Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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Y llegó la luz

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(Tiempo21/Fotos Angeluis)

(Tiempo21/Fotos Angeluis)

Molinet es una apacible comunidad del municipio de Puerto Padre, en la oriental provincia de Las Tunas, donde la vida transcurría llena de tropiezos en los hogares, y las noches daban paso a la penumbra del farol ante la pobre luz que emanaban de las tendederas eléctricas. Así, los más de 550 habitantes soñaban con las ollas arroceras, las multipropósito reinas, las lavadoras, los refrigeradores y televisores, con la esperanza de que la electricidad diera paso a una vida mejor.

Rosa María Pena, disfruta de los beneficios de la cocina.

Rosa María Pena, disfruta de los beneficios de la cocina.

La delegada de una de las dos circunscripciones de la comunidad, Rosa María Pena, expresa la alegría de los habitantes con la electrificación inaugurada el pasado 20 de julio. «Son muchos los beneficios que tenemos. Antes vivíamos a oscuras, y ahora gozamos de una electrificación muy buena, con muchos beneficios para la mujer, a la hora de la cocina, con el refrigerador y el televisor para los niños, y la comunidad eternamente agradecida por esta obra de la Revolución».

Santos Guevara

Santos Guevara

Por el camino principal de la comunidad vienen conversando dos de los habitantes de Molinet: Santos Guevara Martínez y Jorge Mora González. Santos, con un sombrero de yarey de grandes alas va hacia la tienda de víveres y se detiene ante los visitantes que le piden su opinión sobre el acontecimiento que no para de hablarse de él desde hace ya varios meses. Sonríe y su bigote arreglado se estira encima de su boca. Mira a un lado y otro y al fin detiene la vista frente a los periodistas. «Yo lo que digo es que mejoramos bastante y nos sentimos bien- y se detiene como un resorte, porque es hombre de pocas palabras y de machete y azadón, según dice-. Lo que sí le puedo decir es que antes los equipos se fastidiaban mucho por la mala calidad de la corriente de las tendederas que subía y bajaba como el diablo. Y era hasta un peligro porque un cable de esos podía matar a un niño o a cualquiera de nosotros».

Jorge Mora

Jorge Mora

Jorge Mora González ha estado atento a cada palabra de Santos. Es un hombre curtido por el campo, y sus 62 años muestran la dureza de la vida en el surco, siempre buscando el sustento para la alimentación de la familia y la comunidad. Hay picardía en su rostro, y hasta jaranea con los periodistas que le buscan la lengua ante su mirada escudriñadora, de mundo. «¿Qué quieren que les diga? –dice y se ríe-. Aquí la vida era mala, o qué mala, malísima, porque prácticamente vivíamos a oscuras. Hoy hay grandes ventajas porque la corriente es buena, nos sentimos bien, podemos cocinar, ver la televisión, ¿qué más?».

Arlet Martínez Rodríguez ahora puede estudiar con su laptop.

Arlet Martínez Rodríguez ahora puede estudiar con su laptop.

En una casa de patio ampio, de portal y jardín, se interrumpe el estudio de Arlet Martínez Rodríguez, estudiante universitaria que trata de resolver una tarea de la escuela frente a su computadora portátil, mientras que el televisor, conectado a un DVD deja escuchar una canción romántica. – Pasen y siéntense –dice y baja el volumen al equipo, cuya música según ella la ayuda en el estudio. «¿La electrificación? Es la vida misma. Antes yo venía de la Universidad y no podía estudiar con la laptop por el bajo voltaje y por las noches las lámparas eran intermitentes y se apagaban. En la cocina las ollas ni se podían conectar. Prácticamente no se podía hacer nada, pero ahora todo ha cambiado porque se puede hacer de todo».

En la escuela primaria la satisfacción embarga a los niños y a los maestros. Las clases de computación se desarrollan de manera excelente, mientras que los televisores constituyen un elemento importante en la base material de estudio. Los niños desde prescolar a sexto grado están en plena docencia, y una de las maestras, Eomary Pacheco Roque, enseña el centro, mientras cuenta su experiencia después de la electrificación.

Eomary Pacheco Roque

Eomary Pacheco Roque

«La electrificación fue una preocupación de años por parte de los habitantes de aquí, siempre luchando y con mucha paciencia porque sabemos las limitaciones materiales que enfrentamos y que la corriente eléctrica depende de un programa. «Pero al fin llegó aquí, y le damos gracias a la Revolución cubana porque esto algo muy importante para nuestra comunidad cuyos vecinos están plenamente felices al igual que yo.

«Para la escuela es como de la noche al día. Nosotros teníamos paneles solares para la electricidad del centro y cumplir con los programas televisivos, pero nunca es igual, y las tendederas que teníamos daban una corriente de muy mala calidad, había cortos circuitos y el voltaje era demasiado bajo».

El consultorio del médico y la enfermera de la familia se erige majestuoso como uno de los lugares más emblemáticos de Molinet. Manuel Alejandro Pérez es residente de segundo año de Medicina General Integral, y atiende a todos los habitantes del asentamiento.

-Enseguida los atiendo –dice mientras receta un medicamento a uno de los pacientes. Es un joven alto y delgado, con barba a lo medieval y su bata blanca y pulcra.

«Todo ha sido beneficio con la electrificación. Antes con las tendederas, había mucho peligro de accidentes con los niños, por ejemplo, lo cual ya no es un problema. Ha mejorado la calidad de vida de la población en todos los sentidos; las mujeres se sienten satisfechas con la cocción de alimentos y la calidad de la electricidad dentro de las viviendas. Ya se acabaron los apagones, y nosotros en el consultorio tenemos muchas ventajas».

Hoy Molinet muestra su mejor sonrisa porque todas sus viviendas están conectadas al Sistema Electroenergético Nacional. Y en la escuela, el consultorio del médico de la familia, la tienda de víveres, el círculo social, la estación de bombeo, la cooperativa de créditos y servicios y la Unidad Básica de Producción Cooperativa, no se habla de otra tema.

Como Molinet, las demás comunidades rurales de Las Tunas marchan hacia la espiritualidad plena de sus habitantes, aun cuando vivan en los lugares más recónditos, porque la luz eléctrica llega para apagar el farol que por años ha sido el eterno compañero de las noches campesinas.

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Sobre Miguel Díaz Nápoles

Periodista, fotorreportero, realizador de radio y vídeo, profesor universitario. Master en Ciencias de la Comunicación. Su pasión profesional va de las imágenes a la palabra hablada y escrita. Cuando nadie lo ve escribe versos para luego regalarlos envueltos en flores. Vivió en África tras la huella de los médicos cubanos por los pobres de este mundo y trabajó por más de un año como editor de contenido en TeleSur, su mejor escuela, su mejor historia. Se hizo periodista para ayudar a empujar a su país y a multiplicar las voces de lo desposeídos. Siente orgullo por vivir en un país libre y haber ayudado a la causa de la Revolución bolivariana. Para él, Tiempo21 es otra de las grandes historias de su vida, de sus grandes pasiones. Ama a sus hijos y a su familia, su gran sustento, su gran verdad. dnapoles@enet.cu Blog: http://migueldnet.blogspot.com/

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