Las Tunas, Cuba. Jueves 14 de Diciembre de 2017
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Vicente García González y los niños de mi ciudad

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 Carlos Manuel de Céspedes

Vicente García González.

José Guibert Benítez

Nunca olvidaré de mi infancia, aquellos vecinos, que viviendo como protagonistas y espectadores a la vez, la revolución naciente y transformadora, en el evento más multitudinario de nuestra nación, quizás sin habérselos propuesto apenas, contribuyeron de una forma muy interesante, a la formación revolucionaria de los niños. Todos  los fines de semana  aquel barrio se convertía en un suceso inolvidable, donde nunca fue comprometida la alegría de los más pequeños, que al aparecer de pronto, inesperadamente, entre juegos y descubrimientos, a la vista de aquellos mayores que ya tenían cifradas sus esperanzas, les garantizaba irse conocedores de un camino, al que sin darse cuenta se fueron sumando también.

La línea  del tiempo se convertía en luz, llegó a verse  la imagen de un pueblo al fin en los vitrales, como era en realidad, en todos sus tonos y colores, allí en el árbol transcurrido se reconocían ahora el follaje, el tronco y sus raíces, el duramen y la albura,  el pasado cobro sentido en el mañana, y en la medida en que se liberaban los vendajes, se hicieron realizables las quimeras.

Así trascurrieron los primeros años de mi vida, allí los niños fuimos bautizados por aquellos con los nombres de José Martí, Antonio Maceo, Calixto García,  Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, y muchos más, en torno al epicentro de nuestras luchas libertarias, nos era revelada la grandeza de la historia por la independencia, pero en aquella infancia ningún niño fue llamado Vicente García. Insospechadamente bajo el suelo de saltos, carreras y fatigas, debajo de aquellos rostros sudorosos y alegres, estaba vertida en lo profundo, una historia más compleja, dolorosa y extraordinaria que mi mente de infante no podía imaginar aun.

La historia de la provincia de Las Tunas, localidad olvidada por los gobiernos de la seudorepública también fue revalorizada, como parte de la acción transformadora de la Revolución, el carácter científico emergió en la investigación histórica, por encima del análisis escolástico y burgués que se enseñaba en nuestro país en las escuelas religiosas, privadas o públicas. La sociedad apareció en su conjunto y en sus complejidades, se estudió a profundidad las relaciones socioeconómicas, la cultura y su sincretismo por etapas históricas, a la vez sus influencias en el individuo y la sociedad.

Se comenzó a entender que Vicente García González fue un militar de su tiempo histórico, y su figura no puede ser estudiada, si se pretende analizarlo en el periodo de la guerra grande, solamente para las hazañas y proezas que sin duda protagonizó, y descontextualizarlo entonces como un ser humano de la Cuba de hoy cuando se analiza girando en torno de las principales contradicciones de su tiempo.

Cuba colonizada, los cubanos, el movimiento independentista, el ejército libertador, las comunidades con sus características  y la república en armas, no giraban en torno del Mayor General, era este importante soldado quien se movía alrededor de todos los elementos antes mencionados, como lo hicieron individualmente los grandes próceres por la independencia en la guerra de 1868.

«Las dramáticas situaciones vinculadas al nacimiento y existencia de nuestra República en Armas, deben ser estudiadas con rigor y extraer lecciones de sus glorias y también de sus debilidades, y hacerlo con amor hacia los padres fundadores».

Este pensamiento del prestigioso intelectual Armando Hart Dávalos, debe ser un precepto fundamental para los cubanos. Hoy que se cumplen 130 años del asesinato del mayor General de Las Tunas en Rio Chico, Venezuela.

La República que se creó el 10 de abril de 1869, significa para nuestra historia un elemento de unidad y de organización de la voluntad del pueblo cubano a su independencia. Se reconocía a toda una sociedad a través de su aparato estatal, a lo largo y ancho del país. En muchos países del mundo se legitimaba la libertad de un pueblo internacionalmente, separando sus anhelos de la metrópoli colonial.

Países como México, Guatemala, Brasil, Venezuela, Chile, Bolivia, Perú y otros no tardaron en reconocer el protagonismo de los ciudadanos cubanos en aquel conflicto, de ellos obtuvimos solidaridad  consideración y respeto, e hijos decididos a darlo todo por este pequeño país y por su causa.

Guáimaro en abril de 1869 nos dignifica, la profunda concepción democrática, libertaria y antiesclavista de una república respondiendo a los interés de las amplias mayorías, quedó sembrada en Cuba como línea de pensamiento y acción hasta la actualidad, pero este hecho no nos puede desmarcar de una realidad histórica, la estructura adoptada por su constitución, significó uno de los grandes obstáculos para la obtención del principal objetivo de aquella república: la independencia.

La división de poderes al estilo de las grandes revoluciones burguesas, con el ejecutivo, el legislativo y el poder judicial, alejó la concepción de Carlos Manuel de Céspedes de mando único, y con ello la posibilidad practica que se concentrara en una misma persona el poder civil y militar como eslabón conciliatorio para el curso posterior de la guerra. Tratando de evitar la dictadura militar que pudiese tener lugar después de la derrota de los realistas peninsulares, se lastró el ejército y sus necesarias campañas con el peso de una Cámara de Representantes que poseía los poderes exacerbados de la república.

El poder ejecutivo lo componía el Presidente, quien tenía como auxiliares a cuatro secretarios de despacho (Guerra, Hacienda, Exterior e Interior) y el que podía ser sustituido en cualquier momento por la aprobación de la cámara, el poder Legislativo lo constituía la cámara de representantes, quedando el aparato militar separado de los otros poderes y subordinado al ejecutivo a quien debía rendir cuenta, y al legislativo quien podía aprobar la sustitución del jefe máximo.

En estas grandes contradicciones se generaron las principales fisuras de aquel movimiento independentista, las fricciones tempranas de aquella Cámara de Representantes con el Presidente de la República en Armas, la destitución el 17 de diciembre del Mayor General  Manuel de Quesada y Loynaz, al solicitar la centralización del mando militar, eran solo el preludio de una ruta crítica, que atravesaría aquella gran empresa de la libertad, viviendo su peor momento el 27 de octubre de 1873 con la deposición del Padre de la Patria en Bijagual, por los representantes de la Cámara, y su posterior crimen por los  españoles en San Lorenzo, al ser abandonado prácticamente a su suerte el 27 de Febrero de 1874.

En torno a estos hechos brevemente relatados se movió el  Mayor General Vicente Garcia, como víctima, no como victimario, de las principales contradicciones de su tiempo histórico. Hoy no podemos entender la complejidad de este periodo, sin la comprensión de que las causas generan un efecto, y este precisamente  fue el justo reclamo de reformas de muchos patriotas, con el objetivo de contrapesar los poderes excesivos de la Cámara de Representantes.

A los cubanos de hoy no nos toca hacer enjuiciamientos críticos de nuestros próceres por la independencia, nos toca sacar las lecciones de los distintos periodos históricos, y una que debe acompañarnos por siempre, es que nada debe entorpecer en un conflicto armado el curso de la guerra, ni la decisión o la creatividad de los generales, para como decía José Martí en la preparación de la guerra necesaria esta tuviese «la brevedad y la eficacia del rayo».

Para nuestros grandes patriotas, el sentimiento Martiano en relación con los padres fundadores de Latinoamérica:

«Esos hombres son sagrados…. Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol.

«El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz».

Aquellos vecinos de mi cuadra eran la representación de la sociedad cubana unidos ya en un concepto de nación, una sociedad que se había propuesto la formación de un hombre nuevo, que había desvestido al país de la chamarra de Norteamérica, se habían bajado por siempre a los marines que profanaban la estatua de Martí, se sacaron a las compañías extranjeras de la tierra abonada por la sangre de los próceres, comenzaron a aparecer los diarios perdidos, y se sustituía a los falsos super héroes de los comics e historietas, por héroes y mártires verdaderos de nuestro país y de América, así en el estudio, en la acción, y en la investigación profunda comenzó a brillar  nuevamente, en su justa medida, como ser humano extraordinario, la figura de un hombre, esta vez no lo hizo con su espada hacia el suelo en posición de derrota como fue erigido un día en el parque central, lo hace ahora con su machete en alto, como muestra del ultimo Mayor General sobre las armas después de la Protesta de Baraguá.

Me detengo muchas veces en las calles de mi ciudad de Las Tunas a ver correr los niños bajo el mismo sustrato por donde un día yo lo hice, y como continuador del legado de aquellos vecinos de mi cuadra también los llamo por los nombres de nuestros héroes y mártires, pero otro fue sumando a la lista: Vicente García González.

/mdn/

A los 130 años del asesinato del Mayor General Vicente Garcia en Rio Chico, Venezuela.

 

 

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