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Roberto, combatiente de la lucha clandestina en Manatí

Roberto, combatiente de la lucha clandestina en Manatí Las Tunas.- Después de jubilado, Roberto Rodríguez Armas trabaja como barbero en su vivienda de esta ciudad, a donde se trasladó desde el municipio de Manatí, que tuvo en él a uno de los combatientes de la lucha clandestina.

Como integrante de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana recopila datos, nombres y anécdotas de esa trayectoria, «fugaz pero cargada de acciones, y creo que cumplí con el deber y el compromiso que hice cuando ingresé al movimiento 26 de julio»; así de sencilla es su definición del aporte a la etapa insurreccional.

«En 1956 comencé la recogida de armas y venta de bonos para financiar el apoyo de acciones», entre estas destaca la que después se inscribiría en la historia de Cuba como el desembarco de los expedicionarios del yate Granma.

En aquella etapa «se escogió un grupo de compañeros para prepararlos militarmente, y otros para las tareas habituales y la distribución de volantes, pero después vino la represión tanto a los expedicionarios como en las ciudades a quienes los apoyaron.

«Manatí se quedó sin dirección del movimiento. Georgina García Cartaya (fallecida) que ya había estado como militante regresa a Manatí; en contacto con ella me propone venir a Las Tunas a informarle a la dirección la situación en la localidad, donde algunos compañeros se apartaron un poco de la lucha intensiva.

«Entonces se acuerda reorganizar la dirección, con Ángel Cabello como coordinador, Georgina, jefa de propaganda, y yo de acción y sabotaje. Comenzamos a crear la células revolucionarias por centros de trabajo y zonas, y las completamos».

De aquel período, Roberto recuerda el plan de acción, con sabotajes, el intento de la quema del estadio, el cine-teatro, cañaverales, y dos edificios en reparaciones a la entrada de la playa Los Pinos.

«Estuve activo hasta finales de diciembre de 1957, cuando la dirección me ordenó salir de la clandestinidad  porque ya estaba muy perseguido. Me fui para Camagüey, donde organizamos células e hicimos sabotajes, y cuando estábamos haciendo bonos y propaganda impresa cogieron a un compañero al que yo se los había entregado para distribuirlo por células.

«Me detuvieron, estuve preso, fui torturado física y mentalmente; cuando me presentaron a la audiencia, por las lesiones que presentaba los médicos forenses entendieron que debía ser puesto en libertad condicional para ingresar en una clínica; lo hicieron y esa misma noche me fui para La Habana, hasta finales de junio de 1958, cuando regresé a Las Tunas para ir hacia la Sierra Maestra.

«De la finca La Estrella me sacaron para Veguitas, pero entre Bayamo y Holguín había un delator, y nos cogieron en el camino, Georgina y yo íbamos de pareja, siempre me acompañó; Ricardo Estévez y Georgina González eran otra pareja.

«En Holguín, por amistades, a las mujeres las mandaron a dormir en un hotel y a nosotros nos dejaron en el calabozo hasta que vinieran las investigaciones. Estuvimos presos hasta triunfar la Revolución».

Roberto cuenta esto «porque las nuevas generaciones desconocen muchas cosas de esas. Yo cuando me incorporé tenía 17 años, y al triunfo revolucionario 20, y ya había pasado por esas vicisitudes sin pensar en diversiones, si no en hacer la Revolución justa para eliminar la tiranía, que nos oprimió y mató a tantos compañeros.

«Los jóvenes están comprometidos como estudiantes a hacerse profesionales, incorporarse al trabajo y a la defensa de la Patria, dar el paso al frente al Servicio militar y a las órdenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cada vez que lo necesiten como reservistas, porque aquí todos tenemos el deber hasta el último aliento  de luchar y combatir por esta Revolución».

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1 comentario

Omar 15 octubre, 2016 at 22:44

Gracias a la periodista Maira Castro Lora por darnos a conocer hombres sencillos y humilides del pueblo tunero. Buen trabajo periodistico.

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