Las Tunas, Cuba. Miércoles 18 de Octubre de 2017
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Luis Carbonell en todos los tiempos

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Luis Carbonell en todos los tiemposUn mulato santiaguero conquistó la fama y el corazón de los más diversos y exigentes públicos a fuerza de talento, sacrificio y dedicación.

Luis Mariano Carbonell Pullés, para los cubanos sencillamente Luis Carbonell, era ese mago de la palabra, pintor de criollas escenas que por siempre han quedado en la memoria de su público y en tantas imágenes queridas, siempre sonriente en un escenario.

De niño, su madre no quería que recitara, aunque el pequeño había aprendido a hacerlo con Olga, su hermana mayor, y a hurtadillas él aprendía con facilidad los versos que luego desgranaba ante cualquier auditorio improvisado.

Pero, su verdadera vocación era la música: quería ser pianista y no médico o abogado como trazaba la educación familiar. En un hogar en el cual reinaban seis hermanas, el único varón debía prepararse para una profesión decente y bien remunerada.

Por suerte para quienes lo admiramos, Carbonell no se dejó intimidar y muy pronto su pasión por la poesía lo llevó a declamar primero en casa de su maestra de piano, Josefina Farré Segura,luego dondequiera que alguien le pidiera hacerlo.

Hasta que un buen día conoció a Ángel de Goya, que tenía un programa de radio, en la emisora CMKC y lo invitó a recitar en ese espacio. Tenía entonces 15 años.

En la radio se desempeñó como pianista acompañante, director artístico y cultivó el arte de la recitación, al mismo tiempo que actuaba en los teatros Oriente y Cuba.

Pero, Santiago le iba quedando estrecho a sus afanes de dominar el arte de la recitación y conquistar la escena. Por eso, Carbonell marchó a La Habana y allí comenzó una nueva etapa que cerró en 1946, cuando viajó a Nueva York en busca de mejores horizontes.

En Estados Unidos trabajó en una joyería; pero, cuando terminaba su jornada el joven se desdoblaba. Actuaba entonces en veladas familiares y poco a poco se fue dando a conocer, primero en la Casa Galicia, luego en los clubes Internacional y Tropicana como pianista acompañante o recitador, e incluso en ambas modalidades en un mismo programa, junto a prestigiosas figuras.

Fue allí, en Nueva York, al año siguiente que conoció a Esther Borja y Ernesto Lecuona, este último quedó impactado con su buena dicción, su gestualidad y el original estilo que ya lo caracterizaba.

Lecuona adivinó en el perseverante mozo a «un genio de la poesía negra». Gracias a su recomendación, Luis llegó a participar en un programa de la NBC, primer paso para conquistar el continente americano.

Más tarde -también recomendado por Lecuona- conoció a la artista puertorriqueña de mayor popularidad en aquellos momentos en Norteamérica: Diosa Costello, quien en febrero de 1948 lo incluyó una semana en su espectáculo en el Teatro Hispano.

Poco después el Carnegie Hall estuvo a sus pies. Para la ocasión seleccionó textos de los cubanos Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, José Zacarías Tallet, Félix B. Caignet, Rafael Esténger, Vicente Gómez Kemp y Raúl Vianello; del puertorriqueño Luis Palés Matos, el venezolano Manuel Rodríguez Cárdenas y los españoles Federico García Lorca y Alfonso Camín.

El éxito le sonrió desde ese momento, pero pronto la nostalgia de su tierra lo hace extrañar su público de la isla y decide regresar a Cubaen los últimos meses de 1948.

La fama que había ganado con su talento y esfuerzo precedía las actuaciones de Luis Mariano en la isla. Sin embargo, su carrera iba en ascenso porque él no se permitía el descanso y cada presentación era una nueva prueba de fuego.

Empezó a acompañar sus declamaciones con instrumentos musicales, cantantes y bailarines. Según el escritor Reynaldo González:

(…) Sus manos ofrecían una novedosa expresividad al recitar, pero también ganaban la resonancia del piano con una ligereza y un oficio insólitos; su acendrado paladeo de la música ayudaba a sus presentaciones. Traía en la voz algo de bongosero tradicional, decantado por un refinamiento criollo, la flexibilidad de lo vivido y asumido. Sonaba distinto. Era inimitable.

En La Habana se presentó en el Teatro Wagner, hoy cine Yara, donde deslumbró con su talento a los asistentes. Casi inmediatamente, hizo su aparición en el programa De fiesta con Bacardí, en la emisora radial CMQ; en esa ocasión se consagró a nivel nacional como «El acuarelista de la poesía antillana».

La constante búsqueda de novedosos senderos profesionales, lo llevó a convertirse en pionero de la narración oral escénica en Cuba. Su primer experimento en tal sentido lo llevó a cabo, en enero de 1957, en la sala Hubert de Blanck. Alejado por completo de los textos costumbristas con los que lograra la consagración popular, se propuso contar cinco cuentos de igual número de autores cubanos: Miguel de Marcos, Miguel Ángel de la Torre, Lydia Cabrera, Félix Pita Rodríguez y Virgilio Piñera. Aquella presentación fue un éxito.

Carbonell era un ser inquieto e infatigable. Le resultaba fácil cargarse de actividades y compromisos; pero especialmente adoraba transmitir sus conocimientos y formar nuevos talentos.

En su faceta de profesor también obtuvo grandes lauros al anotarse en su lista de alumnos personalidades como Pacho Alonso, Linda Mirabal, Facundo Rivero, Aurelio Reinoso, Los Papines y Las de Aida.

En 1961 participó en la formación del Cuarteto del Rey, de Los Bucaneros y Los Cañas.

A pesar de su vasta cultura y de los grandes escenarios en que actuó, Luis era en esencia un artista popular y, como tal, llevó su arte a programas de televisión, teatros, centros nocturnos, casas de cultura, museos, peñas artísticas e instituciones, acercando más sus declamaciones a la población humilde de Cuba.

Su capacidad para el trabajo le permitió además llevar su arte a todos los rincones del mundo: Puerto Rico, México, Venezuela, Panamá, República Dominicana, Colombia, Estados Unidos, Nicaragua y España, entre otros países disfrutaron de sus presentaciones.

Su quehacer invadió los estudios de grabaciones. La placa Esther Borja canta a dos, tres y cuatro voces canciones cubanas, que en 1955 grabó la firma Kubaney, fue el resultado de una idea suya. Su realización marcó un hecho sin precedentes en la historia de las grabaciones discográficas en Cuba.

En su haber cuentan otros discos que dejan constancia de su amplio repertorio y su profunda cubanía. Estampas de Luis Carbonell, Sonata de San Joaquín, Luis Carbonell en la poesía antillana, Luis Carbonell dice cuentos cubanos, La Rumba y otros poemas, Luis Carbonell, estampas de ayer y de hoy, son solo algunas de las placas grabadas por el versátil artista.

El acuarelista de la poesía antillana obtuvo varios reconocimientos a lo largo de su carrera artística; vale destacar entre ellos la Réplica del Machete de Máximo Gómez (1999), y el Premio Nacional del Humor y de Música (2003).

En su casa de la Habana murió Luis Carbonell, a los 90 años. Hasta el final estuvo acompañado de sus cuadros, diminutas esculturas, caricaturas y suvenires de distintos países, sin olvidar su piano ni su baraúnda de poemas.

Los aplausos de su público y, por qué no, el contoneo de la Fuló, la negra que lo inmortalizó, seguro estuvieron presentes en su últimos momentos de vida, cuando la escena cubana perdió a una de sus principales figuras.

/ymp/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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