Las Tunas, Cuba. Viernes 24 de Noviembre de 2017
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Adiós a Neydo, maestro de la locución en Las Tunas

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Cuando me dijeron que estaba enfermo, bien complicada su salud, desde hacía varios días en el hospital, confieso que sentí el susto sincero de lo inevitable. Del otro lado del teléfono, la misma voz calma que me daba la noticia,  respondía entonces a mi estupor: «pero Esther, ¿qué edad tiene Neydo?, los años no pasan por gusto».

Y tenía razón; los años  no pasan por gusto, yo lo sé.

Y mientras aquella voz me hablaba yo pensaba en Neydo, en su figura de Quijote caminando por la esquina de la calle Joaquín Aguero; en su andar lento, sus ojos que ya no veían como antes y me decía, aunque me tuviera bien cerca cuando lo saludaba al pasar: «dime quién tú eres mija, porque así no te conozco bien».

Adicto a la música de Barbarito Diez, guardaba con un celo exquisito la entrevista aquella que una vez le hizo en Manatí, su espacio del alma, cuando era muy jovencito y la radio se le descubría como un mundo mágico al que se lo jugó todo, sin tapujos.

Una vez, en una entrevista que me concedió casi a regañadientes y que después me dijo disfrutó a mares, me contó que ya con sus años y su experiencia la radio no era un bichito al cual sentía. Me dijo: «con los años el bichito se te hace un león, se te mete dentro y es más fuerte que uno mismo».

Era un oyente de lujo, un perfeccionista tremendo  y un romántico incurable; yo me recuerdo escondida, detrás de la puerta del estudio de grabación,  para escucharle declamar el Brindis del Bohemio y recuerdo también verle llorar intensamente mientras lo hacía, porque cada verso parecía salirle del alma, con el encanto de lo irrepetible.

Lo vi muchas veces, mientras las fuerzas le dieron, llegar cada sábado a  «colarse». como al descuido,  en algún  estudio de la emisora para enseñar  a los niños, decirles que la locución es cosa del alma y es preciso estudiar mucho, preguntar todo, soñar de más.

Un día se me apareció, a media mañana y me dijo: «tú tienes una entrevista mía por ahí , yo vine a ver cómo se trabaja ahora». Y esa ha sido la  edición más difícil de mi vida; estuvo de principio a fin y le decía a Yusdel, el realizador de sonido: «mira tú muchacho, qué bueno es todo ahora, a mí la vista ya no me acompaña» y parecía ofrecer disculpas.

La voz sí, esa  conservaba sus matices, su capacidad divina para comunicar;  y entonces me explicaba cómo leer una crónica, cómo defender un poema, cuán importante saber decir una información, interpretarla;  y yo le escuchaba, porque cada palabra era una clase, un placer, un lujo que no me permití malgastar.

Le admiré mucho, incluso en las tantas veces cuando me decía que no; así era también, terco, fiel; así fue hasta el final, así, quienes le queremos, lo recordamos.

Neydo Arsenio García Betancourt, la voz de oro de la radio en Las Tunas, mi maestro. Descanse en paz.

Leer más:  Neydo, la voz de oro de la radio en Las Tunas

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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