Las Tunas, Cuba. Sábado 18 de Noviembre de 2017
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El Hombre de Masinicú

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La historia de Cuba recoge pasajes que protagonizaron hombres del pueblo, obreros o campesinos, seres anónimos que abrazaron la causa de los desposeídos para defender el derecho a la vida de los humildes.

Así ha sido desde las primeras manifestaciones de rebeldía ante el yugo de los colonialistas españoles; también en tiempos de la seudo república cuando la clase oprimida se enfrentaba a los gobiernos de turno que respondían a los intereses yanquis.

De las filas de esos miles de hombres surgieron aquellos que combatieron de frente al enemigo: algunos no pudieron ver cumplido el sueño de la patria libre; otros fueron los protagonistas de aquel primero de enero luminoso y, después de 1959, una inmensa mayoría de esos valientes combatieron a la contrarrevolución de formas diversas, aun desde sus propias filas, cubiertos solo por el anonimato.

Entre los hombres sin rostro que defendieron el proceso de cambios para Cuba con un nuevo amanecer y un futuro para el bien de todos, como lo soñó el Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, se encuentra Alberto Delgado Delgado, El Hombre de Masinicú.

Alberto nació el 10 de diciembre de 1932 en el hogar de una familia muy humilde, en la finca San Pedro de Caracusey, municipio de Trinidad, antigua provincia de Las Villas. Su origen no le permitió estudiar y desde muy temprano se vio obligado a trabajar como carbonero y cortador de caña; pero su conciencia fue creciendo con el conocimiento de las injusticias y el abandono que sumían en el dolor y el hambre a la mayoría de la población de la isla. Por eso pronto se vinculó a la lucha armada contra la tiranía pro imperialista de Batista.

Colaboró con el Movimiento 26 de Julio y a finales de 1958 se incorporó a la columna 11 Cándido González del Ejército Rebelde y combatió hombro con hombro junto a sus iguales: jóvenes desposeídos, seguidores de las ideas de libertad que Fidel Castro había proclamado en el año del centenario de José Martí, con el asalto al Moncada y en su alegato La historia me absolverá.

Fue un soldado valiente y al triunfo de la Revolución lo designaron a una unidad militar en Chambas, Camagüey, donde permaneció hasta 1960.

En 1961, mientras tramitaba su licenciamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias por razones de salud, supo de las actividades contrarrevolucionarias de varios individuos y decidió informar a las autoridades. Fue este el inicio de una nueva etapa en su vida de revolucionario.

La Seguridad del Estado lo ubicó como administrador de la finca Masinicú, de la granja de Santiago Escobar, a unos tres kilómetros de Trinidad, donde trabajaban varios colaboradores de bandidos. Allí asumió la apariencia de un miembro del Ejército Rebelde resentido que aspiraba a mucho más que un modesto empleo.

Su labor en las filas del enemigo permitió desbaratar varios planes de las bandas contrarrevolucionarias que actuaban en la zona Norte de la provincia de Camagüey; pero, su intrepidez llevó a despertar sospechas en algunos connotados cabecillas y Alberto es alertado por la Seguridad del Estado para que se retire del lugar.

El 28 de abril de 1964, con solo 32 años de edad fue asesinado Alberto Delgado, su sangre generosa abonó el surco donde la Revolución plantó el porvenir seguro y feliz de la patria emancipada.

Las circunstancias de su muerte resaltan el valor de este hombre que enfrentó solo al enemigo enceguecido por el odio y la rabia. El cuerpo de Alberto fue hallado colgado de un árbol, había sido golpeado brutalmente y tenía el cráneo hundido, fracturas y varias heridas.

El Hombre de Masinicú murió heroicamente; sin embargo, nada se dijo al respecto y lo enterraron como un bandido más. Solo tres años después, el 28 de abril de 1967, sus restos fueron exhumados y se le rindieron los honores correspondientes a un militar caído en el cumplimiento del deber. En esa ocasión, fue ascendido póstumamente al grado de teniente del Ministerio del Interior e inhumado en el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en el Cementerio de Colón, en La Habana.

Nuevas generaciones de cubanos han escrito desde entonces hermosas páginas de heroísmo y sacrificio: hombres y mujeres que, como los Cinco Héroes o los agentes Moisés Rodríguez, Carlos Serpa, Frank Carlos Vázquez, Dalexis González y tantos otros, en diferentes momentos, sin rostro conocido, enfrentan al enemigo desde su seno y así hacen posible que la Revolución siga adelante.

/ymp/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

Un comentario

  1. ALBERTO DELGADO DEL PINO

    Agradezco con entereza tan sentido articulo sobre mis padres, me enorgullece que con palabras sencillas llenas de valor y fevor revolucionario valen del estoicismo y valentia de mis padres para seguir adelante.
    Gracias Rosa Maria que las nuevas generaciones sean merecedores de aprender de nuestra memoria historica llena de epopeyas de valientes y heroicos martires

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