Opinión

¿Existe racismo en Cuba?

¿Existe racismo en Cuba?El Taller sobre la actualización de la problemática racial en Cuba, auspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y su Comisión Aponte, sesionó  recientemente. Este permitió apreciarlos documentales Raza, y Código Color. Memorias. Luego, Víctor Marrero, Historiador de la Ciudad de Las Tunas, leyó el informe del trabajo realizado por la comisión provincial, y, entre otros tópicos, se refirió a la primera rebelión de esclavos, ocurrida en las minas de oro de Caobilla, Jobabo (1533).

Por su parte, Pedro Luis Hernández, miembro del Ejecutivo Nacional de de la comisión y presidente de su homóloga en Pinar del Río, presentó los últimos libros publicados sobre dicha problemática, y fundamentó cuánto daña aún a cubanos y cubanas de piel negra.

Interesantes conceptos sobre las marcas de racialidad y las desigualdades motivaron la polémica, al existir opiniones encontradas: unos admiten la existencia hoy de esos males, resultantes de los procesos de colonización y del capitalismo que nos impuso la etapa neocolonial; mientras otros niegan su vigencia en la actualidad. Todos válidos para concebir la estrategia que permita posicionar este debate en la sociedad.

Julio Rensoli Medina, miembro de dicho ejecutivo y coordinador de la Comisión Aponte*, en su intervención abordó varios temas, entre ellos, cómo se manifiestan remanentes racistas en diversos lugares de la Isla; anécdotas para ilustrar la hipocresía de la sociedad burguesa en la neocolonia; lo peor que le ocurrió a la población a través de ese lapso histórico, es decir, la discriminación racial entre cubanos. También citó matices lingüísticos al nombrar a los próceres: «nadie dice el blanco José Martí y sí el mulato Maceo; el blanco Carlos Manuel de Céspedes y sí el negro Guillermón Moncada».

Además, al señalarlos públicamente, se emplean términos como negro o negra, con énfasis despectivo en la entonación; bemba y no labios; pasa —pelo malo— y no pelo; «personas de color»…

Incontables chistes ofensivos, cuentos callejeros racistas, zahieren a quienes asisten a espectáculos carnavalescos, o seudohumorísticos en instituciones de la cultura artística o la gastronomía vulgar, proferidos contra quienes tienen los mismos derechos ciudadanos que los blancos en la sociedad revolucionaria. Es inadmisible pero sucede.

En Cuba este fenómeno no es atribuible a leyes del Estado, mas innegablemente subyace en la conciencia de aquellos que no han asumido cómo somos los cubanos y las cubanas, sus valores, más allá de los pigmentos epidérmicos: porque negro es color cubano; blanco, amarillo…, mestizo (níspero, como le llamaba Nicolás Guillén) son colores cubanos. Los inconsecuentes con la igualdad y la fraternidad pudieran ser minoría, pero bastaría la existencia de uno solo para preocuparnos y ocuparnos en el caso.

Quienes rechazan la etnicidad mestiza pueden negar, incluso, la existencia de nuestra cultura precolombina y considerar la cantidad histórica a partir de 1492.

Lamentablemente, aún se escuchan palabras, frases, puyas denigrantes: blanco versus negro y viceversa; negro ofendiendo a otro por su mismo color; blanco diciéndole a otro «blanco orillero»… Esas marcas raciales, y su realidad expresada,  no han de ser solo objeto para estudios lingüísticos.

En el taller —duró más de cuatro horas—, no tuve el tiempo necesario para fundamentar el racismo como problema.

La conducta del individuo refleja su educación, instrucción, cultura (constructo humano identitario de nuestra especie racional), sea esta última artística, literaria, científica, técnica, deportiva… Si, como se dijo en el debate, la cultura conductual considera que un cerdo debe ser criado en un corral, y en una bañadera limpian sus cuerpos las personas; cuando un cerdo es criado en la bañadera de una vivienda constituye una actuación inculta.

Acerca de la cultura existen tantas definiciones que es imposible siquiera mencionarlas aquí. Discrepo cuando se considera que «cultura es todo». Ella no opera sola en términos absolutos. Sobre la misma gravitan incultura, anticultura, contracultura, aculturación, transculturación, seudoculturización…  La moral, la ética, las preferencias sexuales, los valores y anti valores hallan su expresión en análisis culturales porque conforman la identidad, nuestra diferencia con los otros seres vivos en la Tierra.

Si cultura fuera «todo lo que el género humano hace», habría que aceptar como válida la acelerada destrucción del hábitat, por la relación inculta con la naturaleza, que existe antes de que surgiera la «especie inteligente» en el planeta, ahora con los mares y lagos contaminados, bosques arrasados por acciones semejantes al terrorismo, contra la madre natura…

Comparto que «cultura es lo que el género humano hace que lo dignifica». Por tanto, admiro el respeto a la otredad, sin importar color de piel, religiosidad, preferencias sexuales, de aquellos que también construyen la sociedad actual.

Al manifestarse los sentidos contrarios debemos enfrentar la homofobia, la discriminación; contribuir a erradicar las desigualdades, en una patria forjada con todos y para el bien de todos. En Cuba coexisten, sin antagonismo, diferentes cultos, creencias, religiones; mientras en otros países persisten guerras supuestamente «religiosas».

Después de 1959, el Estado ha ejecutado inversiones millonarias para erradicar el analfabetismo, elevar los grados de instrucción —desde la enseñanza primaria hasta pregrados, posgrados, maestrías, doctorados—, y aun así se hallan exponentes, en segmentos poblacionales, que muestran, por un lado, indiferencia hacia la lectura y la  información en general; pasividad ante el afán espúreo de recolonizar nuestro pensamiento, por medios masivos foráneos cuyas señales violan la soberanía radioespacial, televisual, y otras acciones de subversión; en fin, como aparece en la Ley Torricelli: «lograr la transculturación paulatina del pueblo cubano».

Queda evidenciado que en un solo debate no puede agotarse la complejidad del tema.

En las actuales circunstancias los remanentes de racismo no debieran ser culturalmente problematizados a ultranza a la hora de analizarlos, porque tienen su explicación científica. Cuando algunos rechazan tajantemente su existencia—les parece inconcebible por cuanto la Revolución Cubana ha hecho al respecto—; otros, con objetividad, ponen el dedo en los queloides del alma negra para restañarlos y reconocer lo aportado a la cultura cubana por la llamada «leyenda negra».

Prefiero, metodológicamente, asociar la cultura no al problema sino a la solución, porque apostamos a esta como lo primero a salvar.

Aunque sea muy duro reconocerlo, en la Cuba de hoy, hermanas y hermanos nuestros manifiestan secuelas racistas por falta de instrucción (desconocen la forja de la nación, en la cual murieron tantos africanos, esclavos y libertos, y negros criollos, cubanos, hasta lograr  la independencia); por incultura (cuando no corresponden con fraternidad la cultura de paz y respeto en la convivencia social).

Duele decirlo, pero en ocasiones, donde menos uno lo imagina se manifiesta la conducta anticultural públicamente, que denigra mucho más al ofensor que al ofendido. Recuérdese, siempre, el legado de Nicolás Guillén en defensa de la autoestima, la dignidad y el orgullo de los cubanos negros: «Yo soy también el nieto, / biznieto, / tataranieto de un esclavo. (Que se avergüence el amo)».

Si reconociéramos esta parte deficiente de la cubanidad, el camino para eliminarla sería menos tortuoso, y menos compleja su formulación conceptual.

Para mí, el racismo opera como manifestación anticultural en tanto problema. La conducta homofóbica, antirreligiosa, excluyente, racista, es un problema anticultural.

Este taller abrió el camino para erradicar vestigios de discriminación racial, que en el pasado dividieron a la nación cubana. Los asalariados promotores del neoanexionismo han de entender que no habrá retorno al pasado ignominioso. La Uneac, su Comisión Aponte, la Fundación Nicolás Guillén, el Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria, y demás actores sociales, contribuimos a mantener la soberanía, la independencia, la cultura de la patria.

* La comisión Aponte toma el nombre de José Antonio Aponte, criollo negro, hombre libre, carpintero, tallador, ebanista, que dirigió la primera conspiración de carácter nacional que registra la historia de Cuba.

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