondo para lograr apoyo de la OEA en sus posiciones injerencistas.

Me refiero a una previsible intervención militar, obviamente después de las elecciones y en dependencia de quien sea elegido.

Veremos cómo se manejarán los nuevos ocupantes de la Casa Blanca, todo estará en dependencia de la coyuntura internacional, pero no debe descartarse cualquier proyecto o plan de Estados Unidos para eliminar la Revolución bolivariana.

El gran problema que tiene el país del norte es que no estamos en los años en los cuales dictaban órdenes a los presidentes de la región.

Los pueblos han tomado conciencia, en especial el pueblo bolivariano, y no deben subestimar que las ideas de Bolívar y Chávez están presentes y seguramente tendrá una gran oposición.

La demencial matanza de Orlando ha despertado, con el apoyo de los medios, una ola de xenofobia y acentuado la política antiterrorista.

Esto puede pesar en los resultados electorales, sin dejar de reconocer que cualquiera de los dos candidatos que gane el sillón presidencial no le temblará la mano para tomar cualquier decisión frente a Venezuela.

No hay que olvidar que el petróleo, gas y recursos minerales incluyendo el oro, es demasiada tentación para el imperio.

También le faltan otras piezas clave para una intervención de carácter militar y respaldo de la Carta Democrática, entre otras son: que se logre concretar la paz en Colombia. Ello eliminaría un gran escollo para una aventura militar.

Otro elemento que deben esperar será el desenlace del juicio a Dilma y su permanencia o no en la presidencia de Brasil y que Mauricio Macri logre estabilizarse en la presidencia.

Estos son elementos importantes para la toma de decisiones por parte de Estados Unidos.

Tener presente que pese a lo sucedido en Dominicana con la derrota de Almagro, la derecha fascista en Venezuela sigue un plan, bien diseñado, los hechos vandálicos en diversos estados venezolanos contra supermercados y los intentos de dar la imagen de caos es de vieja data.

No podemos olvidar lo que hacía Patria y Libertad, del fascista Pablo Rodríguez, en el Chile de Salvador Allende, organizando conatos callejeros, desabastecimientos promovidos por los empresarios, mercado negro, devaluación de la moneda.

Es un evidente plan gringo, con sus matices. (Decir esto es una verdad de perogrullo, pero hay que recordarlo).

La victoria del presidente dominicano Danilo Medina, al solicitar que la OEA pida perdón por su apoyo y complicidad a la injustificada y brutal intervención militar de Estados Unidos en 1965 en su país, es un hecho político importante y un golpe no solo a la OEA, también a Estados Unidos.

Pero luego de 51 años de aquellos hechos, no podemos olvidar que los yanquis intervinieron, no solo con la complicidad de la OEA, sino con el mandato y amparado en el vergonzoso Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que hoy es en la práctica sustituido con la no menos injerencista Carta Democrática.

En esa intervención a República Dominicana, no olvidemos que el grueso de las tropas fueron gringas, pero tuvo también un importante destacamento militar brasileño y de otros pequeños países de nuestra región presionados por Estados Unidos.

Hay un viejo dicho que dice: «Roma paga, pero desprecia a los traidores», ese ha sido el pago al señor Almagro, cuando a solicitud del secretario de Estado John Kerry, se realizó en Dominicana un encuentro con la digna canciller venezolana Delcy Rodríguez.

Kerry pidió a la representante del pueblo bolivariano, que su gobierno deseaba restablecer el diálogo con el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

El gesto público de Kerry es positivo, deja sin piso las posiciones de Almagro, y es también un golpe a la extrema derecha venezolana y a sus dirigentes agrupados en el Movimiento de Unidad Democracia (MUD).

Pero pese a esa actitud no hay que dormirse en los laureles, Estados Unidos modifica tácticamente su política pero su conducta injerencista estratégica sigue intacta, la apreciamos en esta última década con formas y modalidades distintas.

Así tenemos el golpe de Estado en Honduras, cruento y militar; golpe blando en Paraguay contra el gobierno de Fernando Lugo; manejo mediático en Argentina para confundir y lograr el triunfo de Mauricio Macri, uno de los peores personajes de ese país a la presidencia de Argentina.

También el desarrollo de un golpe en Brasil, cuyo final es hasta ahora imprevisible. Fuertes ataques y conspiraciones contra Evo Morales y Rafael Correa. Y el triunfo presidencial en Perú de un hombre que se declara aliado de Estados Unidos.

Compleja y difícil situación interna en Colombia frente a la arremetida del fascista Álvaro Uribe Vélez, enemigo acérrimo de la paz en el país, quien ha lanzado un movimiento de recogidas de firmas contra del proceso de paz.

En fin un escenario bien complejo y sobre el cual hoy más que nunca hay que levantar la unidad y solidaridad con Venezuela y Brasil, y con todos los países que integran el ALBA, fortalecer la Celac, Unasur y todas las organizaciones multilaterales como la Asociación de los Países del Caribe.

/ymp/

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