Vicente García vive en la identidad del tunero

Las Tunas.- Personalidad imprescindible de las guerras de independencia contra España, la historiografía no ha sido consecuente con el Mayor General Vicente García González, al darle mayor peso a sus supuestos errores que a su entrega incondicional a la lucha libertaria.

En el empeño por elevar a su merecido lugar en la historia destaca el libro «Miedo a Vicente García». Sobre el acierto de dedicar esta segunda edición al aniversario 183 del natalicio del estratega más importante de Las Tunas, Tiempo21 conversó con el autor, también poeta, investigador, ensayista y Presidente de la Unión de Escritores y Artistas del territorio, UNEAC, Carlos Tamayo Rodríguez.

«Se publica Miedo a Vicente García, 30 años después de su primera edición en 1986. Creo que es un momento oportuno en el que tenemos que reafirmar los conceptos de patria, de soberanía y de independencia. Conceptos que en la Cuba de hoy son fundamentales. Hay que leer la Protesta de Baraguá, porque Vicente García siempre fue un hombre de Baraguá. Solo aquellos anti-vicentistas lo consideraron un hombre del Zanjón. Totalmente incierto. El día de la protesta de Baraguá, que José Martí definió – de lo más glorioso de la historia de Cuba-, Vicente García estaba muy cerca de allí. Porque él fue en términos actuales, un coordinador de la Protesta. Se había entrevistado dos veces ya con Martínez Campos, y le había dicho a Antonio Maceo cual era la propuesta y que era inaceptable. De manera que la gloria debe ser compartida entre todos los que se opusieron al Zanjón».

¿Qué responsabilidad considera que tienen los tuneros en el rescate de la figura de Vicente García?

«Considero que los tuneros tenemos una gran deuda con el hombre que nos ha dado la identidad de patriotas. Yo vivo orgulloso de ser tunero y de la labor de Vicente García en pro de la Patria. Fue de los primeros que conspiró contra España, desde San Miguel de Rompe, donde acordaron iniciar la guerra el 14 de octubre de 1868. Por tanto, Vicente estuvo más de diez años cabalgando y luchando contra el Ejército español. Lamentablemente no tiene una estatua ecuestre como tienen otros generales, que también, igual que él dedicaron su vida a la lucha por la independencia. Es una responsabilidad, en primer lugar de los tuneros, pero también de todos los cubanos, que debemos de honrar a todo aquel que sacrificó su vida por la independencia de nuestro país».

¿A que atribuye la inercia que existe para reconocer el valor de la figura de Vicente García?

«Ningún hombre es perfecto. Y los grandes hombres cometen grandes errores. Todos de alguna manera contribuyeron a la que la guerra no terminara felizmente. Ningún hombre es tan importante, para decir que la culpa de ese llevó al fracaso. De manera que Vicente no puede ser la oveja negra de la historia. El imaginario de un pueblo es muy fuerte. Después que te dicen que este hombre era sedicioso, indisciplinado, regionalista, eso se trasmite de generación en generación, y aunque hay documentos que prueben lo contrario, la gente sigue diciendo, sigue comentando, sigue repitiendo. Es muy difícil cambiar el pensamiento. Queda pendiente que la gente se actualice, que lea e investigue».

¿Ha cambiado la visión sobre el general tunero en la historia oficial del país?

«Existe un nuevo enfoque en los libros historia del Ministerio de Educación, donde se ya se está reconociendo el papel de Vicente García, porque en la mayoría se decía solo lo negativo. Sin embargo, las cosas buenas que hizo por la independencia de Cuba son muchísimo más grandes y en cantidad, muchas más que aquellas que en un momento dado se consideraron negativas. Él estuvo por encima de las diferencias con otros dirigentes de la guerra y no claudicó. La guerra en Cuba solo se dio por terminada, cuando deja de luchar contra los españoles. Fue el último en claudicar.

¿Su muerte también es controvertida?

«Si, era un hombre tan peligroso que los españoles dieron una orden para que no pudiera regresar a la Isla. José Martí contaba con él para continuar la guerra, pero el espía Ramón Dávila va a Venezuela, a Rio Chico y cumple el mandato de matarlo. Lo mató en un almuerzo, al echarle vidrio molido, al arroz con quimbombó que tanto le gustaba a Vicente. En los libros dice que murió envenenado. Pero es falso, el vidrio molido no es un veneno, le provoca una peritonitis y el muere en medio de terribles dolores. Pero en ese momento de agonía le dice a sus soldados que tienen que apoyar a Martí y seguir en la lucha, ahí estaba su grandeza».

Carlos Tamayo Rodríguez es poeta y escritor, estudioso de la vida y la obra de El Cucalambé. Graduado de Licenciatura en Letras en la Universidad de Oriente y Máster en Ciencias de la Universidad de Las Tunas.

Entre sus publicaciones destacan «Vuelvo la lira a pulsar», de la Editorial Letras Cubanas, 2010; «Epítome a las Poesías completas de El Cucalambé» 2009 (compilación), «Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, el desaparecido» (Premio Taller de Crítica, Las Tunas, 2003),«Miedo a Vicente García», Las Tunas, 1986, entre otros.

/ymp/

Comente con nosotros en la página de Facebook y síganos   en Twitter y Youtube

 

Artículos relacionados

Detectan indisciplinas y violaciones en municipio de Las Tunas en medio de Tarea Ordenamiento

Miguel Díaz Nápoles

Copextel-Las Tunas, empresa a tener en cuenta en el nuevo escenario económico

Leydiana Leyva Romero

Evalúa Valdés Mesa resultados de la producción de alimentos y la zafra azucarera

Yenima Díaz Velázquez

Escribir Comentario