Historia

Antonio Maceo: lecciones de Historia para Barak Obama

Evocar a Maceo obliga a recordar que a punto de concluir la Guerra de los Diez Años, el Ejército Libertador contaba apenas con cuatro mil combatientes, frente a cien mil efectivos desplegados en toda Cuba por España, considerada entonces una de las más fuertes potencias militares.

Durante casi una década, nuestros compatriotas lucharon con simpar heroísmo y sin ninguna experiencia que no fuera aquella acumulada en la propia contienda.

Además de estar mal armados, descalzos, semidesnudos, hambrientos y muchos de ellos enfermos, los cubanos carecían de ayuda exterior, pues las escasas expediciones organizadas por la emigración caían en manos de los españoles y las autoridades norteamericanas, igualmente interesadas en impedir la independencia de la Isla.

En esas circunstancias, la hábil política llevada a cabo por el general español Arsenio Martínez Campos,  consiguió que algunos jefes insurrectos aceptaran la paz mediante el llamado Pacto del Zanjón, sin haber logrado los objetivos cardinales de la guerra.

Pero el Mayor General Antonio Maceo Grajales, al frente de sus tropas, acantonadas en la zona oriental, se negó a admitir la paz sin independencia y sin la abolición de la esclavitud.

Así lo hizo saber al mando español y a la opinión pública mediante la Protesta de Baraguá, pues, como dijo el Héroe Nacional de Cuba José Martí: Maceo tenía «…en la mente tanta fuerza como en el brazo». En breve reanudó las hostilidades y salvó el honor de la patria para todos los tiempos.

Esa es la historia. Pero resulta que hace poco vino el señor presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a decirnos a los cubanos que: «Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza».

Porque menosprecia la historia, el mandatario norteamericano no cree que Maceo está aquí, tan vivo y enérgico como en Baraguá. Por eso Fidel Castro, máximo líder de la Revolución cubana, se lo recordó en sus reflexiones tituladas El hermano Obama.

Dijo Fidel en su artículo: «Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado…».

Seguramente, Obama  no percibe en esas palabras la vibrante frase del General Antonio: «Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».

Sordo a la voz de la historia, tal vez el presidente estadounidense tampoco entienda este mensaje de Maceo: «…mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso».

Para comprender mejor la realidad, a Obama le convendría prestar atención a esta resolución trasmitida por Fidel: «…somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada».

Si aún no bastara, el inquilino de la Casa Blanca debiera prestar atención a esta otra máxima del General Antonio: «La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos».

/dcg/

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