Historia

Manuel Ascunce, abnegación por el magisterio en Cuba

A Manuel Ascunce Domenech lo vio nacer el 25 de enero de 1945 la localidad de Sagua la Grande,  en la antigua provincia de Las Villas, aunque la familia se radicó después  en la barriada de Luyanó, en La Habana, donde transcurrieron sus estudios primarios.

Como tantos jóvenes, Manuel parecía destinado a escribir temprano una de las páginas gloriosas de la historia de Cuba, con solo 16 años, cuando ya era miembro de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y de las Brigadas Conrado Benítez, protagonistas en la Campaña de Alfabetización.

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Antes de alfabetizar a iletrados de la sierra del Escambray  se incorporó a la defensa de la Patria ante el ataque mercenario de Playa Girón, en abril de 1961, mediante las guardias para proteger su escuela secundaria básica si las circunstancias lo requerían.

Luego, no vaciló en separarse del hogar para marchar a donde fuera necesario. Ante el llamado del máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, solicitó su ingreso a la campaña el 23 de marzo de 1961.

En casa del campesino Pedro Lantigua cumplió su deber revolucionario; ya había enseñado a leer y a escribir a varios campesinos, hasta que la furia de los asesinos cobró sus vidas el 26 de noviembre de 1961, para atemorizar a los que querían ver la luz del saber; sin embargo el joven de rostro imberbe inmortalizó su frase: “Sí, yo soy el maestro”.

Era apenas un niño, como dijo el mismo Fidel, además había sacrificado sus vacaciones, para llegar a las montañas igual que otros cien mil jóvenes, hijos de decenas y decenas de miles de familias, muchos de ellos, la inmensa mayoría, hijos de la clase obrera.

Como honra de quien entregó su vida por la Patria, hoy varias escuelas llevan su nombre, y la creación del Destacamento Manuel Ascunce Domenech constituyó uno de los pasos trascendentales en la historia de la formación docente cubana, pero también se convirtió en una tarea de vanguardia para la juventud cubana, desde 1972.

Este 25 de enero, el joven mártir cumpliría 71 años, con un legado de enseñanza como los muchos que hoy prestigian a la educación cubana.

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