Las Tunas, Cuba. Jueves 14 de Diciembre de 2017
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El almendrón en Cuba

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El almendrón en CubaArmando Reyes
Prensa Latina

La Habana.- Para los amantes del mundo motorizado, Cuba ofrece una posibilidad casi única y gratuita con la presencia de modelos de automóviles fabricados en los años 60, 50, 40, 30 y hasta del 20 o antes que ruedan por las calles.

Obligados a improvisar, innovar e inventar por la carencia y la escasez de accesorios adecuados, los dueños consideran a sus artefactos como parte muy importante de sus familias.

Casi todas esas máquinas, en su mayoría provenientes de Estados Unidos, recibieron modificaciones para continuar ofreciendo servicio, en tanto que a partir de 1962, con motivo de una política de no comercio «con el enemigo», el gobierno del país norteamericano cerró toda posibilidad de comprar las refacciones que permitirían a esos antiguos vehículos conservar su estructura original.

Empero, los cubanos han hecho uso de iniciativas e innovaciones para mantener en funciones a sus vehículos e incluso les proporcionen una manera honesta de ganarse la vida.

Y es que la forma más socorrida de transporte en La Habana se sustenta en esos carros, a los cuales la imaginería popular acuñó el nombre de «almendrones» sin que se sepa el origen de esa denominación, porque no guardan semejanza alguna con el fruto del árbol de la almendra.

Por su alto consumo de combustible y sus emisiones tóxicas, los almendrones causan daño al entorno, aunque hay conductores que se esfuerzan por eliminar esas emisiones al dotarlos de dispositivos modernos.

Otro gallo cantaría de abrirse un mercado de piezas que devolvería la juventud a esos dinosaurios de gasolina o diesel.

Las autoridades cubanas organizan concursos mediante los cuales se estimula a quienes mayores esfuerzos materializaron por tal de minimizar la agresión a la naturaleza.

Así, cada año se efectúa un rally que recorre las principales avenidas de La Habana y se premia a los dueños que conservan en mejor estado y con sus piezas originales, a los vehículos.

Sin embargo, la mayor exhibición de esos automóviles se aprecia en el diario cuando la necesidad de llegar temprano al trabajo o realizar una gestión de cualquier tipo lo obliga a tomar uno o más de esos carros.

En los últimos tiempos se ve a turistas que disfrutan de paseos especializados en un almendrón. En estos casos, el visitante se monta en una verdadera joya automovilística que al verla parece sacada ayer de la fábrica, pues la pintura reluce, las gomas, igual, mientras el sonido del motor es casi imperceptible.

Con ese tipo de vehículo solo emulan los exhibidos en los museos de La Habana y de Santiago de Cuba, en la parte oriental. En ambos sitios, se exhiben carros que pertenecieron a figuras notorias del arte, la política u otros sectores.

En el santiaguero destaca entre los mejor conservados el Cadillac, serie 62, fabricado en 1958, que perteneció a Benny Moré, el bien llamado «Bárbaro del Ritmo», que asombra por su buen estado técnico y físico, y el Ford Thunderbird, de 1956, que condujo la vedette de Cuba, Rosita Fornés.

Otras atracciones se derivan de réplicas de carros que utilizaron figuras como Vladimir Ilich Lenin; el Mercedes Benz, de 1938, por el que se apasionó el emperador japonés Hirohito, u otro de la misma fábrica, construido en 1941, propiedad del alemán Adolf Hitler, y además el Packard, de 1939, cuyo dueño fue el soviético José Stalin, o el Ford modelo T, de 1912, del único genio del cine, el británico Charles Chaplin, quien lo usó en varios de sus filmes.

En el habanero, situado en la parte más antigua de la urbe y bajo la conducción de la Oficina del Historiador, la muestra incluye 30 coches de paseo, uno de ellos, el Cadillac que condujo el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara durante su permanencia en la capital cubana.

También incluye dos camiones, un carro fúnebre, un vehículo especial militar, siete motocicletas, un semáforo, tres bombas de combustible y dos imitaciones didácticas en las que los visitantes se podrán montar para conducir, de manera «virtual», por toda la Habana.

El vehículo más antiguo de la colección data de 1905 y el más moderno, de 1989. La mayoría de ellos son de América del Norte, aunque algunos proceden de Italia, España, Alemania y Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Esa colección resulta notable porque abarca piezas valiosas con motivo de su importancia tecnológica (Cadillac V16 1930); histórica: el Ford T, de 1918, o peculiaridad: el Baby Lincoln, de 1930.

/ymp/

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