Opinión

Una decisión para el futuro

Una decisión para el futuro

Las Tunas.- Se acerca el fin del curso escolar 2015-2016 y los alumnos de las diferentes enseñanzas y sus familiares se preparan para un bien merecido descanso durante los calurosos días de verano.

Pero, ¿acaso los resultados de todos los estudiantes serán los mejores o al menos los esperados? En muchos casos no, y aunque la mayoría de los desaprobados, o aquellos que pasaron de grado con bajas notas, también tomen unos días de asueto, me parece oportuno una reflexión para enmendar ciertas actitudes que solo conducen a un desagradable final.

Mucho se habla por estos días del incremento del uso de Internet y de teléfonos celulares por un número considerable de personas de todas las edades, que hoy disfrutan los beneficios de las nuevas tecnologías a la vez que se convierten en adictos a las computadoras, móviles, tabletas y cuanta «golosina» de este tipo aparezca.

Me permito la digresión para referirme a la cantidad de adolescentes y jóvenes que no se concentran en el estudio porque las horas de juego frente a una máquina -incluyendo el chateo, la comunicación utilizando Wifi.- acaparan su atención mientras los padres y maestros se desesperan ante las malas notas y las pocas perspectivas de una carrera de nivel superior, ni siquiera de una escuela de oficios.

Sin dudas, los tiempos han cambiado mucho; pero, en esencia, la necesidad de prepararse para la vida, de labrarse un futuro sigue siendo un imperativo, lo mismo que hace varias décadas atrás.

Los mayores están obligados entonces a abrir los ojos de sus retoños para finalmente conseguir que compartan el tiempo entre los celulares y los libros, pero responsablemente,  es decir, otorgándole a cada actividad la prioridad que merece.

Las horas de estudio no deben violarse, hasta los más aventajados necesitan repasar los contenidos para fijar los conocimientos. El parque, la plaza y la Wifi permanecerán donde están y podrán aprovecharse en un momento más adecuado.

Una decisión para el futuroClaro, los adultos también caen en las redes de las nuevas tecnologías, y se envician tanto como los jóvenes; sin embargo, para los primeros siempre es más fácil decidir qué conviene más.

En tanto, los muchachos y muchachas responderán con la inmadurez propia de su edad si queremos imponerles disciplina y control, sacrificios y entrega. Por eso, es preciso lograr desde edades tempranas que sean serios en el cumplimiento de sus tareas y comprendan la importancia de estudiar y aprender.

No se trata de prohibir el acceso a los modernos y útiles avances de la ciencia y la técnica que, de hecho, cautivan y seducen hasta a los más viejos, sino de fomentar los valores de que tanto se ha hablado en los últimos años y apelar a ellos: responsabilidad, laboriosidad, respeto y muchos más.

Es tiempo de poner coto a la desidia de unos y otros, de elegir el mejor camino, así los resultados del curso serán superiores en cantidad y calidad de los aprobados y, por supuesto, no habrá razón para echarle toda la culpa a la escuela por lo que se dejó de hacer en casa. Estamos a tiempo…

/dcg/

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