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Che, el abrazo a un héroe

Che, el abrazo a un héroeQuién que haya escuchado su nombre no ha sentido el estremecimiento en el cuerpo al comprobar la grandeza que despliega en un continente. Hombre sin techo, sin ataduras, porque para él la Patria fue toda, y en toda ella se tiende su grandeza.

Imposible adivinar que aquel 14 de junio de 1928 le nacía un dios a la América Latina, venerado en los más remotos pasajes, allí donde el esfuerzo humano llega con el impulso del alma.

Imagen y compromiso repetido en cada pionero cubano que se traza como meta seguir su ejemplo. Y la historia de vida se aprende –no de memoria-, pues las fechas se pierden en la comprensión de las renuncias personales, de la intransigencia, del compañerismo.

Y las manchas del sol se difuminan en los muchos méritos de quien supo sobreponerse a limitaciones físicas, enfermedades ante las que apuró el paso para alcanzar esa innegable condición de líder.

Hoy le abrazo, a aquel hombre inmenso que fue Ernesto Guevara de La Serna, porque he aprendido a humanizarlo más allá de la leyenda. Y me abraza, pero lo hace el dolor de no haberle conocido, de perseguir artículos dispersos y testimonios, tratando de trazar la grandeza que va más allá de una imagen captada por un lente afortunado que nos lo describe como un ejemplo eterno.

Condujeron el accionar del Che ideas novedosas, conocimiento de las ciencias, nociones precisas de economía y de lo que necesita una Revolución que se construye de cara al pueblo, con la ambición de llegar a todos.

Recordamos a ese Ernesto que no renunció nunca a sus ideas y principios, aunque quizás la vida fuera el precio a pagar por la firmeza. Así nos lo ha presentado más de una vez el líder cubano Fidel Castro, en los días previos a la travesía del Granma.

También hemos repasado más de una vez la carta de despedida donde solo dejaba a sus hijos el ejemplo de la renuncia, la persecución constante de un ideal trazado sobre la libertad de los pueblos del colonialismo y la esclavitud que representan ideas injustas.

En esta fecha recordamos la irreparable desaparición del Che en octubre de 1967 en Bolivia, allí donde llegan los humildes del mundo a pedir a San Ernesto de la Higuera; más el momento debe ser para el recuento de una vida, esa que se multiplica cada 14 de junio en el pueblo cubano y en el mundo, quienes también le abrazan.

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