Educación

El otro rostro del autismo

El otro rostro del autismo
Jonathan muestra a sus compañeritos y su amigo Darío sentado a la derecha, algunas de las caricaturas que les realiza.

Las Tunas.- Jonathan es un niño dichoso; cada día lo abraza el amor y compresión de quienes saben que es diferente, pero lo ayudan a superar las consecuencias de su trastorno neurológico.

La abuela María Victoria Cardoso Rosabal fue quien se percató de la conducta anormal del niño, cuando tenía tres añitos, y entonces sugirió a su hija buscar ayuda profesional.

El otro rostro del autismo
María Victoria está muy agradecida por el avance de su nieto.

«Una de las características de Jonathan era pasar la mejilla por toda la pared, caminar en círculo alrededor de los muebles; se le hablaba o llamaba y no atendía. No hablaba, solo señalaba con el dedito. Luego de llevarlo al especialista se le diagnosticó un autismo atípico.

«Toda la familia se vinculó a él y buscamos asesoría. Él empezó a ver muñequitos y materiales que realmente lo ayudaron, porque le llamaban la atención, pues en su mundo no todo le llama la atención. Le gustaban mucho los números, comunicarse con mímica y después poco a poco fue hablando.

«Se llegó al consenso de que el niño debía estar en una escuela normal para que fuera socializándose con otros niños y ha sido maravilloso, porque recibe mucha ayuda de las maestras y compañeritos de aula. Es un agradecimiento eterno».

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El otro rostro del autismo
Jonathan suele manifestar con frecuencia su cariño por la maestra Libia.

María Victoria explica que a Jonathan le gusta mucho jugar en la computadora, consultar las enciclopedias y leer los diccionarios.

En cada uno de los gestos de Jonathan Eduard Contreras Fonseca hay una expresión espontánea de los sentimientos que experimenta cuando está junto a quienes lo ayudan a vivir mejor.

Tengo 10 años y me porto bien en la escuela, dice el pequeño autista, quien se reconoce como fanático de la computación y añade que ya sabe escribir y calcular, y podría hacer cualquier oficio en el futuro.

La inteligencia y agilidad mental de Jonathan son impresionantes y hacen galas con tan solo preguntarle que día del año cayó determinada fecha de cualquier calendario.

Libia Peña Guerra, maestra de Jonathan en la escuela primaria Toma de Las Tunas, de esta ciudad, encamina al pequeño por el mundo del saber, pero cuando está triste o preocupado le habla, lo convence y estrecha contra su pecho para que sepa que no está solo.

«Llevo cuatro años con Jonathan en el aula. Al principio fue muy difícil porque venía con características a las que nunca me había enfrentado, pero observándolo, comunicándome con él y su familia, he logrado muchas cosas. Por ejemplo, integrarlo a grupos de cantorías.

«Él es un niño muy cariñoso, le gusta manifestar su alegría abrazando a los niños, conversa mucho, se relaciona bien, y los alumnos lo ayudaron a mejorar el comportamiento, porque al inicio gritaba, chillaba, se orinaba dondequiera. Ahora no me da ningún trabajo».

Pero Jonathan no solo encontró en el aula la consideración y paciencia de su maestra y compañeros, sino a un gran amigo: Darío Blanco Ávila.

Cuando él no viene lo extraño porque no puedo jugar con él, comenta Darío, y precisa que Jonathan a veces habla de los muñequitos y de los juegos que tiene y está orgulloso de ser su amigo.

Jonathan además, tiene habilidades para la pintura y se entiende bien con el idioma inglés. Él es uno de los niños autistas de Las Tunas vinculados a escuelas para la enseñanza a generaciones sin necesidades educativas especiales.

El autismo es más común en varones que en hembras y aunque la ciencia no determina aún cual es su causa, historias como la de Jonathan descubren el rostro oculto que transforma el trastorno.

Yo quisiera que él escogiera la profesión que más quisiera; se desarrollara y fuera un hombre igual que los demás, confiesa su maestra Libia, mientras la abuelita María Victoria y su familia, tienen muchas esperanzas en que Jonathan sea un poco independiente, se pueda incorporar a la sociedad con un trabajo útil, de acuerdo con su capacidad, y verlo como un niño más, porque de eso se trata, de la inclusión y hacer siempre lo que le guste.

Jonathan es un niño afortunado y feliz, y en su mirada se esconde una ternura y picardía que lo harán un hombre grande.

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