Las Tunas, Cuba. Viernes 24 de Noviembre de 2017
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Enmienda Platt, una afrenta para Cuba

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El 12 de junio de 1901 se aprobó la Enmienda Platt, un documento bochornoso para el pueblo de Cuba y, sobre todo, para los mambises que aún lamentaban la intervención de Estados Unidos en la guerra que tenían prácticamente ganada.

Iniciaba así un duro periodo para los cubanos que veían frustrados sus sueños de independencia, aquellos por los que habían luchado contra la metrópoli española durante largos años.

Tras la intervención, el ejército americano se mantenía en la isla a pesar del descontento del pueblo. Estados Unidos velaba por sus intereses en el país -en el sector azucarero la mayoría- a la vez que temía que un gobierno elegido aquí no fuera dócil ante sus mandatos o peor, fuera uno revolucionario.

Para los yanquis era vital garantizar mantener una nación con «independencia», pero sometida a los intereses de la nueva metropóli, de manera que pudieran extorsionarla a capricho.

La solución no se hizo esperar, y la Enmienda Platt consiguió satisfacer el afán hegemónico del imperio a partir de sus disposiciones fundamentales.

Pero, ¿en qué consistía la referida enmienda?

La Enmienda Platt era un anexo insertado en la Ley de Presupuestos del Ejército aprobada por el Congreso de los Estados Unidos y que se impuso en la primera Constitución de la República de Cuba.

Fue presentada por el senador Orville Platt, de quien tomó el nombre, y quedó aprobada por la Cámara el 2 de marzo de 1901.

Este documento era un ataque a la soberanía de Cuba. Determinaba que el país caribeño no podía realizar ningún tratado con otra nación que limitara su independencia. Además el suelo cubano no podía ser utilizado como base de operaciones militares contra los Estados Unidos; establecía la cesión de porciones del suelo cubano para ubicar estaciones navales norteamericanas; las relaciones comerciales se regularían por un tratado de reciprocidad; concedía a Estados Unidos el derecho a intervenir en Cuba cuando lo estimara.

Al conocerse la propuesta, se originó el debate entre los delegados de la Asamblea Constituyente. Una parte de ellos estimó que no tenía atribuciones para opinar acerca del contenido de la enmienda. Otra, encabezada por Eliseo Giberga, consideró que sí poseía competencia para hacerlo.

Algunos asambleístas sugirieron que se creara una comisión con el encargo de elaborar una respuesta al gobierno estadounidense, en que se solicitaran aclaraciones sobre algunos puntos de la Enmienda Platt.

El 11 de abril, un grupo de delegados propuso que antes de que fuera aprobada la comisión encargada de analizar con las autoridades de Estados Unidos cuestiones relacionadas con la Enmienda Platt, se declarara definitivamente que el criterio de la asamblea era contrario a esta. La proposición fue aprobada por mayoría de votos.

La comisión, presidida por Domingo Méndez Capote, llegó a Estados Unidos el 24 de abril, y al día siguiente fue recibida por Elihu Root y Leonard Wood, quienes insistieron en que ninguna de las cláusulas lesionaba la soberanía de Cuba, y aseguraron que el presidente McKinley aprobaría un convenio comercial favorable a las producciones cubanas.
A su regreso a Cuba, los comisionados dieron a conocer los resultados de su gestión, y continuaron las discusiones. Un grupo de asambleístas mantuvo sus posiciones radicales en contra de la aprobación de la enmienda, por considerarla inconstitucional.

Por su parte, el Secretario de Guerra de Estados Unidos, rechazó las recomendaciones propuestas por la Comisión de Relaciones de Cuba.

Después de intensos debates, la mayoría de los delegados aceptó incluir en su Constitución la enmienda Platt, pues consideraban que era esa la única forma de instaurar la república y que Estados Unidos retirase las tropas de la isla.

Entre las personalidades que se alzaron contra la enmienda destacaron Manuel Sanguily, Salvador Cisneros Betancourt y Juan Gualberto Gómez.

El 12 de junio de 1901 la enmienda Platt fue aprobada por 16 votos a favor y 14 en contra. Esta norma estuvo vigente hasta el año 1934 en que se firmó un nuevo tratado entre los gobiernos cubano y norteamericano.

Curiosamente, el general Leonard Wood, gobernador militar de la Isla durante la ocupación norteamericana, emitió un criterio sobre la enmienda que retrata con claridad sus fines políticos y económicos:

(…) Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y durante el período en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo (…).

Para vergüenza de los cubanos que estuvieron de acuerdo con la Enmienda Platt desde el principio, las palabras de Wood vaticinaron lo que luego fue realidad: una pseudo república, gobiernos entreguistas, explotación y miseria del pueblo que derramó tanta sangre generosa en los campos de Cuba y el saqueo de nuestras riquezas naturales.

Solo el triunfo de la Revolución, el 1ro de enero de 1959, reivindicó los anhelos de quienes se opusieron a la enmienda por ser una afrenta y una injerencia oprobiosa en una isla que es por derecho y por voluntad de sus hijos libre y soberana.

A 115 años de haberse aprobado, la Enmienda Platt sigue lesionando nuestros derechos con la presencia aún de la base militar de Estados Unidos en Guantánamo. Queda esperar que las relaciones con el gobierno norteamericano propicien la retirada incondicional de las tropas extranjeras allí acantonadas contra la voluntad expresa del pueblo de Cuba.

/ymp/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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