Las Tunas, Cuba. Sábado 23 de Septiembre de 2017
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Celia Sánchez, más allá de la muerte

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Es injusta la muerte, sobre todo cuando nos arrebata a personas que se hacen respetar y querer, y sienten el dolor ajeno como propio y se clavan en la memoria del pueblo porque lo han dado todo por él.

Así la desaparición física de Celia Sánchez -no digo muerte porque ella vive en el corazón de los cubanos- nos dejó un vacío que solo pueden llenar el recuerdo de sus acciones y las obras en las cuales puso todo su amor.

Hoy no bastan las biografías, artículos o crónicas dedicadas a la Heroína, para recoger su impronta, sobre todo a partir de su entrega a la causa de la revolución que organizó y lideró Fidel Castro, el joven  en quien confió desde el inicio.

Cómo resumir su vida, hablar de la fiel compañera de Fidel en la Sierra y en el llano, de la eficaz organizadora, de la mujer que lo mismo cocinaba, decoraba un apartamento, que se ocupaba de atender a los humildes, trabajadores, campesinos, hijos de los revolucionarios caídos en combate o de soldados de la tiranía -así de grande era su corazón, donde cabía la justicia y una bondad infinita- sin omitir detalles que la engrandecen a pesar de los años y su ausencia.

Y esa capacidad de crear recuerdos imperecederos data de su juventud, allá en Manzanillo, donde la influencia de su progenitor contribuyó a formar en ella los más puros valores. Fue junto a él que vindicó al Apóstol en el año de su centenario, al colocar en la cresta del pico Turquino el busto de José Martí.

Pero su mejor y más grande obra fue la Revolución que ayudó a construir desde los cimientos: la lucha clandestina y guerrillera. Con su proverbial sencillez y sensibilidad y tras los nombres de Norma, Aly, Carmen, Liliana o Caridad organizaba y dirigía a la vez que crecía como revolucionaria y persona.

El triunfo de enero del 59 no disminuyó su accionar, por el contrario, entonces se multiplicó para apoyar y controlar cada nueva obra gestada por Fidel.

Así, la adivinamos delgada y fuerte, dulce y enérgica, en las edificaciones que sugería a los arquitectos e ingenieros para beneficio del pueblo. Ahí están para confirmarlo el Parque Lenin, la Casa de los Cosmonautas o el Palacio de las Convenciones.

También recopiló una detallada documentación de la lucha revolucionaria para que no se perdiera un detalle, un hecho siquiera de la historia de la Revolución Cubana.

En medio de su constante bregar tenía tiempo para atender a quienes le pedían ayuda y apoyo para resolver sus problemas, ¡y nadie se quedó sin respuesta ni se sintió defraudado por ella!

Enemiga de las entrevistas y los reconocimientos inútiles, solo quería trabajar y ser útil a los que amaba: la Revolución, Fidel, y su pueblo. Esta valerosa mujer no tuvo miedo a la muerte, ni en las montañas del oriente cubano, ni en la vida cotidiana; pero, la muerte nos la arrebató cuando aún no había cumplido los 60 años, el 11 de enero de 1980.

El nombre de Celia siempre está presente cuando se habla de la Revolución, de Fidel, de estos años de construcción de un mundo mejor para nuestro pueblo…, y ahí anda ella, junto a los trabajadores y campesinos, con su mariposa en el pelo y una dulce sonrisa, mostrando el camino.

/ymp/

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Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

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