Las Tunas, Cuba. Jueves 21 de Junio de 2018
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Presencia de Ada Santamaría en Las Tunas

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elena

Elena Váldes Estévez compartió en el internado con Ada Santamaría.

Las Tunas.- Un suceso poco conocido de la historia de la oriental provincia de Las Tunas muestra la presencia de la hermana menor de Abel Santamaría en el colegio de monjas «El verbo encarnado» de la ciudad capital.

Una de las estudiantes y posteriormente profesora de literatura de varias generaciones del municipio de Manatí, Elena Valdés Estévez compartió en el internado con Ada Santamaría, y accedió a compartir con los lectores de Tiempo 21, aquellos queridos recuerdos de su juventud.

«En la escuela había una monja cuyo hermano estaba casado con la hermana de Ada, con Aida. Después de los sucesos del Moncada, la única que quedaba en Luzárraga, donde la familia vivía, era ella y la traen para Las Tunas para preservarla. Las muchachas que estudiaban allí no sabían nada, porque el ataque al cuartel no fue dado a la publicidad y muy pocas personas lo conocían. Aunque yo solo tenía 14 años de edad cuando eso, sí me acuerdo. Yo no sabía quién era ella, ni nadie en el colegio lo sabía. Ni quien era Abel, tampoco»

¿Cómo descubrió quien era Ada Santamaría?

«Ella lleva una fotografía de Abel y la pone en la mesita de noche. Y como era un colegio de monjas, a nosotros no nos permitirán tener novio, ni nada de eso. Yo fui una de las primeras que pensé era su novio. Entonces, la madre Teresa, una de las maestras, me llama y me dice que no era el novio, sino el hermano, que lo habían matad. A medida que pasan los días es que vamos conociendo poco a poco quien es Ada, de donde viene y porque está en la escuela»

«Ada tenía en el convento algún documento comprometedor?

«Si, ella tenía el primer ejemplar de “La Historia me absolverá” que posiblemente llegara a la provincia. Nosotras tampoco sabíamos que era aquel libro. Pero yo era muy curiosa y sí era fidelista, porque mi padre lo era. Y todos los días le decía por las noches –Ada préstame el librito-. Ya la tenía tan cansada que me lo prestó. Posiblemente, haya sido una de las primeras personas que lo leyó aquí. Pero yo no entendía nada de aquello tampoco».

carta¿Las muchachas educadas en la escuela de monja, quedaron impactadas con la personalidad de Ada Santamaría?

«Imagina, ella no salía con las niñas de la escuela los domingos, porque ya tenía 18 años cuando entró al convento. Era una muchacha moderna para su época. A nosotras, las monjas no nos dejaban andar así como andaba ella: sin mangas, sin cuello y sin medias. Ella decía que vestida como nosotras no salía a la calle. Aunque salíamos en una guagua y nos paseaban por las calles del pueblo. Usaba tacones, medias finas y se maquillaba. Pero se llevaba bien con todas las alumnas. Yo todas las noches iba a su cama para que me hiciera moñitos para rizarme el pelo»

¿Ada siempre se mantuvo informada de las actividades revolucionarias de Fidel?

«Cuando eso, ella tenía comunicación con Armando Hart y recibía cartas de él, donde le iba comunicando como estaban los preparativos de la lucha. Ella decía que Fidel era su hermanito. Cuando salía del colegio buscaba periódicos y se actualizaba de lo que estaba pasando en el país. Todo eso lo hacía a escondidas de las monjas. Y no nos contaba nada de esa parte a las muchachas del convento. Ella estuvo allí dos años. Cuando llegó matriculó Secretariado y terminó la carrera.

¿En algún momento los guardias de Batistas sospecharon de la presencia de Ada allí?

«Yo creo que sí, porque la escuela fue objeto de un registro. Por cierto, yo tenía una foto de Fidel en el libro de ingreso y tenía una postalita de las que venían en los caramelos, de un futbolista ruso que traía la bandera roja. Las monjas sabían que yo la tenía. A las alumnas nos llevaron para un aula para que los guardias registraran. Por suerte no registraron los closets donde guardábamos los libros. Pero si fueron a los baños donde encontraron algunos letreros, porque los varones de la escuela no sobrepasaban los 14 años de edad, pero algunos ya tenían sus ideas. Las monjas durante todo el registro no dejaban de rezar con sus rosarios de madera».

¿La amistad con Ada, le dio la oportunidad de conocer otras personalidades de la lucha revolucionaria?

«Si, como no. Allí conocí a Haidé. Después que ella salió de la cárcel la visitó, vestida de luto y le enseñaron la escuela. Conocí a su mamá y su papá. Conocí a Aldo, ellos tenía una máquina negra grande, y él era el que la manejaba. A Melba también, pues daba muchos viajes clandestinos a Santiago, iba disfrazada, con pañuelos y gafas grandes y siempre pasaba a visitar a Ada».

¿Después del triunfo de la Revolución mantuvo el contacto con Ada?

«Más nunca supe de ella. Después vi una foto de ella en un periódico. En un recorrido de Armando Hart a la playa de Covarrubias, hace ya varios años, como Ministro de Cultura, visitó la casa de Barbarito Diez, que queda aquí al lado de mi casa. Yo estaba planchando. Me decidí y fui con una foto que Ada me había regalado. El director de cultura se la enseñó a él. Al final de su visita Hart me atendió y me puso al tanto de la vida de Ada, fue un momento inolvidable para mí.»

La presencia de Ada Santamaría, en el internado «El verbo encarnado» de la ciudad de Las Tunas, forma parte del acervo histórico del territorio y de los recuerdos más intensos de la vida de Elena Valdés Estévez.

/ymp/

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Sobre Tania Ramirez

Periodista. Graduada de Ingeniería Química. Reportera de Radio Victoria, en temas de la ciencia, la tecnología y el medio ambiente y la historia local. En una etapa se desarrolló como Jefa de Información de esta emisora. Le gustan los temas sociales y la polémicas sobre asuntos de la vida diaria. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @TaniaRamirezR

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