Lecturas

José Martí incentivó a construir un mejor continente

José Martí y Pérez
José Martí, Héroe Nacional de Cuba.

El ensayo Nuestra América, de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, llega a los 125 años de su primera aparición, en La Revista Ilustrada de Nueva York, el primero de enero de 1891 y el 30 de enero del mismo año en El Partido Liberal, de México, y es una obra creada en vísperas de la preparación y fundación del Partido Revolucionario Cubano, que define con entera nitidez, los problemas fundamentales de la América nuestra.

Con vigencia plena es considerado hoy no solo como uno de los textos fundamentales de su ideario, sino también, pieza de particular destaque en la historia de las ideas latinoamericanas, pues significó un vuelco en la manera de entender la región  en aquella época , y un llamado a defender  y   desarrollar bajo nuevas perspectivas la identidad continental.

Martí reconoce que la modernización latinoamericana debe ser llevada desde dentro y fuera. Las repúblicas latinoamericanas han de recuperar al «indio mudo», el «negro oteado» y «al campesino creador», marginados por la experiencia colonial antes y después de la independencia. Ese propósito renovador aún sorprende a quienes leen sus juicios, y los incita a continuar por los caminos para transformar estas realidades de manera conjunta.

La clave del enigma latinoamericano no radicaba en la incapacidad racial, cultural o histórica de esos países para dejar atrás el modo de existencia marcada por el colonialismo, sino en la repetida y errada decisión de asumir acríticamente las formas de organización política y social provenientes de Europa occidental y Estados Unidos.

En solo once extensos y enjundiosos párrafos, Martí entregó un abarcador análisis acerca de la problemática continental y ofreció las perspectivas para sus soluciones, bajo los principios básicos de la búsqueda y evaluación de la autoctonía de estos pueblos, y la toma de partido por las clases populares, calificadas por Martí como el hombre natural.

Nuestra América devela las verdaderas causales de la situación que había caracterizado a la región tras los procesos que condujeron a las independencias políticas; el cubano sostiene la tesis de la falsedad de culpar a la barbarie atribuida a los pueblos de América como razón de los sistemáticos desequilibrios republicanos, sino que la verdadera causal se halla en la imposición de esos modelos no surgidos de ellos mismos.

«No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza»; una conclusión a la que llega luego de describir ese permanente desajuste entre los moldes y la sociedad que se pretendía ajustar a ellos: el libro importado ha sido vencido por el hombre natural; este hombre natural ha vencido al letrado artificial; el mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico.

La reiteración del verbo vencer indica que para Martí tales modelos no pudieron anclar en la hondura social de la región, y que las fuerzas populares eran las portadoras de la autoctonía. Por ello, dedica buena parte de su análisis a fundamentar la necesidad de que la educación y el gobierno partan de esa autoctonía, y no de lo aprendido desde otras latitudes.

En clara demostración de su comprensión dialéctica de la relación entre la tradición y la modernidad, entre lo propio y lo ajeno, Martí no pretende una vuelta al pasado, no propugna un encerramiento que se muestra ajeno a la marcha del mundo, como criticaba al principio del ensayo al referirse al aldeano vanidoso, sino que entrega su punto de vista en magistral síntesis: «Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas».

Para él, de no avanzarse por tales caminos, nuestra América vería afectada su propia existencia soberana y vería aún más seriamente erosionada su propia identidad.

Atento al mundo de su época, pensador y político sagaz y previsor, Martí señala claramente en su texto el peligro inminente de que la emergencia de Estados Unidos como potencia con intereses continentales y mundiales, aprovechase las debilidades de nuestras repúblicas, motivadas por ese desajuste entre los modelos importados y las realidades sociales, para imponer su hegemonía. En sus palabras: el tigre de afuera se metía por el tigre de adentro.

Por tales elementos, Nuestra América es, de principio a fin, un dramático llamado a la unidad continental, a la acción unitaria de nuestra América frente a esos peligros actuantes y del futuro inmediato, lo cual fundamenta sin duda alguna la consideración de este texto como aporte imprescindible para entender cabalmente el sentido revolucionario del proyecto martiano.

Señaló la importancia de conocer la historia y vida de las primeras culturas indígenas, por lo que esto también aplicaría en conocer las más diversas formas de civilización que existieron antes de la llegada de los españoles.

Martí incentivó a construir un mejor continente, partiendo de nuestras raíces ancestrales, con altura mental y en solidaridad con los demás continentes, de ahí la trascendencia universal del ensayo Nuestra América.

La magna obra del pensador sacudió la conciencia de nuestra América para intentar la marcha unida, “en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. El despertar de la izquierda latinoamerica mantiene la vigencia de este ideario, pero el presente convoca a más conciencia frente a gobernantes entreguistas que buscan poder político a cualquier costo, incluido el de comprometer la soberanía e integridad, los logros sociales y poner recursos propios a disposición de potencias foráneas.

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