Las Tunas, Cuba. Domingo 24 de Septiembre de 2017
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Nacidos con el arte de salvar

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Las Tunas.- Las oriental provincia de Las Tunas  cuenta con cuatro mil 384 trabajadores de la enfermería y en estos momentos se forman en la Universidad de Ciencias Médicas Zoilo Marinello, del territorio, 481 técnicos de nivel medio y 183 licenciados, de ellos 17 egresarán al finalizar el actual curso escolar.

El servicio de enfermería abarca el sistema de salud de la provincia, tanto en la atención primaria como secundaria, y una de sus fortalezas es contar con una generación formada en los principios de la Revolución cubana y que ejerce la profesión por talento y vocación.

Gertrudis Arzuaga tiene 65 años y 49 consagrados a la enfermería y asegura que dedicarse a la profesión ha sido su mejor obra.  Siempre soñó ser enfermera, y se inspiró en una señora que pasaba por su casa vestida con el uniforme.

«Desde muy jovencita esa fue mi inclinación, jugaba con las muñecas a curarlas e inyectarlas. Primero me hice auxiliar de enfermera en Las Tunas y luego fui a estudiar a Holguín; me gradué y vine a trabajar a la provincia en la antigua Maternidad y después en el Hospital Mártires de Las Tunas. Fui profesora del politécnico y desde 1980 estoy en el hospital general docente Ernesto Guevara; esta es mi primera casa. Pasé por varios servicios, pero terapia intensiva me marcó».

Cuando llega esta edad de la vida la mujer puede pensar en jubilarse, ¿Qué piensa Gertrudis?

«Yo disfruto mi vida aquí en el hospital, desempeñando mi actividad y consagrada a la humanidad. Me motiva la recuperación del paciente que quisiera que siempre saliera bien. Cuando llegaba a la sala y había un paro, ya ese era un día malo para mí, me lo pasaba deprimida».

¿Cuáles son las prioridades que siempre debe tener un enfermero?

«Ser abnegado, sensible, humano, dulce, honesto y saber amar. Hay que darle valor a la vida de un ser humano».

Ana Rodríguez Meriño sigue activa en la enfermería tras 45 años de labor porque es una carrera que siempre la atrajo. Cuando llega a la sala de angiología del hospital Guevara le imprime su optimismo y conoce bien el arte de hacer sentir a los pacientes como familia.

«Primero trabajé en la Maternidad de Las Tunas, luego pasé más de 20 años en el servicio de cirugía de esta institución de salud. Fui a misión a Venezuela y a mi regreso me pidieron que apoyara el servicio de angiología y aquí estoy.

«Cuando llego todo el mundo cree que soy la jefa de la sala porque me gusta relacionarme mucho con mis pacientes. En la calle a veces me sorprenden pacientes y acompañantes; me saludan, no siempre los reconozco porque son muchos años en la labor.

«Desde niña sentí inclinación por la carrera; vivía en el campo y siempre decía: Yo quiero ser enfermera. Siento mucha motivación y amo mucho por mi carrera».

Idaelia Fernández Gutiérrez camina por los pasillos del hospital Guevara o por las calles y rara vez le dicen su nombre, todos la llaman Pollito, un seudónimo que ganó cuando comenzó como enfermera, porque estaba muy jovencita. Ya han pasado 44 años y está enamorada de la carrera como el primer día.

«Me hice enfermera general en Holguín y soy fundadora del Guevara, pero antes trabajé en el único hospital que había aquí: el Mártires de Las Tunas. Trabajé en cuerpo de guardia, Cirugía, Medicina, Nefrología, pero la experiencia como enfermera intensivista fue fabulosa. Ahora trabajo en el Centro de Oftalmología y estoy muy feliz porque es un servicio magnífico.

«Estoy contenta con mi labor y siento regocijo por el cariño de los pacientes y sus familiares, que donde me ven me saludan con amor. He dedicado mi vida a esta profesión y si volviera a nacer no dudaría en escoger la enfermería.

«Esta es una profesión muy noble, de mucha entrega, sacrificio, honestidad, responsabilidad y amor al ser humano que debes atender, porque lo más importante es la salud».

¿Cuáles son los momentos más gratos para usted?

«Al ver un paciente recuperar su visión, cuando se salva una vida. Para mí es trascendental cuando el paciente me dice: Pollito ya te puedo ver».

Han pasado 44 años, ¿Qué espera del futuro?

«Ya tengo 61 años y no he pensado en jubilarme, mientras me sienta bien y útil a mi pueblo, y a mis pacientes, seguiré realizando mi sueño».

Muchas veces se escucha que el personal de salud no es bien remunerado, que no tienen condiciones. ¿Qué opina al respecto?

«Cuando yo comencé de auxiliar de enfermera, jovencita, ganaba 118 pesos, y hacía un mes turnos de 11:00 de la noche a 7:00 de la mañana, de 3:00 de la tarde a 11:00 de la noche y de 7:00 de la mañana a 3:00  de la tarde. Los uniformes, te daban tres metros de tela para que te lo hicieras y había que almidonarlo, pero uno solo. Hoy puedes tener los que quieras y hasta tuvimos aumento salarial. Es verdad que deben existir algunas condiciones, pero lo más importante en nuestra profesión es el amor, la solidaridad y el humanismo».

El relevo va en camino y Daniela Tejeda Roldo es uno de los ejemplos. Desde el 12 de enero se enfrenta a pacientes en la sala D-2 del hospital provincial donde atiende a las recién paridas.

«Yo escogí la enfermería porque me encanta. Todos los días estoy motivada cuando llego a mi sala y veo a las madres con aquellos bebés preciosos; me inspira ayudarlas con la orientación sobre la lactancia materna. Las pacientes me dicen: Tú eres tan joven, mira que bien me tratas. Me fascina mi profesión».

Yo quisiera hacerme licenciada, enfatiza Daniela, quien está dispuesta a experimentar otros servicios para adquirir nuevos conocimientos.

Salvadoras del futuro…

En el hospital pediátrico provincial Mártires de Las Tunas, con 55 años de atención médica, primero como hospital general, y luego para la asistencia a infantes, laboran enfermeros nacidos con el don de curar el futuro.

Edith Toranzo Gómez es una de las veteranas de la enfermería en la institución y aunque se jubiló, decidió reincorporarse porque extrañaba el trabajo con los niños. En 1970 se graduó como auxiliar de enfermería y luego se especializó en Pediatría.

«Siempre he trabajado con amor porque me gusta mi carrera. Yo regresé porque me gusta luchar con los muchachos, ver como ingresan enfermitos y se van bien. Uno sufre a veces, pero bueno, eso es parte de la vida del enfermero.

«Me estimula la necesidad que hay de enfermeras y me siento fuerte para seguir luchando por mis niños, y por la Revolución, a la que le estoy tan agradecida. Quisiera estar más joven para ayudar más».

Oralina Rojas Báez está muy orgullosa de haber seleccionado la carrera y 40 años después, confiesa que su vida como enfermera ha sido muy bonita.

«La escogí porque me gustaba, tenía vocación y amor por la carrera. Para ser enfermera hay que tener mucha ética, principios y cualidades. También he tenido la oportunidad de cumplir misiones y ha sido una satisfacción para mí consagrar mi vida a curar enfermos».

Sin tabúes, ni complejos…

Rolando Moreno Velázquez considera que los hombres también pueden ejercer bien la enfermería. Ha pasado 27 años en la profesión y no se arrepiente de haberla elegido.

«Nosotros no tenemos fin de año, días festivos, ni siquiera nuestros cumpleaños, si nos toca trabajar; pero el regocijo es ese saludo cariñoso de los padres cuando nos encuentran en la calle y dicen: Mira este es el niño que usted ayudó a curar, ya es un hombre y tiene hijos. Es la profesión del sacrificio diario.

«Hay que ser dedicado, porque un enfermero que no se consagre no puede ser bueno, pues se trabaja con seres humanos y más con niños que no tienen culpa de nada, ni de su enfermedad. La enfermería es amor y dedicación».

René Arévalo Rodríguez está a punto de cumplir 29 años en la profesión y asegura que fue algo innato en él, quizás por su vocación hacia los niños.

«En primer lugar siempre he sentido placer por lo que hago y he tenido el reconocimiento de los familiares, los propios pacientes y mi familia. He podido laborar en importantes servicios como cuerpo de guardia, terapia intensiva, y me preparé como técnico de anestesia, actividad que ejerzo hoy en el salón de operaciones.

«He disfrutado ver cómo salvamos miles de vidas y siempre he dicho que me voy a retirar en la institución y en la actividad que realizo. Ya mi hija me sigue los pasos; estudia Medicina y tengo sobrinas enfermeras.

«Un enfermero, lo primero que debe tener, aparte de la ética médica que es un elemento vital, es responsabilidad, y también le inculco a quienes tienen prejuicios con la profesión las bondades de la especialidad, todo lo que aporta y el reconocimiento que deja una profesión como esta. La enfermería es el arte de salvar».

En el Día Internacional de la Enfermería, este 12 de mayo, quienes nacieron con la vocación y el talento para curar lo celebraron de la mejor manera, asistiendo a quienes necesitan su sabiduría y entrega.

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Sobre Darletis Leyva González

Periodista, graduada de la Universidad de Oriente. Se desempeña como reportera con excelentes resultados en su gestión diaria. Es aguda en sus trabajos de opinión. Una de sus características es contar historias de vida en la que el factor humano está siempre presente. Atiende los temas de salud, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de cuba, premiada en varios concursos. @DarletisLG

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