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Una parcela es el anhelo de Laura

Una parcela es el anhelo de LauraLas Tunas.- La Doctora en Ciencias Laura Leyva Rodríguez, profesora de la Facultad de Agronomía en la Universidad de Las Tunas anhela mucho ser productora, un sueño poco común, que para ella se asienta en las más de tres décadas integrada a la investigación y experiencias, con campesinos, en cooperativas y entidades.

Esta defensora de la tierra y la protección al medio ambiente interviene en proyectos diversos en favor de la producción de alimentos y la existencia misma del ser humano, por lo cual ha sido merecedora de premios de la Academia de Ciencias de Cuba y de la delegación provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y está vinculada al claustro que imparte una maestría en la República Bolivariana de Venezuela.

¿Cuándo inició esta faceta?

«Mi pasión por la investigación surgió desde que inicié la tesis de diploma en 1982, en la ex Unión Soviética, donde me gradué en 1983. Como ingeniera de Suelos y Agroquímica trabajé cuatro años en la Empresa Melanio Ortiz, cuando tenía buenos suelos y rendimientos en el cultivo de plátano y malanga; no existían problemas de degradación.

«Desde el principio, en la universidad vinculé a los estudiantes  a las prácticas laborales, investigaciones y entre esos recorridos estuvo el de la entidad que conocía, al cabo de 4 o 5 años, y al estudiar el suelo veía que con los estratos se perdía la capa vegetal, asomaba la roca en la parte superficial, debido al riego por aniego y aspersión, me daba cuenta que esas prácticas iban a destruir el suelo.

«Luego llegó el período especial, de carencia de recursos y fertilizantes, pero en parte me alegraba un poco porque fue difícil el cambio; todavía estamos enfrascados,  teníamos que transitar hacia la cultura agroecológica, del uso de lo que se producía en la propia finca; comienza esa conversión y me inserto dentro de las investigaciones de cuidado al suelo, utilizando toda la materia orgánica para producir compost, humus de lombriz, y aplicar medidas dirigidas a contrarrestar la erosión.

«Me intereso por esta agricultura de conservación, ya hago mis primeros trabajos en el 2001, con abonos verdes en el cultivo del tomate, el girasol, y a partir de ahí he estado muy vinculada a la calidad del suelo, en la búsqueda de aquellos indicadores que le dicen  al productor si puede establecer un cultivo».

En tanto tiempo dedicado al campo, ¿cómo asume otros roles?

«Tengo dos hijas y una nieta; mis niñas son buenas hijas, estudian, trabajan, y mi nieta es muy inteligente, disciplinada, tiene ocho años está en tercer grado, y me hace muy feliz.

«Mi vida está muy bien organizada, y por eso creo que puedo dedicarle mucho tiempo a la investigación, al trabajo, sobre todo porque me gusta mucho trabajar con los estudiantes, por eso creo que siempre me siento joven, me gusta mucho compartir con ellos, estimularlos a que amen la Agronomía y al suelo.

«He logrado en parte este sueño porque tenemos una necesidad hoy en día de que todos los estudiantes, los ciudadanos, todo el mundo, ame el suelo, lo  conserve dondequiera,  en cada pedacito; es un recurso no renovable  y nuestra alimentación y nuestra vida está en él, y está muriendo poco a poco, tenemos que tener conocimientos y conciencia.

«Mi hija menor estudia ingeniería  Industrial, y a cada rato me dice mamita cuanto me hubiese gustado estudiar Agronomía me parece que me hubiera sentido más complacida; está todo el día conmigo, oyéndome hablar de los problemas, va conmigo a los talleres con los productores, trabaja en el proyecto, por la enseñanza que viene recogiendo de nosotros».

¿Cuál ha sido el momento de mayor desvelo?

«Recientemente defendí el doctorado, fueron cuatro años fuertes, no descuidé mi trabajo ni por un día, nunca fui liberada para esa tarea, dando clases, asumiendo todas las responsabilidades como profesora, y para hacer una tesis la familia a veces se descuida.

«Aunque mis padres me apoyaban en lugar de yo apoyarlos a ellos, y mi hermana, toda mi familia, mis compañeros de la Facultad, a quienes les agradeceré siempre; lo mismo un profesor se ponía conmigo a preparar un suelo, como se iba a una toma de muestra o a sembrar, y pude lograr el resultado de hacerme doctora en ciencias, pero siempre recordaré esos 4 años como los momentos más difíciles de mi vida».

Alguna anécdota que ilustre su influencia en los estudiantes

«En una ocasión veíamos a un productor que regaba las plantas, aquella agua corría por el surco y erosionaba, y se llevaba las partículas tanto minerales como orgánicas, y un estudiante detrás de mí dice ¡ay, eso me parte el alma!.

«Percibí que él sentía dolor por cómo se estaba destruyendo el suelo, y creo que cuando el estudiante pasa al tercer año, en que se integran todas las asignaturas del campo de acción del profesional, ya está enamorado de la carrera, es muy difícil encontrar alguno que no le guste, y eso me satisface mucho».

¿Los sueños?

«Quiero continuar superándome, lo que más deseo es poder desarrollar todos estos conocimientos en mi propia parcela, quiero ser una productora, de una pequeña parcela, no quiero mucho, pero demostrarme a mí misma que puedo hacerlo, alcanzar buenos rendimientos  agrícolas, con toda esta riqueza de productos orgánicos, biofertilizantes; demostrarle a mis vecinos, a los productores que se puede lograr y podemos tener hortalizas todo el año; anhelo mucho ser productora».

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