Las Tunas, Cuba. Lunes 25 de Septiembre de 2017
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Historia de médicos cubanos en Sudáfrica: De donde vine, vuelvo

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Deisy Francis Mexidor
Prensa Latina

Pretoria.- Sudáfrica es y será una huella imborrable en mi vida, confesó la doctora Tamara Elizabeth Morales, 18 años después de llegar a esta tierra africana y cuando mira hacia un futuro regreso a la patria.

Nacida en Cienfuegos (provincia del sur de Cuba) el 24 de febrero de 1969, a Morales todavía le brillan los ojos cuando habla de su experiencia en los primeros años, cuando su destino fue asistir a los más necesitados en comunidades rurales de Eastern Cape. Por primera vez chocó con lugares donde la palabra «nada» era demasiado y con enfermedades que solo «conocía por libros mientras estudiaba mi carrera, jamás las había visto ni las había tratado», expresó a Prensa Latina mientras descorre el velo de la memoria.

Trabajé por seis años en el Departamento de Medicina Familiar de Umtata que pertenecía al Umtata General Hospital, acotó al subrayar que en un principio fue «traumático» el tema de las barreras del conocimiento «por lo de las enfermedades que no tenemos en Cuba».

Pero consideró peor aún «las barreras del lenguaje, porque llegamos a Sudáfrica con el inglés básico y para sorpresa la mayoría de nuestros pacientes ni siquiera el inglés hablaban, sino el xhosa, su idioma autóctono, y ese constituyó uno de los principales desafíos a vencer».

Con una especial facilidad de palabras, cuando se expresa enlaza una idea tras la otra.

Así narró casi sin que mediaran preguntas que integró el cuarto grupo de médicos que arribó a la nación arcoiris tras el inicio oficial de la colaboración entre los dos países en febrero de 1996. «Maravillosa idea de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro y el querido Nelson Mandela».

Y que casi recién estrenada en Sudáfrica la enviaron como representante de la Brigada Médica al VII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Luego estuvo entre tres militantes de la Juventud a quienes se les hizo un crecimiento excepcional a las filas del Partido Comunista de Cuba. «Fue un proceso muy lindo que empecé aquí y culminé en mi policlínica, en mi centro de trabajo, en asamblea abierta con todos mis compañeros».

Precisó que es especialista en MGI (Medicina General Integral) y que en marzo de 1998 vino «siguiendo los pasos de mi esposo el doctor Pedro González, quien arribó en febrero de 1997 como parte del tercer grupo de médicos».

Afirmó que a los médicos cubanos los ha marcado mucho que cuando cumplen una misión haces de todo.

«Yo misma desde el 2005 presto servicios en ortopedia -añadió-. Una especialidad que me gusta desde la primera vez que me enseñaron a reducir fracturas, articulaciones luxadas».

Es estimulante comprobar «lo que uno puede alcanzar si te lo propones, si las circunstancias te obligan. Es como crecer de pronto. Hoy estoy fascinada con la ortopedia», apuntó.

De momento cambia la expresión de su rostro. Vino su mente «aquel bebé que llegó a mis manos muerto y fue imposible resucitarlo», cuya imagen no logra borrar.

En Cuba jamás vi morir a un niño -enfatizó- y lo que más me dolió en ese caso fue que su muerte era evitable, pero la falta de conocimiento de la madre y las condiciones de vida en comunidades rurales impidieron que recibiera a tiempo atención y el pequeño falleció deshidratado por una enfermedad diarreica.

Ahora la doctora Tamara Elizabeth labora en el Departamento de Ortopedia en el Hospital Livingstone, en la ciudad de Port Elizabeth y es jefa de la Brigada de Colaboradores.

Al resumir esta etapa de su vida, consideró que se siente mucho más humana y que es una mujer feliz. Realizada.

«Tengo un esposo también militante del Partido Comunista. Excelente médico. Padre ejemplar. Juntos enseñamos a nuestros hijos a leer y escribir español», explicó.

Nuestros hijos fueron pioneros, se les hizo el cambio de pañoleta, llevaron su uniforme como en Cuba, porque no quisimos que ellos dejaran de vivir esa emoción, ese privilegio, reflexionó esta mujer que lleva la belleza por dentro y también por fuera.

Mi hijo mayor, de nombre Pedro, como su padre, llegó a Sudáfrica cuando iba a cumplir cuatro años y ya es un joven que estudia medicina en Cuba, y mi hija menor, Gabriela, nació en Umtata es toda una adolescente, está aquí.

Sin imaginarlo, la doctora Tamara Elizabeth escribe parte de la gran historia de esos 50 mil cooperantes de la isla que andan dispersos por más de 60 países.

«Ya vamos preparando el retorno», expresó como para sí. «Sueño con el día en que volvamos a estar los cuatro -mis dos hijos, mi esposo y yo- junto al resto de nuestra familia en mi Cienfuegos. De allá vine y allá vuelvo».

Entonces ella piensa que valió la pena solo cuando a estas alturas, después de casi 20 años, alguien se le acerque para decirle: … doctora, usted no sabe cuánto le agradecemos a Cuba, a Fidel, que estén aquí para ayudarnos, porque no hay ningún médico como el cubano….

/ymp/

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Sobre Redacción Tiempo21

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