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Marilda Legrá, dueña de un patrimonio singular

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Marilda Legrá: dueña de un patrimonio singular. (Tiempo21/Foto: Angeluis)

Las Tunas.- Construir la historia del patrimonio con sus manos, y promocionar la vida y obra del Mayor General Vicente García y sus familiares junto a los comandantes generales de la provincia de Las Tunas, resulta sin dudas el mayor regalo de Marila Legrá, quien por más de 13 años se mantiene al frente del memorial Vicente García, en esta ciudad.

Su vida siempre ha estado al servicio de la formación cultural de otros, y en ello apostó desde que estudió y se graduó de técnica de Biblioteca, en La Habana, y comenzó a trabajar en 1978, sin edad laboral, en la biblioteca de Baracoa, su ciudad natal.

«Estudié y me gradué muy joven, tuve la oportunidad de estudiar la bibliotecología, que me permitió entregar mi alma al programa de la lectura. En poco tiempo me promovieron como directora de la biblioteca de Baracoa, una labor difícil pues sin experiencia alguna debía dirigir a personas mayores con más años de experiencia.

Rememora así que permaneció allí durante 13 años, período en el cual poco a poco se adiestró a partir de cursos para directivos y llevó adelante un proyecto para incentivar la lectura en el territorio, mientras continuaba sus estudios en la Universidad de Guantánamo para licenciarse en Historia y Ciencias Sociales.

Encantada con una ciudad

Así fueron sus comienzos en la promoción de la cultura, un trabajo que en poco tiempo la llevó no solo a  mirar con orgullo el trabajo de las bibliotecarias cubanas, sino a mirar con ojos especiales también otros lugares de la geografía nacional en coincidencia con su familia.

«Desde esa época viajaba a Las Tunas, porque mis hermanos vivían en esta ciudad, y en una de las vacaciones me embullaron y me mudé con mi mamá y mi familia. Comencé a trabajar en la Casa del Joven Creador, en la subdirección y luego la dirección, un trabajo maravilloso con los jóvenes, pues por esa época dirigía la Asociación Hermanos Saíz Lourdes Jacobo, y de conjunto hacíamos un trabajo muy bueno.

«Estando allí, comenzó la construcción de la Plaza Martiana y me cautivó esa idea, veía el movimiento proyectista y constructivo y me encanté. En muy poco tiempo me trasladé y empecé a trabajar como especialista, una experiencia inolvidable durante seis años con Domingo Alás.

»Adquirí muchos conocimientos, atendí prestigiosas personalidades que llegaban a Las Tunas para ver la novedosa plaza, única de su tipo en Cuba y Latinoamérica, una labor que me marcó como profesional y que simultaneaba también como especialista de patrimonio en el municipio.

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La conversación oportuna con las trabajadoras en el Memorial la hacen un ser especial en su colectivo. (Tiempo21/Foto: Angeluis)

«Posteriormente se me propuso la dirección del Memorial Vicente García y lo asumí con cierto temor. Así comencé poco a poco hasta enamorarme de la historia de mi institución», ratifica Marilda quien no se siente una directora inaccesible ante los trabajadores, es una compañera más.

Hoy lleva 16 años de trabajo con el patrimonio. Tocar, conocer con sus propias manos las piezas y objetos que pertenecieron a los mambises tuneros que legaron la historia y la identidad nacional, forma parte de su desarrollo como profesional.

«Mi colectivo en el Memorial Vicente García es muy importante para llevar un buen trabajo, he logrado la cohesión laboral y buen clima institucional. Doy siempre la oportunidad de superación a mis trabajadores y eso me ha dado mucho resultado, pues en la actualidad nos mantenemos entre los primeros lugares entre los centros históricos que sustentan el trabajo patrimonial en Las Tunas».

El Memorial es un lugar muy especial y en él se salvaguardan piezas de un valor patrimonial grandísimo, aquí se protege la memoria histórica de Vicente García, su familia y de los generales mambises que gestaron la gesta emancipadora de la guerra de 1868.

«Todas las piezas que llegan a tus manos, te motivan a seguir estudiando, y yo tuve la oportunidad de adentrarme en la historia del machete de combate, la corneta de órdenes, que no todas las tropas mambisas contaban con una, el reloj y objetos de la familia.

«Pero hay una pieza muy singular perteneciente a Julián Santana que me enamoró, una cachimba expuesta en la exposición permanente,  su base es un fusil que inglés en tiene grabado The Defender, muestra de sus placeres: fumar y luchar por la independencia cubana. Ese objeto ratifica cómo él llevaba presente la lucha cubana como constancia».

En su trabajo la familia es muy importante. «Vengo de una familia numerosa, hermosísima. Mi madre, aunque hoy no está presente físicamente, siempre me convidó a ser una mujer de empeños y nuevos retos, eso se lo debo a ella.

Mi pareja Juan Francisco Borges es músico de profesión, y tengo además dos hijas maravillosas, todos ellos me han llenado de orgullo y satisfacción, apoyan mi labor y todo cuanto me propongo, sin horario ni descansos. Ahora no solo tengo el reto de mantener el trabajo desarrollado sino también de ser abuela, una nueva responsabilidad, enseñarle a una de mis hijas cómo desarrollarse en el arte de la maternidad y posteriormente cómo educar al nuevo miembro de familia», confiesa con total satisfacción.

Los años entregados a la cultura la impulsan a sostener una labor a la cual espera seguir aportando. El Memorial Vicente García ha sido su casa, su trabajo, su vida. «Me queda mucho por estudiar, vivo preparándome, soy trabajadora de la cultura, pienso que no he terminado todavía,  me queda mucho por hacer».

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1 comentario

Amaury Cutiño 23 mayo, 2016 at 13:04

Mucho respeto sentimos muchos tuneros por esta mujer que con tanta entrega desempeña su labor, muy amable y atenta.
Su colectivo se desempeña de igual manera, irradian esa energía bonita.
Da gusto entrar a nuestro Memorial.
Merecido reconocimiento público a Marilda.
Saludos.

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