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Una mujer nacida para curar

Una mujer nacida para curarLas Tunas.- Feliza González Baldoquín es una mujer apasionada que tiene el don de curar y pareciera que no le va alcanzar la vida de tanto ímpetu por hacer.

Es feliz porque se sabe realizada desde hace 29 años y por eso las largas caminatas en su querido poblado de Bartle, aledaño a esta ciudad, o costear su recorrido por comunidades aledañas, no le provocan ni la más mínima protesta, porque disfruta servir a los demás y sanarle su dolor.

Siempre está dispuesta a participar en todo lo que signifique una mejor atención a los pacientes, dice, porque desde niña soñó con su profesión y uno de los días más felices de su vida fue cuando recibió el título de licenciada en enfermería.

«Yo amo mi profesión y si volviera a nacer escogería la enfermería, porque es  muy linda y tiene la dicha de curar vidas. La enfermera debe ser humana, no tener diferencia con nadie y amar su profesión. Yo trato siempre de ser de esa manera.

«El día más feliz de mi vida es cuando llego a curar mis pacientes y veo el resultado de mi sacrificio al estar recuperados y sin riesgo de perder sus miembros. Además, cuando llego a curarlos me dicen: Llegó mi Dios, y eso me motiva porque sé que tienen su confianza depositada en mí.

«No tengo día feriado, ni nada, porque mientras un paciente necesite de la curación, no existen obstáculos, ni privilegios, que lo limiten».

En Bartle nació y se crió Feliza y allí siempre ha trabajado. Pero en 2011 se fue a Venezuela, por dos años y medio, a cumplir una misión internacionalista.

Estuvo en Zulia y dejó su huella en muchos pacientes diabéticos, algunos incluso con úlceras de 30 años, que fueron sanadas por las prodigiosas manos de esta cubana.

Son estos tiempos los más difíciles que le han tocado vivir, asegura Feliza, y considera que los nuevos enfermeros deben dedicarse con un poco más de amor a los pacientes.

«Aunque ellos no tengan en sus manos la posibilidad de curar o ayudar al paciente, al menos preocuparse, tratarlos bien y darle una correcta orientación. Ellos se van a sentir un poco mejor. Hay que amar la profesión».

Esta enfermera es una de las activistas del Programa de aplicación de Heberprot-P en la provincia de Las Tunas, y el trabajo que realiza en su poblado sobresale por la notable inclusión de pacientes con úlceras de pie diabético. Pero no vacila cuando alguien solicita su servicio para una prueba citológica u otro procedimiento.

Mientras tenga espíritu, enfatiza, se va a dedicar a la enfermería para poder atender con amor a sus pacientes.

Feliza es una mujer de una espiritualidad impactante, sus ojos transparentan el humanismo y pasión por ayudar a los otros, y en sus palabras hay mucha energía y optimismo, pero la herencia de ese amor al prójimo viene de sus padres, unidos en matrimonio por más de 50 años.

La motiva todos los días la compañía de su mamá, sus dos hijas, que desean encaminarse por el mundo de las ciencias médicas, y la alegría de los pacientes cuando la ven.

Ya tiene 50 años Feliza y solo desea terminar su vida laboral con éxito y que cuando se retire la sorprenda en la calle el saludo cariñoso de algún paciente y que la identifiquen como aquella persona que contribuyó a su curación.

Cuba necesita hoy muchas felizas, pero mientras ella esté tan inquieta en su amado Bartle, la llama del porvenir está prendida.

/mdn/

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